Feb/24 Gómez analiza el por qué los altos deficit cognitivos de muchos estudiantes. Analiza los resultados de las pruebas PISA y Saber, así como de los docentes formados en normale sy unievrsidades pedagógicas, e invita a consolidar un nuevo modelo de formación de docentes.
Una somera revisión de textos sobre educación superior revela la escasa atención que se le ha prestado a las instituciones de las que depende la calidad de las competencias académicas de los estudiantes, por tanto de la calidad de la educación superior. Se trata de las instituciones de formación de docentes en los niveles básico y medio: las facultades de educación, Normales y universidades ‘pedagógicas’.
Muchos docentes universitarios hemos tenido la experiencia negativa de tratar con algunos estudiantes de escasa comprensión de lecturas complejas, con mínimas capacidades de abstracción y conceptualización, incapaces de configurar una argumentación lógica y razonada, y con grandes dificultades en la escritura de textos o ensayos, todo lo cual limita las competencias comunicativas, esenciales en el desempeño profesional en cualquier área y en la participación ciudadana. A estas grandes carencias para el trabajo académico se suma el desconocimiento de lenguas extranjeras o el nivel precario en alguna de las más comunes. Mínimas competencias en bilinguismo limitan y reducen considerablemente la capacidad de aprendizaje de cualquier área del conocimiento. Cabe señalar aquí que estas competencias intelectuales generales son más importantes y decisivas en el destino profesional de los estudiantes que el ‘razonamiento matemático’, que tanto se enfatiza en las pruebas como Saber y PISA.
Estas carencias en competencias académicas se presentan aun en instituciones con exámenes de admisión altamente selectivos, como en la U Nacional, y seguramente son mayores en IES requeridas de matrículas y con mínimos criterios de admisión. En muchas IES el único requisito de admisión es el puntaje de Saber 11, que puede ser muy bajo en programas con poca demanda. El resultado es un sistema de educación superior muy limitado en sus exigencias académicas por el bajo nivel cultural y de formación básica de la mayoría de sus estudiantes. Lo que se demuestra en la prueba Saber Pro de egresados; sobre 300 puntos la media es de solo 145 puntos.
Las diversas pruebas nacionales, como Saber, e internacionales como PISA (Program for International Student Assessment, OCDE) ratifican continuamente la baja calidad de la educación en Colombia. En el caso de PISA, cada tres años, desde 2006, se renueva la conmoción nacional por los bajos puntajes de estudiantes colombianos en las pruebas de matemáticas, lectura y ciencias, lo que ubica al país en el último lugar entre los 44 países participantes en 2022.
‘Entre 44 países participantes, Colombia quedó en la posición 44 del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes, PISA, luego de una prueba de habilidad para resolver problemáticas del siglo XXI, realizada a 85 mil estudiantes de 15 años, 9 mil de ellos colombianos.’
En síntesis:
– el 71 % de los estudiantes colombianos carece de competencias básicas en matemáticas;
– el 51 % no alcanza el nivel básico en ciencias y lectura (nivel 2 de PISA). Para mayor información consultar ‘PISA Country Report. Colombia. 2022)
– Según las pruebas SABER 11, más del 80 % de los estudiantes de grado undécimo no logran comprender textos y discursos básicos.
– Y el dato ya mencionado de Saber Pro: sobre 300 puntos la media es de solo 145 puntos.
– ‘Colombia, última en educación cívica y ciudadana’. Mera, D. El Espectador, Enero 29. El Espectador. Estudio Internacional sobre Educación Cívica y Ciudadana (ICCS). Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA).
Cada vez que se divulgan los resultados de estas pruebas el gobierno de turno promete nuevas inversiones en los colegios, en postgrados para docentes y en mayor remuneración para la profesión docente. Sin efectos positivos en la calidad de la educación. Desde el 2006 hasta el momento los puntajes de Colombia en PISA no solo no aumentan sino que en 2022 perdió puntajes en las tres pruebas (matemáticas, ciencias y lectura) en relación a los puntajes del 2018. Los puntajes en pruebas Saber tampoco señalan mejoramiento en la calidad de la educación nacional en general, aunque algunos pocos colegios privados logran mejorar sus puntajes, gracias a los intensos programas de preparación previa (training) comunes en grado 11 en la mayoría de instituciones públicas y privadas.
Algunos estudiosos señalan la necesidad de mejorar la calidad de las facultades de educación, normales y universidades ‘pedagógicas’. Pero hay numerosas críticas sobre si éstas son las instituciones que se requieren para elevar la calidad de la educación nacional a los estándares internacionales.
Estas instituciones de formación de docentes en Colombia no son la única forma o modalidad institucional y curricular de formación. En la experiencia internacional, sobre todo de países reconocidos por una alta calidad de la educación (no solo en PISA sino en otro tipo de evaluaciones de calidad), hay otros modelos e instituciones de formación de docentes.
Esto significa que el modelo colombiano (fuerte énfasis en la formación pedagógica y con debilidades y carencias en la formación disciplinaria, en instituciones especializadas en la pedagogía, y en gran medida desvinculadas de las disciplinas básicas, sobre todo de las ciencias sociales..), no es necesariamente el único, ni el mejor, ni el más moderno, ni eficaz, sino que es una tradición fuerte: la tradición histórica de las Normales (que no existen en muchos países, propias de una tradición francesa..) y de las facultades de educación y universidad pedagógica. Son tradiciones históricas, localistas, susceptibles de ser reemplazadas por otras modalidades institucionales de formación, tal vez más eficaces y modernas en esa importante tarea de formación del aspirante a maestro.
