El Observatorio de la Universidad Colombiana




Las “habilidades” de ciertos investigadores para aumentar su visibilidad, afectando a sus IES

Dic 18/20 En algunas IES se están configurando “carteles” de investigadores que inventan prácticas (tal vez legales, pero no éticas), para ser más visibles y, en algunos casos, recibir más dinero.

El afán de tener mayor visibilidad, subir en los rankings y obtener acreditaciones, ha pervertido la investigación universitaria, con prácticas que el sector conoce, pero calla, y que a veces terminan costando millonarios recursos a las propias IES y afectando la razón de ser de la investigación.

Situaciones como las denunciadas hace unas semanas con profesores de la Universidad de La Costa, y ahora con un grupo de investigación de la Universidad Católica de Colombia, una revista de la Corporación Universitaria Republicana y otras dos revistas de la Universidad de Zulia, en Venezuela, parecen ser la punta de un iceberg que tendría “mojado” a gran parte del sistema de investigación colombiano.

Cada día son más las denuncias y especulaciones en torno de X o Y profesores o grupos de profesores que, en una misma universidad o aliados con los de otras, y con el silencio de sus rectores y vicerrectores (bien por inocencia, por ignorancia o por negligencia), diseñan variadas formas para que sus investigaciones sean fragmentadas en múltiples productos, y sus escritos sean multi-citados en diversos medios, de tal forma que sus indicadores de producción les permita ascender en las diversas mediciones anuales, mejorar el escalafón individual y de grupos y, de paso, el reconocimiento salarial, bien sea por mejora en los contratos o llamativas bonificaciones.

Un investigador senior consultado por El Observatorio, que prefirió no ser mencionado, reconoció la existencia del problema y cuestiona que, en el fondo, de nada nos sirve como país, como sistema de educación superior y sistema de ciencia y tecnología tener más investigadores, grupos y reconocimientos en mejores cuartiles si no se está respondiendo a la esencia de la investigación, que es descubrir y crear conocimiento que contribuya a la mejora de la Humanidad.

El hecho es que hay investigadores que elaboran ciertas tretas para aumentar sus ingresos, vanidad y visibilidad, obtenidos como efecto indirecto, del aumento en el famoso “Indice H”, que consiste en un sistema creado por el norteamericano Jorge Hirsch según el cual el reconocimiento de un investigador se da en función de la cantidad de citas que reciben sus artículos. Mientras más citas, más alto es el índice H, y mientras más alto éste (obtenido gracias a la publicación de las revistas de los cuartiles más altos), mayores reconocimientos, escalafón y, por ende, visibilidad, rankings y recursos.

El silencio del sector y la falta de sanción han sido cómplices y promotores de la estructuración de un modus operandi muy bien elaborado por parte de algunas personas que, como señala un analista del tema consultado por El Observatorio, “encontraron la forma de hackear el sistema y de usarlo a su favor”. Así, el sistema se ha mal acostumbrado a dar puntos por todo (para efecto de categorización, salarios, visibilidad…).

La “industria” investigativa mueve multimillonarios recursos, vía presupuestos de las IES para nómina, inversiones en laboratorios, viáticos, viajes, convocatorias públicas y privadas, donaciones, alianzas, softwares… Y en algunas universidades, son gigantescos los presupuestos destinados a resultados de investigación y bonificaciones para sus profesores.

Incluso hay casos de algunas universidades colombianas tradicionales, con importantes recursos, que pagan entre 15 y 30 millones de pesos a un profesor si logra determinados resultados de investigación. Inclusive, estos académicos se vuelven atractivos para ser “sonsacados” de una IES e irse a laborar a otra, afín de que automáticamente, con su CvLAC (u hoja de vida en el sistema), suban la categorización del nuevo grupo institucional o GrupLacs, al que entraría a hacer parte.

Es tanta la importancia, influencia, volumen e impacto de la investigación, que ahora se requieren “gerentes” de investigación, más que investigadores netos. Ahora se contratan personas especializadas en hacer visibles los resultados, gestionar recursos y posicionar a la institución y a sus grupos.

También se han venido configurando diversas empresas comerciales que asesoran y venden servicios a las IES para ayudarles en las métricas de la investigación, la identificación de tendencias, la ubicación de investigaciones similares, de otros grupos en otras regiones, de búsquedas especializadas….

