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La triste ausencia de debate sobre nuestra educación superior

Por Carlos Lopera. Director de El Observatorio

Pasan los meses y el silencio del Ministerio, de los rectores y de los congresistas y, por ende, de los medios de comunicación, que no entienden el tema, pareciera avalar el estatus de nuestra educación superior; es decir, para el grueso de la opinión pública pareciera que en Colombia nuestra educación superior está bien, y que los únicos ruidos que produce son una que otra pedrea de universitarios a los que, consideran con su silencio, no debe ponérseles mayor atención.

Pero la verdad es que, efectivamente, en Colombia no pasa nada en materia de educación superior. El Ministerio no genera, no quiere y no es capaz de crear debate académico; a los rectores privados no les interesa una reflexión sobre su aporte real a la calidad del país; los rectores de las universidades públicas sólo miden su gestión en su capacidad de hacer lobby a los ministerios de Hacienda y de Educación y de evitar conflictos internos para asegurar su re-elección; al Estado no le interesa debatir su responsabilidad financiera con la universidad pública, el Congreso se desentiende del tema y cree que la educación superior se restringe a aprobar una que otra estampilla para ayudar las IES que interesan a los feudos de senadores y representantes; las pocas voces en algún momento reconocidas como autorizadas para crear conciencia, se han cansado de no ser escuchadas y se han diluido; mientras que el ICFES (¿alguien se acuerda del ICFES?) se apaga y se apaga, el Viceministerio de Educación Superior, sin discurso ni carácter, trata de dar la cara por una ministra evasiva y a falta de políticas claras juega a las relaciones públicas con los rectores; y Colciencias, el único ente aparentemente serio de esta entramada, sueña con lograr su objetivo, con una tímida Ley, nacida gracias a dolientes como Jaime Restrepo, pero no al resultado de una reflexión real sobre la ciencia en el país.  

Hace pocos días, el representante por Bogotá Juan Manuel Hernández, intentó hacer un debate sobre la violencia y el manejo de recursos en algunas universidades públicas, en el Congreso de la República. Incluso llegó a cuestionar la ausencia de un proyecto de país de nuestra educación superior. Pero su falta de experiencia en el manejo político, a pesar de las pruebas que tenía para comprobar prácticas corruptas en algunas IES públicas, y la ausencia de la Fiscalía, la Procuraduría, la ministra y rectores citados como Carlos Ossa, de la Universidad Distrital, permitió que el debate pasara sin pena ni gloria y, por el contrario, los representantes rectorales, con más experiencia política, aprovecharan el escenario del Capitolio y la televisión para mostrar sus “grandes” aportes al país.  

Si realmente pasara algo en nuestra educación superior la rendición de cuentas a las IES no sería un bonito mensaje de papel, la Ley 30 estuviera revisándose en aspectos como tipología institucional, sistemas de gobierno y gestión universitaria, en su  articulación con la Ley 115, con la educación no formal, y en la re-estructuración del modelo de financiación de la universidad pública, el registro calificado no podría seguir continuando como un saludo a la bandera, la información pública de todas las IES, así como sus matrículas deberían ajustarse a estándares claros y estrictos, la Fiscalía y el Ministerio del Interior estarían umpulsando una agresiva política parar la convivencia en las IES públicas, y la deserción no podría estar mirándose como un asunto marginal sino trascendental, entre otros muchos –muchísimos- aspectos (e-learning, internacionalización, ánimo de lucro, formación doctoral, impedimentos rectorales, rendición de cuentas de egresados de IES públicas, control de programas…). 

El problema es que, tal y como se vislumbra el panorama, esta situación seguirá manteniéndose, por lo menos, hasta agosto de 2.010, si es que no hay re-elección de por medio. Por sus obras los conoceréis, reza el verso Bíblico. La política en materia de educación superior del Gobierno Uribe Vélez ya se conoce. Ojalá que, con seriedad, los próximos candidatos presidenciales, entiendan que su discurso sobre el tema debe ir más allá de costos de matrícula y cobertura.

 

 

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