Hay otros factores igualmente importantes en la mencionada baja calidad de la educación colombiana. La actual constitución de la profesión docente —estatutos, promoción, remuneración y formación—, conforma una profesión de bajo estatus social y ocupacional, de escaso atractivo para jóvenes de alto capital académico y cultural, lo cual condena a la docencia a convertirse en segunda o tercera opción laboral para jóvenes sin interés ni vocación.
La importancia de los docentes y de las condiciones de su profesión se deriva del reconocimiento, en diversos estudios internacionales, de los docentes como el factor principal en la calidad de la educación, más importante que otros factores asociados con la calidad, como: el nivel socioeconómico de los estudiantes, la dotación técnico pedagógica del plantel, la utilización de nuevas TICs y los estilos de liderazgo y gestión en los planteles (GTD-PREAL, 2011; OECD, 2005; Rand Corporation, 2013).
Una importante consecuencia es el bajo nivel académico y cultural de muchos estudiantes y docentes, reflejado en los bajos puntajes en competencias intelectuales generales de la prueba SABER PRO. La Universidad Pedagógica Nacional, la líder en educación, ocupa el lugar 41 entre las IES, lo que amplia evidencia sobre los bajos resultados de las licenciaturas y de las facultades de educación.
‘Nadie puede dar de lo que carece’, reza un adagio popular que sintetiza el drama de docentes con altas carencias intelectuales y culturales a cargo de la educación de los jóvenes colombianos.
Además, estas carencias no pueden ser compensadas ni niveladas por el sistema vigente de formación de maestros. Las Escuelas Normales no son instituciones de formación de alto nivel académico para docentes del nivel primario de la educación. Su énfasis principal está en la pedagogía, sin formación disciplinaria. Las facultades de educación, en gran medida reproducen esta opción por la formación pedagógica, siendo la formación disciplinaria menos de la mitad de las asignaturas ofrecidas (35%, 40%, 50% insuficientes para una verdadera competencia en cualquier disciplina o área del conocimiento). Se privilegia el ‘cómo’ enseñar sobre el contenido, el ‘qué’.
El problema adicional es que este contenido disciplinario está en continuo cambio y evolución en conceptos, fundamentos, metodologías y datos —debido al rápido y continuo avance en el conocimiento—, lo que implica que el docente de cualquier área del saber debe tener una sólida y amplia formación disciplinaria: debe ser un ‘especialista’, un profesional en los saberes que enseña. La carencia o deficiencia en la formación disciplinaria conduce a docencia de mala calidad, con contenidos atrasados u obsoletos, con riesgo de simplismo, superficialidad y diletantismo en lo que se enseña. O con el riesgo de ideologización, como es muy común en la enseñanza de las ciencias sociales. En este contexto, es muy difícil que los estudiantes logren apropiarse de los conceptos y lógicas propias de cada disciplina o área de formación. Lo anterior sucede frecuentemente en asignaturas complejas como matemáticas, ciencias naturales y sociales, filosofía, economía y ciencias políticas.
Todo lo anterior constituye la tormenta perfecta de la mala calidad de la educación en Colombia y los obstáculos institucionales a su mejoramiento. Ver: ‘Calidad Docente. Un desafío para la tradición pedagógica en Colombia’. Bautista, M. y Gómez V. M. Universidad Nacional de Colombia. 2017.
Por estas razones, en diversos países comprometidos con mayores niveles de calidad en la educación, no existe la tradición de las Escuelas Normales —modalidad que existe en Colombia más por tradición que por necesidad— y de las licenciaturas con débil formación disciplinaria y expertos en teorías pedagógicas. Colombia requiere consolidar un nuevo modelo de formación de docentes conformado por un pregrado de estricta formación profesional y disciplinaria, seguido de un posgrado a cargo de la formación pedagógica, didáctica y de contexto socio político del sistema educativo.
La formación del docente no necesariamente debe empezar ni finalizar en el pregrado. Este puede ser en cualquier área o disciplina y la formación pedagógica es la función del postgrado La formación de licenciados en pregrado es una tradición que en el país ha causado un impacto importante en la baja calidad educativa del sistema. Sin embargo, esta convención cultural no es necesariamente ni la mejor ni la única forma posible de formación de docentes. En países reconocidos con la mejor calidad de la educación los docentes tienen postgrados en su área de especialidad, a partir de una sólida formación disciplinaria en el pregrado.
Colombia requiere la promoción y expansión de un modelo alternativo de formación de docentes, que atraiga a todo profesional interesado en la docencia como opción de vida y laboral. Este debe recibir en el pregrado la misma formación disciplinaria e intelectual de los otros estudiantes, en su disciplina o profesión escogida, y complementar su formación a nivel de posgrado con el desarrollo de habilidades para la enseñanza, conocimiento de las particularidades y principales problemas del contexto educativo. El conocimiento pedagógico y didáctico como una herramienta, competencia, para la enseñanza, no como el contenido fundante de la docencia.
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