Estas empresas, como por ejemplo Elsevier (que trabaja una de las bases de datos bibliográfica más grande: Scopus) o Scimago, realizan una actividad académico-comercial, potencian la actividad investigativa de las IES y, al mismo tiempo, con sus análisis han permitido develar algunas de estas prácticas poco éticas. Es tan amplio su campo de acción que ya han dejado de ser propiamente una editorial y se han transformado en empresas de análisis de datos de ciencia, que proporcionan información científica para que las IES tomen decisiones en el área.

Hay IES que no suscriben esos servicios, buscan asesores o sencillamente usan la métrica que proporciona libremente la web, como Google Schoolar, mas ésta no es suficiente para tener datos realmente completos y cruzados que permitan a las universidades orientar sus procesos de investigación. Es decir, se hace imposible analizar millones de artículos existentes en la web, y por ello se “facilita” el descontrol sobre prácticas no aceptadas por el sector.

 

Trucos para mejorar la visibilidad con muy poco

Es tan complejo el sistema, tan cerrado el entorno de los investigadores (en algunas IES son vistos como bichos raros o vacas sagradas a las que nadie se atreve a cuestionar o preguntar por su trabajo) y con tantos intereses de por medio, que son diversas las malas prácticas aparecidas para inflar artificialmente el nombre, la productividad y sus ingresos.

Existen las llamadas “Publicaciones Salami”, o “Chorizo”, para referirse a la estrategia de fragmentar una sola publicación en muchas. Es decir, presentar muchos productos diferentes, pero con el mismo trasfondo, a partir de una sola investigación.

Por ejemplo, en un título inventado para efecto de explicar esta nota, a la investigación “Estudio de los niveles de azúcar en la población de niños de Bogotá entre 2 y 5 años”, los mismos autores luego empiezan, en serie, a realizar publicaciones con el mismo contenido y enfoque pero con niños de 6 a 9 años, o de 10 a 15, o no de Bogotá sino de otra ciudad, y así sucesivamente. De esta forma muestran rápidamente una alta productividad con el menor trabajo, y a cambio de más visibilidad, posicionamiento e ingresos.

Otra de las prácticas cuestionadas, y que viene de mucho tiempo atrás, es la de los “Carruseles de publicación”, y que se resume en la idea de que “yo te cito en mi artículo y tú me citas en el tuyo”. Así, no importan la pertinencia y la calidad del contenido sino el número de citaciones. Esto se ha mal usado mucho en aquellos esquemas de “puntos por todo” de algunos escalafones docentes.

Derivado de lo anterior, se ha apreciado, en una situación extrema pero real, que en algunas revistas terminan citándose autores y referencias que, como se dice popularmente, no tienen nada que ver con el enfoque y orientación de la revista y el artículo, todo con tal de aumentar las referencias.

Los casos no son aislados, y hay difusas barreras académicas, científicas, e incluso hasta legales y éticas, de tal forma que no es fácil señalar responsabilidades.

 

El caso presentado en la U. Católica de Colombia

En noviembre pasado, en la web de la Universidad Católica de Colombia se publicó la noticia titulada “La Universidad Católica de Colombia con el mayor impacto en investigación criminológica en Colombia”, para difundir el reconocimiento a una de las actividades investigativas de su Facultad de Derecho y de los investigadores liderados por su decano, Germán Silva García.

https://www.ucatolica.edu.co/portal/u-catolica-con-el-mayor-impacto-en-investigacion-criminologica-en-colombia/

Dicha noticia ya no aparece publicada, luego que este Observatorio consultara a esa Universidad por una posible irregular práctica de aumento de citaciones en publicaciones de algunos de sus investigadores de Derecho.

El hecho se dio tras unas denuncias de personas cercanas a ese entorno académico, llegadas al Observatorio, acompañadas de un análisis que realizó el colombiano Carlos Manuel Estévez-Bretón, consultor oficial de Elsevier – Scopus para esta región del mundo, titulado, en español, “Negligencia editorial. Aumento predeterminado y artificial de citas en revistas científicas”, (clic para acceder al informe completo), en el que pretende mostrar cómo se están dand algunas de estas prácticas en el sector.

