El editorial de La Patria, en Manizales, cuestiona los motivos (protesta por protestar) de los estudiantes de las universidades Nacional y de Caldas, en Manizales, que tienen paralizadas las actividades sin fundamento alguno, y cuestiona argumentos de protesta de la Mane.
Las situaciones de cese de labores que viene teniendo la Universidad de Caldas, institución a la que ahora se le suma la Universidad Nacional sede Manizales deja al descubierto la intención de protestar por el solo hecho de hacerlo, sin reales motivos que hagan necesaria la parálisis. La consecuencia lógica de esta actitud es que la gran mayoría de estudiantes se encuentra perjudicada por el capricho de unos pocos, y las alternativas para salvar el semestre se agotan. Parece haber una clara disposición de generarcaos, y nada más.
Primero fue el rechazo a la prohibición del consumo de drogas y licor en el interior de la Universidad de Caldas, algo que en cualquier centro dedicado a la educación debería ser norma permanente e incuestionable. Después el número de alumnos por clases, lo cual fue ajustado prontamente. Siguieron luego las presiones para que el actual rector, Ricardo Gómez, no aspirara a mantenerse en el cargo, y tampoco su manifestación pública de retirarse de esa candidatura ha servido para el regreso de la sensatez.
Cada vez aparecen nuevos pretextos para sustentar que es necesario parar actividades y evitar que los demás estamentos universitarios continúen con sus labores. Ahora los estudiantes de la Universidad Nacional, pocas horas después de su reunión con la exsenadora Piedad Córdoba, deciden irse también a paro. Ocurre en el momento justo en que los problemas en la Universidad de Caldas parecían hallar solución. Hoy, sin importarles que la gran mayoría de los estudiantes pierdan el semestre, se mantienen en el capricho de bloquear para protestar.
La lista de exigencias que presentan en la Universidad Nacional va más allá de lo que es posible resolver en el corto plazo, y la actitud asumida por quienes lideran la protesta es totalmente intransigente, lo que desdibuja la legitimidad de sus reclamos. En evidente que estas minorías están en pleno derecho de manifestarse en contra de lo que no comparten, eso es propio de una democracia, pero no tienen el privilegio de afectar como quieran a la gran mayoría, que preferiría una manera diferente de llegar a acuerdos.
Muchos de quienes hoy protestan ni siquiera saben por qué lo hacen, como se ha evidenciado en varios trabajos periodísticos. Está imperando una conducta irracional que es contraria al buen futuro para la educación pública en el país, que es lo que dicen defender. Pruebas de ello es el exabrupto de reclamar $11,3 billones de una supuesta deuda que el Estado tendría con las universidades públicas, cuando la realidad es que esa cifra sólo es producto de un cálculo que apunta a la construcción de un sistema ideal de educación superior. En esto la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) está muy equivocada.
Algunos reclamos de los estudiantes tienen justificación, pero lo más sano sería abrir espacios de discusión de esos puntos sin tener que obligar a que todo el mundo pare. Las rendiciones de cuentas, por ejemplo, deben ser un ejercicio permanente y claro de cara a la comunidad universitaria, así como la total transparencia en la elaboración y ejecución de los presupuestos, pero esos son temas de los que se puede hablar sin presiones indebidas, y ejerciendo la madurez de personas que se están formando para ser excelentes profesionales.
Se necesita que regrese ya la sensatez, que se mantengan los reclamos pertinentes, si es el caso, pero sin que ello implique perjudicar a los demás. En toda la Universidad de Caldas deben seguir el ejemplo de quienes ya se decidieron por salvar el semestre y dejar de ocasionar traumatismos sin fondo. En la Nacional también es urgente que se entre en razón y se busquen salidas positivas, que realmente ayuden a desenredar el conflicto. La sociedad entera está de acuerdo en la necesidad de una educación de mejor calidad, pero eso solo puede logrars si se parte de los insumos del respeto, la tolerancia y las actitudes proactivas. Los sentimientos destructivos y opositores per se solo conducen a la desesperanza.
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