Los secretos de Jaime Leal que convirtieron a la UNAD en la U. con más estudiantes

Los secretos de Jaime Leal que convirtieron a la UNAD en la U. con más estudiantes

Agosto 22/21 La UNAD, que estuvo a punto de desaparecer, cumplió 40 años. Sin padrinos políticos y una gestión distinta, su rector Jaime Leal (17 años en el cargo), la tiene con más de 160 mil estudiantes.

Con estas cifras, la UNAD se constituye, como así mismo se llama, en la meganiversidad colombiana, al superar los 100 mil estudiantes. Cuando Jaime Alberto Leal Afanador llegó a la rectoría, en 2.004, tenía el 10 % de estos alumnos, y la IES, que nació como UNISUR, enfrentaba una crisis de credibilidad y enorme escepticismo de parte del sistema de educación superior tradicional que, entonces, dudaba (mucho más de lo que actualmente lo hace) de la efectividad de la educación a distancia, ahora virtual en su mayoría.

Leal ha estado en los medios de comunicación y la opinión pública tras diversas acusaciones de diversos órganos de investigación del Estado. Todas las investigaciones le han absuelto. En una de las más sonadas, hace cinco años la entonces ministra Gina Parody la emprendió contra la UNAD, y cuestionó públicamente sus decisiones, lo que llevó a la IES a bajar de 75 a 50 mil estudiantes. El Consejo de Estado “regañó” a Mineducación por la forma como actuó indebida y exageradamente sobre la UNAD, considerando indebidamente su autonomía universitaria. Hoy, Jaime Leal ratifica su liderazgo, la UNAD subió en este quinquenio en 110 mil estudiantes y la exministra se refugió en Estados Unidos, para defenderse de acusaciones por temas diversos tras su paso por esa cartera.

“Jaime Alberto Leal Afanador es un accidente histórico en la UNAD. Un servidor público más, que ha intentado leer con rigurosidad y, en lo posible, objetiva y debidamente las letras de una Nación que clama hace décadas por una educación pertinente y de calidad”. Así se describe el propio Leal en el libro que acaba de publicar, denominado “Educación, virtualidad e innovación. Estudio de caso para la consolidación de un modelo de liderazgo en la educación influyente y de calidad”, en el que describe cómo ha sido la lectura académica y de gestión administrativa que la UNAD ha adoptado en estos 17 años, siendo actualmente el rector de univesidad pública con más años en el cargo.

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En el texto, de 10 capítulos, presenta el debate conceptual entre la que él llama ortodoxia educativa, o sector educativo que con desdén ha valorado la educación a distancia y lo que ésta representa para el aprender a aprender de una forma pertinente; cuenta la historia de la UNAD, su organización como metasistema, estructura; la forma como se logró superar el paradigma del sector que, solo hasta ahora, reconoce algunas disciplinas, como el derecho (lea: … y la UNAD lo logró: Mineducación le aprueba derecho virtual), para ser estudiadas de forma virtual; y cierra con una presentación de la vida y pensamiento del propio Leal.

“Gran orgullo me genera, como sé que lo respira igualmente el equipo de líderes, docentes, egresados y estudiantes de la UNAD, las cifras y el posicionamiento actual de la Universidad: La megauniversidad colombiana; con programas acreditados en alta calidad; en serio avance en su proceso de acreditación institucional; pionera en el desarrollo de programas virtuales que para el sector ortodoxo parecen imposibles de desarrollar (como música, ingenierías y deporte, entre otros); la primera opción que han elegido mayoritariamente buenos bachilleres del país, de entre todas las IES públicas, para estudiar en desarrollo del programa gubernamental Generación E; con un único y original modelo de planta global metasistémica y nuevas unidades y programas organizaciones aquí presentados; consolidada en estructuras de trabajo inteligente y productivo -desde antes de la pandemia-; líder en el sector de la educación a distancia y virtual al ser elegida de forma repetida en la presidencia de ACESAD y de AIESAD; y reconocida -ya por dos años consecutivos como un maravilloso lugar para trabajar, por parte de Great Place to Work; y otros importantes desarrollos académicos y organizacionales que se han hecho y que vienen en camino”. Todo esto, siendo la universidad que recibe “el menor ingreso per capita frente al conglomerado de las universidades públicas (pese a ser la que llega a más estudiantes y regiones), y el ver que las normas creadas para impulsar la educación en vez de fomentarla suman a la exclusión y a la baja calidad educativa, porque no responden adecuadamente a las características a distancia y virtual”.