En dicho análisis, en resumen, se muestra cómo la revista venezolana de la Universidad de Zulia, denominada “Opción” -en su vol 35, de 2019  – creó un número especial con escritos, en su gran mayoría, de investigadores de Derecho de la Universidad Católica de Colombia, y que sus escritos luego fueron citados de forma reiterada en la Revista “Republicana”, de la Corporación Universitaria Republicana, con lo que se elevan las métricas.

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Según el análisis, otra publicación de la Universidad de Zulia, denominada “Utopía y praxis latinoamericana” también realizó dos entregas especiales (1 y 2) con los escritos de “Opción” y pudo ascender en el ranking de Scimago. Según confirmó El Observatorio con alguien que conoce la estructura del grupo de investigación, se presentaron 35 investigadores de los cuales solo uno no tiene relación con la U. Católica de Colombia.

En los análisis de Elsevier – Scopus, las revistas traían bajos desempeños en citaciones y artículos en años anteriores, y mostraron, con estos escritos, un inusitado incremento en sus indicadores, muy por encima de los del promedio de revistas con mayor reconocimiento. Incluso, hace una comparación con el desempeño, de lo que considera una buena práctica, con una revista de Invemar y otra de la Universidad Javeriana, para mostrar las diferencias abismales entre las primeras y las segundas.

Actualmente la revista Opción se halla desafiliada por Scopus, como producto de análisis varios sobre sus prácticas, tras un estudio que tarda cerca de un año por parte de un Comité Independiente. “Las otras revistas -señala el informe- no han cometido por sí mismas una negligencia de publicación comprobada. Las acciones a los autores implicados no son responsabilidad de Scopus, sino de los autores, las revistas y posiblemente las instituciones”.

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El informe concluye que “estas malas prácticas, si son premeditadas, son muy poco éticas y la revista que publica los ´números especiales´, y los autores deben ser, al menos,  prohibidos”. Así mismo, considera que esto constituye un llamado para que se reconsidere la forma como se están indexando los artículos científicos.

Otro investigador, que tampoco se quiso identificar, advierte que “publicar un número con varios investigadores (o exclusivamente) de una única universidad es una práctica claramente endogámica y depredadora”.

 

¿Pagar por publicar?

Otra fuente de El Observatorio escribió a las revistas Utopía y Praxis Latinoamericana, a un correo de Gmail (personal y no institucional) para pedir información para publicar un artículo. Según la información, la editora de la revista habla que tienen mucha fila para publicar, pero que, de liberar un poco de espacio, se le pide que usted haga un aporte de 900 mil pesos a una cuenta del Banco Davivienda a nombre de una persona. “Es muy llamativo -dice la fuente- que una revista con tanta fila de publicación y que recurra a una práctica muy dudosa como pedir contribuciones económicas a sus autores, tenga toda la disponibilidad de publicar dos números especiales para investigadores de una única facultad, sin ningún tipo de contraprestación más que “la calidad de sus investigadores”.

 

Universidad Católica de Colombia defiende su actuar

En respuesta a El Observatorio, Germán Silva García, decano de Derecho de la Universidad Católica de Colombia -foto- señala enfáticamente que “no hay ninguna norma legal que se haya vulnerado, como tampoco ninguna práctica académica malsana”. Además -dice- “si los artículos son serios, de alta calidad, profundos, pertinentes y relevantes, no se entiende el cuestionamiento”. 

García, además de ser el decano de Derecho, hace parte, con 4 horas a la semana, de uno de los seis grupos de investigación de la Facultad, el grupo de investigación “conflicto y criminalidad” (con 41 integrantes), que dirige Bernardo Pérez Salazar, y que aparece categorizado como A1 en Minciencias. Con respecto a la presencia suya y de algunos investigadores en la revista Opción, señala que fueron invitados a hacerlo “en razón del éxito y trayectoria de sus grupos de investigación, y dado que la participación en números especiales suele darse por invitación”.

 

Entre los integrantes del grupo de investigación de la U. Católica de Colombia que participaron en estas publicaciones también está el actual decano de Derecho de la Universidad Santo Tomás, en Bogotá, Alejandro Gómez Jaramillo, quien además de tener registradas, en su CvLAC, horas de trabajo en la U. Católica de Colombia, también las registra con la Corporación Universitaria Republicana, IES en la que aparecen algunos otros integrantes del grupo. Allí también participa el actual decano de la Fundación Universitaria Los Libertadores, Javier Fernando Fonseca Alvarado.

