¿La preocupación de Pablo Navas es por los pilos o por los ingresos de Uniandes?


Abril 15/19 El saliente rector de Uniandes, Pablo Navas escribió una polémica columna en El Tiempo, en la que critica el fin de Ser Pilo Paga y el rechazo que, según él, da el país a los nuevos pilos.

Navas, quien ha salido a explicar que su escrito no constituye una crítica al gobierno Duque (que eliminó el programa) ni una defensa al de Santos (que promovió el mismo), y que su interés es sólo educativo y social, luego de ver los imapctos positivos que pudo ejercer su Universidad al transformar la vida de cientos de pilos que la escogieron para estudiar, señala que Ser Pilo Paga supera las criticas de quienes hablaban que el programa era inequitativo, costoso o que favorecía a las IES privadas.

En otros medios, Navas ha argumentado que la inversión que el Estado ha hecho en el mismo, para el caso de Uniandes, es una forma de compensar el esfuerzo hecho por esa IES para ofrecer educación de alta calidad.

En ningún lado, Navas refiere el costo económico del programa y la posiblidad de que, con los mismos recursos invertidos en Ser Pilo Paga, el Estado podría apoyar muchos más pilos con otras condiciones.

Denuncia que, según él, de los 10 mil bachilleres pilos que, al año, se beneficiaban con Ser Pilo Paga, en 2019 la cifra se bajó a 2.700. Habría que esperar las cifras consolidadas del Ministerio (ver informe parcial), que ofreció, a través del programa Generación E en su componente de Excelencia, sólo 4 mil cupos, aunque también debe decirse que el Gobierno también se ha comprometido con 80 mil cupos anuales a través del componente de Equidad, que también constituye educación de calidad en IES públicas y que es totalmente financiada para el estudiante.

Pablo Navas, quien en las próximas semanas dejará la Rectoría de Uniandes, pasará a la historia como el rector del Programa Ser Pilo Paga. En su administración se creó el programa (a través de los profesores de ingeniería industrial Roberto Zarama y Juan Felipe Penagos), quienes lo “vendieron” al Gobierno, a la entonces ministra Gina Parody, fue la Universidad que más dinero recibió de parte de transferencias del Estado al respecto, varios economistas salidos de esa Universidad lo calificaron, en 2015, como la mejor apuesta de política pública, e inclusive fue la Universidad que, a través del DNP, evaluó el programa y señaló todos los efectos positivos del mismo.

No obstante todo el efecto mediático positivo que tuvo entre 2015 y 2016, la emoción por sus resultados bajó y pasó a convertirse en crítica, cuando analistas del sector y rectores de las universidades públicas denunciaron cómo recursos que, por reforma tributaria de 2016, deberían ir a éstas fueron desviados para que el Estado pagara Ser Pilo Paga.

En el fondo, la crítica de Navas puede interpretarse como una forma de protestar por el enorme impacto negativo que traerá sobre las finanzas de Uniandes los ingresos que dejará de percibir con el fin del programa, pues de haberse continuado la tendencia de Ser Pilo Paga, si 2019 se comportara como los años anteriores del Programa, la Universidad podría proyectar, por cohorte, cerca de 100 mil millones de pesos adicionales, que contribuirían fuertemente con el sostenimiento de la nómina académica y las proyecciones de inversión de esa IES. Ya no tendrá esos ingresos asegurados.

Navas no habla de cifras. Sólo de preocupación social por estos estudiantes, aunque la Universidad quedó en deuda para explicar, con los mismos argumentos de sensibilidad social, por qué rechazó a comienzos de este año los estudiantes beneficiarios de Generación E (por los que el Gobierno no pagaría el 100 % del valor de la matrícula) para el programa de Medicina y prefirió darle el cupo a particulares que sí pagarían ese 100 %.

El siguiente es el texto del escrito de Navas, titulado: “Más de 7.000 damnificados… por ahora”

Al principio de este año ocurrió una verdadera tragedia que, por su naturaleza, pasó desapercibida para el país y la opinión pública, aunque no para los damnificados. A más de 7.000 mentes brillantes, de todos los rincones de nuestra geografía y de circunstancias vulnerables, se les dijo que para su generación no había oportunidad. Que, en aras de atender otros intereses, se olvidaran para siempre de tener acceso a una educación superior de calidad. Intuyo que ni siquiera les hemos pedido excusas.

De los 10.000 estudiantes que recibía el sistema de educación superior al año a través del programa Ser Pilo Paga, se recibieron este año solamente 2.700 en el programa sustituto, denominado Generación E. Se les cerraron las puertas a 7.300 niños y niñas talentosos, quienes, gracias a su esfuerzo y al apoyo de sus padres y sus colegios, habían demostrado con su voluntad y persistencia, expresadas contundentemente en los resultados de las pruebas Saber 11, que eran merecedores de entrar a una universidad de calidad.

Una de las características de Ser Pilo Paga es que permitió a los más pilos del país utilizar la capacidad instalada existente en las universidades acreditadas, tanto públicas como privadas. Hoy, las muy buenas universidades públicas se ven obligadas a rechazar un alto porcentaje de los aspirantes. La Universidad Nacional, por ejemplo, recibe 6.000 estudiantes de 85.000 solicitudes. Es decir, les dice No a 79.000 jóvenes, lo que es otra tragedia en sí misma. Ser Pilo Paga había ayudado a aliviar esta situación solo en parte, pero con resultados muy favorables. La Universidad de los Andes, por ejemplo, recibió gran parte de estos alumnos rechazados. Este año, como resultado de la huelga estudiantil del año pasado, las universidades públicas se vieron abocadas a ofrecer tanto el semestre perdido de 2018 como el primer semestre de la cohorte de 2019, por lo que no pudieron recibir a estos estudiantes. Se sacrificó el futuro de estos muchachos por atender un problema coyuntural que no fue provocado por ellos.

Esta tragedia se hizo evidente al ver los resultados de los estudiantes de Ser Pilo Paga que empezaron a graduarse este año. Las expectativas del programa se volvieron realidades, así como los sueños de los graduandos: en el caso de la Universidad de los Andes, por ejemplo, se graduaron 80 pilos con resultados admirables, logrando que el porcentaje de los que terminaron a tiempo fuera el doble que el promedio de la universidad, y de los ocho estudiantes que recibieron el grado summa cum laude, uno fue de Ser Pilo Paga. Fue aún más evidente –emocionante y conmovedor– cuando los vimos desfilar –orgullosos, satisfechos y agradecidos– en las ceremonias de grado de la semana pasada delante de sus familias, igualmente orgullosas y agradecidas.

Es imperioso que como país enfrentemos y detengamos esta tragedia. Conscientes de las entendibles dificultades políticas y económicas que existen, tenemos que unirnos para enfrentar esta dolorosa realidad y tratar de encontrar una solución que tenga en cuenta lo que significa rechazar a estos 7.000 jóvenes brillantes y frustrar sus merecidas aspiraciones. Si pudiéramos mirar a los ojos a cada uno estos jóvenes, y verlos como individuos –con su potencial, sus sueños y sus esperanzas– y no como una simple estadística, la situación se volvería aún más angustiosa y desgarradora. Lo único imperdonable sería que esta tragedia siga pasando desapercibida y no hagamos un esfuerzo por solucionarla. Es una verdadera catástrofe para el futuro del país.

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