La planeación estratégica en las universidades – Alejandro Cheyne: Dic/21

En su columna del diario El Tiempo, titulada “Buen viento y buena mar en el liderazgo educativo”, el rector de la U. del Rosario, José Alejandro Cheyne García, compara la dirección de las universidades con la de un velero.

Navegar un velero es una de las experiencias más enriquecedoras para desarrollar competencias en un escenario tan cambiante y lleno de incertidumbre como el que enfrentan los líderes actuales.

En mi caso, desde muy joven disfrutaba navegar mientras aprendía lecciones de mi padre que, sin duda, hoy forman parte de mi proyecto de vida dedicado a la educación superior. Con la navegación comprendí cómo la fuerza del viento y la estrategia permiten navegar aun en los tiempos más complejos. El verdadero liderazgo en una institución de educación superior requiere de conocimientos y de una convergencia de experiencias previas, actitudes, aptitudes y valores propios de un educador. Este liderazgo es una vocación y una profesión cada vez más especializada que no puede ser entregada a quien no comprende integralmente la educación superior, no debe ser utilizado como un medio para satisfacer deseos personales ni estar ligado a intereses políticos, pues en la educación, navegar pensando en el bien común es el único camino.

Definir el rumbo de un velero es una tarea muy compleja. Las universidades lo hacemos a través de un ejercicio de planeación estratégica, el cual debe contar con la participación de todos los actores (profesores, colaboradores, egresados, aliados estratégicos y los estudiantes como protagonistas del viaje). El tiempo disponible para navegar representa una restricción en la planeación y se debe tener en cuenta para definir el camino idóneo hacia la meta. De igual forma sucede en el escenario educativo: ejercicios de prospectiva en universidades superiores a ocho años son prácticamente imposibles ante los cambios acelerados en la educación superior en el mundo. Por esta razón es muy importante focalizar esfuerzos y definir las variables estratégicas para lograr un impacto.

El viento no siempre viene de la misma dirección, lo cual hace necesarios ajustes en la estrategia del navegante. En un velero se puede identificar desde dónde sopla el viento, gracias al movimiento de las banderas, la forma de las olas sobre el agua y la experiencia del navegante, quien sintiendo el viento en el rostro puede definir los ajustes necesarios para mantener la trayectoria. Ahora bien, en el entorno educativo no es tan diferente el proceso. Escuchar a los estudiantes, valorar tendencias en educación superior, conocer las mejores prácticas nacionales e internacionales y tener el compromiso por construir un mejor país son pilares fundamentales para maximizar la fuerza del viento sobre las velas de la educación universitaria. De esta manera se identifica hacia dónde soplan las tendencias pedagógicas y las necesidades de los jóvenes, para determinar si se está yendo en la dirección correcta o si es necesario hacer ajustes en la ruta. Un buen liderazgo permitirá lograr los objetivos planeados e incluso superar expectativas.

Actualmente, la educación superior enfrenta vientos complejos y riesgos que pueden hacer voltear el velero si no nos adaptamos a los cambios repentinos. Nos enfrentamos a deslizamientos imprevistos en cubierta, a fallos en el estado del velero e, incluso, a tormentas como la del covid-19. Todos estos factores, que pueden retrasar las metas previstas, podrían considerarse ‘fracasos’ temporales. Sin embargo, en el liderazgo educativo tomamos esos NO como una Nueva Oportunidad para continuar con nuestra misión de formar proyectos de vida al servicio del país, logrando avances por medio de la herramienta más poderosa de todas: la educación.

Buen viento y buena mar para los estudiantes, profesores, colaboradores, egresados, líderes y aliados estratégicos de la educación superior.

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