A continuación se presentan algunas de los pensamientos que Leal expresa sobre sí mismo y la UNAD en el libro presentado.

El tiempo en la Rectoría

Ser rector de la UNAD ha sido un honor y un privilegio que Dios, Señor Todopoderoso, la Comunidad Unadista y su Consejo Superior, así como las condiciones normativas, mi salud y mi lúcida y consciente condición mental me han permitido.

Aunque el corazón me habla permanentemente y orienta muchas de mis decisiones, la realidad de los hechos, los resultados, los compromisos y, en fin, el ejercicio de la razón que debe caracterizar a los académicos me invita a reflexionar, constantemente, en torno de cuándo será el momento que, decorosamente y de forma ejecutiva, la UNAD deba contar con otro timonel.

Esto no significa, como erróneamente han sugerido algunos, que mi intención sea la de aferrarme al supuesto poder que da la Rectoría de la UNAD. Nada más lejano a mis verdaderas intenciones: Forjar un modelo de educación moderno e incluyente como una apuesta esperanzadora para las nuevas generaciones de conciudadanos, para aquellos jóvenes que hoy se consumen en el vicio, en la frustración, en un día a día sin propósitos claros, sin ejemplos supremos que inspiren y que reflejen el gran valor del esfuerzo y la disciplina para soñar su vida, más allá de la que soñaron sus padres y abuelos que tuvieron vidas marcadas por la miseria, la pobreza, la violencia y la desesperanza aprehendida.

Sobre la UNAD y los políticos

Mi llegada y reiterada confirmación en la Rectoría de la UNAD no ha sido producto del azar, y menos de maquinaciones políticas, compra de votos o favoritismos, sino de los resultados, de la confianza que me han brindado, en diferentes épocas, el honorable Consejo Superior y grandes coequiperos.

No soy de los que se pueden llamar “animales políticos” ni tampoco de los que fingen serlo de manera oportunista. Respeto y admiro al político integral, ético, franco, veraz y transparente. Y aunque Unisur, y luego UNAD, tuvieron en alguna de sus épocas ciertos matices de politiquería, pues resultaba muy tentador adscribir una institución de educación superior pública a un movimiento político, en virtud de los recursos presupuestales (limitados, pero al fin y al cabo recursos), del número creciente de profesores y del personal administrativo y de su impacto nacional, nunca me inscribí en algún partido o movimiento clientelista para intentar ascender o ganar poder al interior de la  Universidad. Eso sí, debo decir que ofertas no me faltaron.

Mi partido político, si así se le puede llamar, es el “politécnico”; es decir, la apuesta por la dirección técnica, por la educación como un proyecto político, con sentido social e indicadores de logro, y sin grupos ni movimientos de base clientelista y burocrática. Siempre he considerado irresponsable al directivo universitario que busque alinear la educación a una ligera política sin aspiraciones de transformación colectiva, de actuares retrógrados y ortodoxos para defender de forma sectaria intereses mezquinos disfrazados de causa. Ello no debería, si quiera, pensarse en una universidad que se reconozca como tal, porque ésta, por esencia, es y debe ser siempre una institución definida para ser la conciencia crítica de una sociedad, y para ello debe garantizar el tono argumentado académico, científico, plural, riguroso y serio, y que permite evolucionar y crecer de manera planificada y prospectiva.

Mi llegada a la Rectoría no fue por azar. Cuando llegué a ésta, en 2004, ya venía de haber perdido una elección rectoral. Como siempre ha pasado, pretender innovar y romper paradigmas no es fácil. Comparada con la UNAD de hoy y sus resultados, el paradigma directivo y modelo educativo de la Institución del 2003 no hubiera logrado esta gran transformación. Mi primera gran decisión, como Rector, fue enrutar a la Institución hacia su propia naturaleza (abierta y a distancia y comprometida con el desarrollo de las regiones), lo cual significó enfrentar
abiertamente prácticas de mala calidad académica y voraces apetitos clientelistas y burocráticos.

Si bien promesas de puestos y anuncios politiqueros podrían ser más llamativos o aparentemente rápidos para llegar a un cargo, eso nunca ha sido parte de mi proyecto de vida y, creo que así lo ha reconocido la comunidad Unadista, por lo menos en mi caso. En los 17 años de mi rectoría y cerca de 200 mil personas que se han beneficiado del proyecto Unadista, nadie podrá relacionar a Jaime Leal con prácticas de carácter politiquero.