Nota aclaratoria: En el listado de integrantes del grupo “Conflicto y criminalidad”, aparece, en la página de Minciencias todos quienes han participado del mismo, aunque varios de ellos, como el caso de Javier Fernando Fonseca Alvarado, se desvincularon de la Universidad Católica desde varios años atrás, y por lo mismo, no tienen intervención alguna en las acciones aquí referenciadas.

Silva: “Lo importante es la pertinencia de las investigaciones” 

Silva señala que “no existe absolutamente ninguna relación entre el impacto del trabajo de los investigadores en criminología de la Universidad Católica de Colombia y los artículos publicados en el número especial de la revista Opción (Volumen 35, No. 25)”, y advierte que “es totalmente imposible que el número varias veces referido de la revista Opción, o cualquier otro número de esa revista, hayan sido usados para incrementar, ya sea en forma legítima o artificial, los resultados de los investigadores de la Universidad Católica, en el campo de la criminología”. 

Defiende la publicación por lo que llama “pertinencia de las citaciones”, en virtud de que “los investigadores de la Facultad de Derecho de la Católica han sido citados por decenas y, a veces, centenares de autores de distintos países e instituciones”, y para ello cita otras 76 revistas.

Silva y algunos de los investigadores tienen índices H significativos, y en el grupo aparecen otros investigadores que escasamente presentan un índice 1 ó 2.

Para Silva “lo cierto es que los investigadores de la Facultad de Derecho no han sido sancionados ni se les han pedido descargos, por parte Elsevier-Scopus”.

Incluso, según el decano, “las actuaciones de los investigadores de la Facultad se han ceñido a la idea de que “Los Principios Éticos Internacionales para Publicaciones Académicas”, referidos por Elsevier-Scopus, establecen en su numeral 3.1.5 que el trabajo realizado por parte de otros autores debe ser siempre referenciado y que, sin excepción alguna, los autores deben citar las publicaciones que de alguna manera han influenciado el trabajo propio que está siendo reportado, inclusive el trabajo propio”. 

Así, para García “en un trabajo académico suele ser imperativo presentar un “estado del arte”, lo que significa citar y debatir los trabajos de los colegas, comenzando por los de la misma casa. Este tipo de prácticas no sólo son normales, también suelen ser exigidas de modo obligatorio, en los ámbitos de la academia de Europa y Norteamérica, y no tendría que ser distinto en América Latina y Colombia. Son prácticas legítimas y, desde luego, lícitas”. 

Vale señalar que una búsqueda de noticias en Internet encuentra varios acercamientos entre la facultad de derecho de la Universidad Católica de Colombia y la Universidad de Zulia.

 

¿Qué hacer frente a estas situaciones?

Además de generar, como sistema, una crítica reflexión al respecto, de replantear los recursos, apuestas e inversiones en temas de investigación como resultado también de la pandemia, expertos estiman que se debe rediseñar el sistema de medición de la investigación para evitar la complejidad y misterio que se ha creado en torno de ésta y simplificarla.

Así mismo, algunas propuestas son:

  • No usar las mismas métricas con las que se evalúan revistas en los investigadores.
  • Generar un pacto en el sector, con el fuerte compromiso de las propias IES, para sancionar fuertemente a los investigadores y grupos que recurren a prácticas irregulares para mejorar su productividad
  • Hacer que dichas prácticas sean factor clave de decisión en los procesos de calidad a nivel gubernamental (registro y acreditación)
  • Impulsar el uso de ORCID (“Open Researcher and Contributor ID”), o Identificador Abierto de Investigador y Colaborador, que consiste en un código único universal con el que se identifica cada investigador, de tal manera que se evite el cambio- intencional o no- en la identificación de los investigadores, y no sucedan casos como, por ejemplo, el del profesor de la U. de la Costa Amelec Jesús Viloria Silva, quien para unas investigaciones se presentaba como Amelec Victoria para esta universidad y como Jesús Silva para la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Perú.

¿Son conscientes los rectores de cuánto les está costando, sin integridad ética investigativa, estas prácticas?

El tema es más complejo de lo que parece, pero si el sector quiere ser ejemplo de coherencia e integridad, las IES necesitan optimizar recursos y los criterios de evaluación justa, y no artificial, de reconocimiento a los investigadores más productivos. Minciencias, Mineducación, Conaces, CNA y los investigadores deberían poner las cartas sobre la mesa.

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