O incorporan lo digital y cambian su modelo, o IES tradicionales van a desaparecer

Sept 19/18 Es un hecho. Los nuevos estudiantes, el mercado laboral, las tendencias del conocimiento y la competencia en la oferta de programas de parte de otras IES confirman que la tecnología y la virtualidad ya transformaron radicalmente el “negocio” de la educación superior, en el que solo sobrevivirán las que, además de pertinencia y calidad, ofrezcan novedad e incorporen la virtualidad.

Para las nuevas generaciones de estudiantes llegar a una universidad “tradicional” es sinónimo de decadencia. La educación sin tecnología es un retroceso y no responde a la nueva dinámica productiva de la sociedad. Las cifras de matrícula ya lo están reflejando. En Colombia, en el último periodo porcentualmente es mayor el crecimiento de los programas virtuales que los presenciales.

No en vano en Colombia algunas de las IES que más han crecido en los últimos semestres son la UNAD, el Minuto de Dios, la Fundación Universitaria del Area Andina y el Politécnico Grancolombiano. Solamente estas cuatro IES -mayoritariamente en programas virtuales-  suman 300 mil estudiantes, que es más del 10% de la matrícula de todo el sistema de educación superior colombiano.

Los contenidos, asistentes y expectativas presentadas durante la cumbre de universidades afiliadas a la Red Ilumno, (o Ilumno Summit) realizada en Panamá, sobre transformación digital de la educación superior, confirman que la virtualidad dejó de ser una opción, incluso para IES tradicionales de carácter presencial.

Ilumno, que en la región de América Latina ya cuenta con 16 IES aliadas (entre ellas las colombianas Area Andina, Politécnico Grancolombiano, y la Fundación Universitaria Católica del Norte. Hicieron parte de la Red la Universidad Central y UNITEC) es, indudablemente, la agencia, entidad, empresa o eje promotor articulador clave para potenciar los procesos de crecimiento de las universidades a través de virtualidad, favoreciendo procesos de gerencia universitaria con la ayuda de economías de escala.

Así mismo, promueve la reflexión sobre el rol de la virtualidad en la educación superior y de las IES en torno de la virtualidad, de tal manera que América Latina potencie la educación transfronteriza, flexibilice la normatividad para aprobación, alianzas y oferta de programas virtuales y, sobre todo, las universidades cambien su modelo de gestión con ayuda de la tecnología.

Pete Pizarro, presidente de Ilumno, habla sobre los desafíos de la educación virtual en la educación superior

No en vano, varias tradicionales e importantes universidades colombianas se están acercando a Ilumno para aprender del modelo y, en lo posible, potenciar su oferta educativa con estos desarrollos.

La tecnología como medio y no como fin

La tecnología ya no es una moda. Es una realidad con la que la sociedad debe vivir y, por ende, la universidad.

De los formadores depende que ésta realmente contribuya a potenciar el aprendizaje, la comunicación y el entretenimiento, por lo que las IES no deben caer en el error de asumir que la solución está en inversiones de plataforma o MOOCs.

La virtualidad es un escenario por el que transcurre la vida, y los formadores deben evitar que ésta rompa barreras, en vez de crearlas; acerque a docentes y estudiantes, en vez de alejarlos; dé tiempo para el descanso y la productividad, en vez de quitarlo; y contribuya a la productividad en vez de distraer esos objetivos. La educación superior tiene el reto de enseñar a dar sentido a la tecnología.

Allí está el reto de las IES. Además de cambiar sus modelos de gestión, seguimiento, indicadores, controles e interacciones, deben modificar sus modelos formativos: programas más cortos, más pertinentes, con más rápidos cambios (se calcula que el 50% de los conocimientos adquiridos durante el primer año académico -en títulos de 4 años- es obsoleto al momento de graduarse), llegando al estudiante donde él esté; en sus tiempos, con prácticas en tiempo real e interacciones en otros entornos.

Ya no es el estudiante el que se debe adaptar al modelo de universidad. Es la Universidad la que debe responder a las expectativas de los estudiantes. Ellas ya no escogen alumnos; eston son los que escogen universidad. Y solo sobrevivirán (en matrículas y número de estudiantes) las IES que entiendan que para los estudiantes lo digital no es una opción, sino que es un entorno propio; con el que pueden responder a su mentalidad de multitarea, y responder inmediatamente a sus necesidades de conocimiento y adaptación en un mercado laboral incierto, y en permanente cambio (se calcula que los actuales jóvenes habrán pasado por 15 trabajos cuando lleguen a los 15 años).

Según Blackboard, una de las empresas de plataformas tecnológicas LMS más grandes del mundo, el 58 % de los estudiantes esperan que la interacción con la universidad cambie según las tecnologías.

Y todo esto conlleva, adicionalmente, a que -en países como Colombia- la normatividad sea más comprensiva con estas nuevas dinámicas. Los planes de estudio deben ser más flexibles, con la posibilidad de modificar contenidos en tiempo real y no por momentos generacionales e, incluso, debería eliminar barreras entre presencial, distancia y virtual, que ya se ve anacrónico, pues la educación es una sola, y la tecnología es sólo un escenario en el que se desenvuelve.