Desde sus inicios, se intentó politizar a la UNAD. Fue amenazada por la política. La primera amenaza que recibí fue tan sólo a los ocho días de haberme posesionado para mi primer periodo rectoral, a través de la convocatoria a un debate en el Senado de la República. Allí dije a los congresistas que me encantaban -y aún me encantan- los debates académicos, y que ese era mi escenario de interacción. Eso fue creando una condición de respeto hacia la nueva UNAD, y desde entonces hizo carrera que en la Universidad no se encontraría espacio para el clientelismo y la politiquería.

Trato de interpretar muchas de esas conductas, no académicas, como producto de la incomprensión inicial frente a nuestra propuesta de innovación pedagógica y organizacional, por la cercanía conceptual, laboral y hasta afectiva de algunos de dichos miembros de la Comunidad Unadista con la que he identificado aquí como la Ortodoxia, por el interés de otros en llegar a la Rectoría y detentar un poder no visto como servicio y sacrificio sino como una oportunidad de ordenación de gasto y nombramiento de personal, y como la intención de dirigir la organización
con la fuerza de la politiquería, la clientela, el lobby y el amiguismo, y no con el rigor de los argumentos, de los indicadores, del debate académico y del respaldo a una causa académica y servicio social, como lo es la actual UNAD.

Por varios años, especialmente en época de elección rectoral, han aparecido en diversos medios de comunicación y redes sociales, y que han desgastado nuestro sistema de justicia, por la actuación investigativa y jurisprudencial de entidades como la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía, el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio de Educación Nacional, entre otras, no frenaron la dinámica de la UNAD y la de su rector. Por el contrario, cada una de las acusaciones e intereses por desprestigiarnos se convirtió en una motivación propia e institucional para revisar cada una de nuestras conductas, asegurar que todas nuestras actuaciones sean impecables y cualificar nuestros procesos.

El liderazgo de la UNAD

Hoy la UNAD es líder porque se atrevió a innovar con convicción y con responsabilidad propia, así eso le haya significado -a veces- luchar contra molinos de viento, como el Quijote, para poder inspirar, convencer y comprometer a una comunidad en torno de una causa.

Los líderes de la Comunidad Unadista no trabajan solo por el salario sino por las convicciones, por un proyecto de país, y por dar la mano a miles de colombianos que, como muchos de ellos, han encontrado en la UNAD la única salida formativa de calidad a sus expectativas y necesidades.

En mi rol como rector siempre he procurado que las metas se inspiren colectivamente tanto entre quienes integran mis equipos de trabajo directo, como entre los equipos de trabajo de ellos. Porque en la UNAD el mito por la jerarquía no es válido. Es la pasión por la mejora la que produce resultados efectivos, y el mejor amigo es el que mejor entrega resultados, a diferencia de un erróneo amiguismo, que sólo aparenta formar grupos sin fundamento. En la organización hemos apostado a que la convicción por la causa y por lo humano, por encima del cargo, es lo que supera las diferencias y afianza el compromiso y así, creo, lo han comprendido todos a quienes, una vez más, gracias doy, como rector, como colombiano y como padre de familia, por su dedicación.

Debo reconocer que también hemos cometido errores, afortunadamentetodos enmendables y aprovechados como oportunidades de mejora, pero sobre todo, y tristemente, hemos tenido desilusiones frente a las conductas de algunas personas de la organización que, ante las diferencias, han recurrido a la mentira, al descrédito, a la calumnia, a la difamación en redes sociales y al concierto para desprestigiar tanto al rector Leal como a la imagen presente e histórica de la UNAD.

Sobre Jaime Alberto Leal Afanador

Nací en una familia numerosa, en un hogar bogotano de clase media, en la Colombia que, como la televisión en blanco y negro de entonces, paradigmática y erróneamente consideraba que sólo era viable vivir en un escenario de antagonismos históricos por problemas e intereses que, ni siquiera, la mayoría de sus ciudadanos comprendía, pero que se hacía matar por ellos: O blanco o negro, o liberal o conservador, o capitalista o comunista, de ciudad o de campo, rico o pobre… En la Colombia de la violencia guerrillera, paramilitar, criminal o la del oscuro Estado; la de la mínima cobertura educativa y de la casi nula oportunidad universitaria, la de la subsistencia únicamente mediante el trabajo físico y de la subordinación laboral mal paga.

