José Andres Ardila en Urbe Digital, de la Universidad de Antioquia, cuestiona la propuesta de permitir la llegada de IES con ánimo de lucro, y pone algunos ejemplos, exagerados, de lo que podría suceder en Colombia.
Imaginemos que en Colombia existe una empresa de tamales de larga tradición, como Postobón en las gaseosas, por ejemplo. Ahora supongamos que ha entrado en vigencia la reforma a la Ley 30 y que se pueden crear universidades con ánimo de lucro. Entonces, las directivas de Maruja’s Tamales S.A. (que así se llama la empresa) ven de inmediato una posibilidad de negocio: La Universidad del Tamal.
Sería un negocio por dos razones: porque podrían cobrar y sacar ganancias de instruir a miles de jóvenes en las complejas artes del tamal (o ciencias, si se quiere, suena más académico). Y porque podría usarse como centro de investigación para hacer crecer la empresa matriz. Es decir, en unos años, los mejores estudiantes de la Unitamal podrán dirigir investigaciones de mercadeo, de ingredientes y preparación, de reducción de costos: como envolturas sintéticas en vez de la tradicional hoja de bijao, combos de tamal trifásico y chocolate, o tamal especial de sabor sorpresa.
Si Maruja’s Tamales S.A. lo hace bien, lo más seguro es que esto repercuta favorablemente en sus ganancias. Con algo de tiempo, podría convertirse, qué sé yo, en una multinacional tamalera con una mascota mundialmente conocida, Tamalín, por decir algo. En el futuro, a alguien en África le dirán Colombia, y antes que en coca o Shakira, pensará en los tamales de Maruja. La entonces multinacional, empezará a subcontratar miles de personas en India o China. Pagará miserias por el trabajo que aquí le cuesta un o.jo.de.la.ca.ra.
Ah… Es redondo. Un sueño, diría alguien. Dos unicornios, un beso de la Bella durmiente y Blancanieves jugueteando en el bosque con Bambi y su mamá muerta. Un cuento de hadas… y como tal, absurdo.
¿De verdad?
Lo único que hice, quizá con una nota de exageración, fue poner en el contexto colombiano un caso de Estados Unidos. La meca del libre mercado, donde todo es negocio, Time is money, y cualquier cosa que pueda insinuarse contraria tiene rasgos de herejía. Basta recordar el revuelo que causó que Obama haya sacado adelante un sistema de salud decente, humano. Se le llamó comunista, musulmán y encarnación de Hitler. El mito que más sonó hasta hace poco es que, en realidad, es africano. Que no es gringo. Nada raro que dentro de poco ni siquiera sea negro.
En fin. El caso al que me refiero es al de la Universidad de la Hamburguesa de Macdonald’s (Hamburger University McDonald´s). Fue creada hace más de cincuenta años en Illinois. Con el nombre, es suficiente para saber cuál es la empresa fundadora. Cuenta con cerca de cinco mil alumnos anuales. Y en bien se gradúen, según sus competencias, podrán pasar a ser desde encargados hasta directivos.
No hay que ir tan lejos. En el Urabá antioqueño, hasta no hace mucho funcionó una especie de centro de formación técnico bananero. En año y medio, alguien podía graduarse de embolsador, empacador, desmanchador o almacenista del banano. No sería gran cosa si la mayoría de las empresas bananeras de la región no hubieran decidido contratar a nadie que no fuera graduado de alguno de los cursos.
Por supuesto, se podrá decir que los casos que he expuesto hasta ahora no son más que opciones de formación y trabajo para personas con escasos recursos. Por lo tanto, la crítica no tiene sentido y la idea de universidades con ánimo de lucro no suena tan mal después de todo. Si alguien puede trabajar, ganarse un salario, no importa la carrera ridícula con la que deba cargar el resto de sus días.
Y creo que es válido hasta cierto punto. Pero la educación debería ser por elección y no por descarte, porque no quede de otra. No puedo negar la importancia de los técnicos en una sociedad, pero tampoco puedo estar de acuerdo con esa visión utilitarista de la educación que se viene promoviendo desde hace años. Yo no quiero ser emprendedor. No estoy interesado en crear empresa. No compro esa idea de que puedo taparme en la plata si gasto todas las horas de mis días en sacar adelante un negocio y que además, sería feliz.
Esa ampliamente promocionada tripleta Estado-universidad-empresa privada es una buena estrategia para el desarrollo económico, pero no creo que sea muy útil a la hora de promover el pensamiento crítico, por ejemplo. Los intereses de la empresa privada, como bien lo dice el nombre, son privados. La razón por la que una multinacional farmacéutica financia la investigación de una universidad en Estados Unidos es porque está interesada en el dinero que puede hacer con los resultados de dicha investigación. No se trata de amor al conocimiento. No. Se trata de un negocio.
Dónde queda el arte en esta tripleta? ¿Literatura publicitaria? ¿La poesía reducida a mediocres rimas para comerciales televisivos o vallas como las de la Cultura Metro? ¿Qué de las humanidades, la filosofía, el pensamiento por el pensamiento, la reflexión sobre la existencia?
No imagino a Einstein pensado en cómo hacer negocio con la Teoría de la Relatividad. De haber sido un emprendedor se habría dedicado mejor a fabricar ollas. ¿Qué habría pasado con nuestra historia bajo esta premisa de lo útil? ¿A dónde iría a parar buena parte de lo que heredamos de la civilización griega?Ay, esos vagos griegos que tanto mal nos han hecho.
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