La U. de Medellín: ¡Qué guayabo!: Editorial El Colombiano

Feb/24 A propósito de lo que ha sucedido con los cambios rectorales en la U. de Medellín, el diario antioqueño dice que “no es muy alentador que esté en manos, o por lo menos estén moviendo los hilos del poder, quienes la pusieron a funcionar, en su momento, como un directorio político”.

Lo ocurrido en la Universidad de Medellín mortifica –o debiera mortificar– en grado sumo a la ciudad. La resaca que se siente es parecida a cuando la Selección Colombia de fútbol viene haciendo bien la tarea en algún campeonato y de pronto en un partido da una voltereta inesperada y queda eliminada. El estadio queda sumido en el más ruidoso silencio y la sensación de impotencia da tajada.

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Así más o menos ocurrió en este caso: la Universidad de Medellín venía adelantando un interesante proceso de mejoramiento, que alimentó la esperanza de que este centro de educación superior, patrimonio de la ciudad, iba a sacudirse de una vez por todas de la hegemonía de un grupo en el que por más de 20 años pareció primar el criterio político (por no decir, politiquero), por encima del interés en la excelencia académica.

Pero la esperanza no duró mayor cosa. Los mismos que durante más de dos décadas se mantuvieron atornillados en el poder de la Universidad cómo si fuera propiedad de ellos –cuando en realidad les pertenece a más de 40.000 egresados–, los mismos que habían tenido que hacer una pausa obligada en 2020 porque los pillaron cometiendo graves pilatunas, ahora regresaron e hicieron todo tipo de maniobras para tomarse la Universidad de vuelta.

La rectoría de la Medellín se convirtió en una especie de joya de la corona. El pulso hasta los primeros días de enero estaba muy empatado, tres votos a favor de dejar al rector Federico Restrepo –que estaba en el cargo desde 2020– y tres votos a favor del grupo político de Néstor Hincapié y Aura Marleny Arcila, que la “gobernó” entre 2000 y 2020.

El grupo de Hincapié tenía claro la meta de recuperar el poder de la Universidad e hizo una apuesta alta: le ofreció a uno de los consiliarios que estaba del lado de Restrepo la rectoría, el 3-3 se convirtió en 4-2 y así se desempató la batalla.

El Colombiano había advertido en noviembre pasado el temor que rondaba en esta alma mater por las movidas que estaban haciendo para la retoma. Pero la Universidad no tuvo tiempo de reaccionar: tanto la convocatoria de la Asamblea como la votación para elegir rector, estratégicamente se hicieron mientras los estudiantes estaban en vacaciones.

Porque hay que recordar que el rector Néstor Hincapié tuvo que dar un paso al costado precisamente por los estudiantes y los egresados que prácticamente lo obligaron a hacerlo a finales de 2019, cuando se destapó el escándalo del fraude del título que le dio a Julián Bedoya y por el cual el Ministerio de Educación le aplicó operación tortuga a la ratificación de la acreditación de alta calidad para la Universidad de Medellín.

Así las cosas la lamentable realidad es que el grupo de Hincapié está de regreso y esta semana volvió a tomar las riendas de este importante centro educativo. La Universidad, en manos de Restrepo, se había dado la pelea de denunciar al exrector Hincapié por esta irregularidad. ¿Qué pasará ahora con ese proceso? Es altamente probable que, sin ninguna resistencia, logren ahora engavetar no solo este, sino el del propio Bedoya que recientemente fue sancionado por la Procuraduría. Ojalá nos equivoquemos en este pronóstico y opere la justicia.

Se supone que la universidad, como concepto general, es un lugar sagrado para la creación, el desarrollo académico y el pensamiento. Por eso no es muy alentador que esté en manos, o por lo menos estén moviendo los hilos del poder, quienes la pusieron a funcionar, en su momento, como un directorio político. Una investigación de este diario demostró cómo a los profesores y empleados les exigían un número de votos: contratos a cambio de votos. Y así lograron elegir concejala, diputado, representante a la Cámara y senador.

Una auditoría financiera mostró que durante la época de Hincapié era manejada como una tienda de barrio: pagos en efectivo, hasta de las matrículas, todo un escándalo para una universidad con un patrimonio de 1,8 billones de pesos. Por no hablar de los muchos bienes que están a nombre de Hincapié y de su familia.

Ojalá el Ministerio de Educación tome cartas en el asunto. O tal vez, la mayoría de sus 40.000 egresados, que seguramente quieren lo mejor para su universidad, encuentren una manera de recuperar su alma mater como templo de la investigación, el conocimiento y la formación de las nuevas generaciones. Porque directorios políticos se pueden montar en cualquier otra parte.

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