Fue en ese entorno nacional, violento, clasista, machista y de prejuicios, y con grandes limitaciones y restricciones, el de la gran mayoría de colombianos, en el que crecí. Tuve la fortuna de contar con siete hermanos. Con ellos no tuvimos un patrimonio material, pues nos criamos en medio de la carencia de recursos físicos, pero en cambio sí tuvimos un rico patrimonio de valores morales, aprendidos, desde mis bisabuelos, por el enorme valor que representa la educación como una oportunidad, casi que única, para superarnos a sí mismos en nuestras limitaciones materiales y económicas derivadas de la cuna.

Al inicio de este libro hice una dedicación especial a quienes fortalecieron y fortalecen diariamente mi espíritu, en especial mi esposa Doris y mis hijas María Paula y Estefanía.

También, me refiero a dos maravillosas mujeres y a un hombre único. Ellas son, mi abuela, Eva Carranza, y mi madre, Inés Afanador de Leal. De esas dos trascendentes mujeres aprendí la humildad, la sencillez y el valor del amor verdadero. Ambas fueron maestras, y en medio de las carencias y sus enormes desafíos, me mostraron que más que el tener, lo importante es el ser; que de nada sirve hablar y prometer, si las palabras no vienen acompañadas de acciones coherentes; y que por grande o pequeño que sea un sueño, éste siempre constituye una apuesta de vida que vale la pena hacer realidad, si contribuye a la mejora personal y a la de quienes, ojalá muchos, nos rodeen cada día.

Tras haberme formado con inolvidables maestros, momentos y aprendizajes en el claustro del Colegio Mayor del Rosario, y recién titulado como Ingeniero de Alimentos, tuve la fortuna de vincularme al proyecto Unadista donde tuve la invaluable oportunidad de conocer, trabajar a su lado, aprender y contagiarme de la emoción y del compromiso por la educación comunitaria que en la universidad a distancia primigenia inspiraba Miguel Antonio Ramón Martínez, a quien he reconocido en este libro por su carisma y aporte ideológico vital al proyecto pedagógico Unadista.

La vida me ha permitido acompañar a esta querida universidad casi desde su nacimiento. En ella, casi que de forma paralela a mi vida, he hecho gran parte de mi carrera académica y administrativa, primero como complemento a mis estudios profesionales como ingeniero de alimentos, y luego en diversos estudios relacionados con el apasionante mundo educativo: Maestría y doctorado en Educación. Además, tuve la fortuna de prestar diversas consultorías y servicios claves, para mí, en otras instituciones del sector, que me permitieron alcanzar la motivación, la experiencia y los conocimientos recurrentes y necesarios para liderar el proyecto Unadista.

Llegué a la UNAD con mi pregrado en ingeniería de alimentos -en la U. Incca, en Bogotá. Contaba con 24 años, y en aquel entonces tenía un contrato de siete horas a la semana, del que incluso me dijeron que no me podrían pagar muy pronto, por la situación presupuestal deficitaria que acompañó la génesis de esta Universidad. Eso, en vez de ser una desmotivación, se me convirtió en un desafío y fue el inicio de una carrera que me llevó a la rectoría al cumplir los 45 años de edad.

Paralelamente a mis muy diversos trabajos en las organizaciones educativas, desde ser monitor y docente hasta ser Vicerrector, pasando por Decano de Facultades de Ingeniería, tuve la oportunidad de cursar mis posgrados orientados a la academia y a la dirección universitaria: especialización en Planificación Educativa -en Rennes Francia-, una maestría en docencia universitaria -en la U. de La Salle-, y un doctorado en tecnología instruccional a distancia -en Nova Southeastern University, de Estados Unidos, y varios doctorados honoris causa que en reconocimiento me han entregado prestigiosas universidades y academias de invaluable aporte.

Fui profesor, por muchos años, de la Maestría en Administración y Supervisión Educativa de la Universidad Externado de Colombia, asesor académico de la Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería -ACOFI-, par académico del ICFES (entonces responsable de la educación superior) y del Consejo Nacional de Acreditación CNA, Decano de Ingeniería de la Universidad San Buenaventura, director de la Corporación Educativa para la Investigación, la Formación y el Desarrollo Regional CIDEP, y rector de la Corporación Universitaria de Ciencia y Desarrollo Uniciencia, por encargo del ICFES, entre otras muchas responsabilidades.

 

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