Por la emergencia, ¿se justifican clases virtuales con problemas de calidad?

Por la emergencia, ¿se justifican clases virtuales con problemas de calidad?

Abril 3/20 La epidemia afecta a todos. Estudiantes e IES deben ajustarse a una modalidad poco conocida. Más allá de la buena voluntad, la pregunta es si es válido avanzar académicamente con problemas de calidad.

Mientras que los rectores buscan, por todos los medios, no suspender clases, y así evitar también que no se pierda un semestre académico, grupos de estudiantes -algunos de privadas y especialmente de las públicas- promueven la posibilidad de que el semestre sea cancelado. Argumentan que las condiciones de conectividad y la no respuesta aún a la manera como las IES darán respuestana actividades que son difícilmente virtualizables, les lleva a pedir que el semestre se suspenda.

“El inconformismo por la calidad de la educación recibida, problemas de acceso a Internet y equipos de cómputo, así como falta de alternativas a estos inconvenientes tecnológicos son algunas de las críticas más comunes, las cuales han llevado a que algunos sectores pidan cancelar clases o incluso amenazan con irse a paro”. Así resume la situación el diario El Tiempo, que cuenta como algunos estudiantes de la UIS y la U. Nacional de Colombia

Ante esto, piden que se suspendan las clases (actualmente en algunas públicas se está terminando el segundo semestre del 2019 que fue aplazado por el paro del año pasado). Esto para garantizar la educación de quienes han presentado estos problemas. Dice el informe.

Similar situación advierte el diario El Colombiano, con respecto a quejas de estudiantes de la U. de Antioquia. ¿Los profesores olvidan que hay estudiantes que no tienen computador o Internet?, es la pregunta que se hacen. Directivos de las IES paisas plantean alternativas.

¿Salen a flote prejuicios?

Las universidades “tradicionales” y con mayor reconocimiento de calidad en el país se han consolidado a través de la presencialidad, y por lo mismo no han valorado la virtualidad y se han negado a reconocer esta modalidad como una opción real de formación.

Ha sido la pandemia las que las ha puesto contra la pared, y el prejuicio de muchos de sus docentes y directivos frente a la virtualidad han debido esconderse. Aún así, poner a un profesor caracterizado por su docencia presencial a pasar, de un momento a otro, a ser tutor virtual, es una acción que, claramente, genera reacciones tanto de éste como de sus estudiantes. No es fácil que un profesor que aprendió de forma presencial tenga alta motivación para formar virtualmente, aunque es posible.

Un análisis preliminar del grupo mexicano de investigación sobre Educación Superior en Coyuntura, de Guadalajara, en la que han participado docentes y estudiantes colombianos, señala que “el 88% de los profesores que ahora están impartiendo cursos virtuales solía desempeñarse en entornos presenciales y no había impartido clases virtuales y 59% de los alumnos nunca había tomado curso virtual. Es decir que está siendo una experiencia novedosa para la gran mayoría. Por otro lado, es llamativo que son los estudiantes quienes tienen percepciones y
actitudes menos positivas frente al fenómeno y son los docentes quienes, a pesar de la saturación y las altas demandas, siguen afrontándolo con, digamos, mejor cara”.

El mismo informe relaciona que el “73% de los profesores universitarios colombianos señaló que esperaría que el
trabajo académico fuera el mismo, sin embargo, están viviéndolo como superior. Llama la atención que ninguno de los docentes dijo esperar que el trabajo fuera menos que en la modalidad presencial, mientras que 17% de sus contrapartes latinoamericanos sí esperaban una carga menor”.

Hora de voltear la hoja y seguir adelante

La nueva situación abre un debate sobre la calidad de la educación y particularmente sobre la educación virtual.

Hay y habrá problemas. Para algunos este semestre será considerado como perdido. Estamos viviendo, como dice un académico consultado por El Observatorio, la vigencia “de los pdf colgados en una web poco amigable, la de los vídeos bajados de YouTube, la de los contenidos copié-pegue de la red sin respetar derechos de autor, la virtualidad del engaño sin contenidos de calidad, sin herramientas pedagógicas e interactivas, sin seguimiento y acompañamiento, la del fácil fraude por los estudiantes pues no cuenta con herramientas de seguridad. Ni se diga de la conectividad intermitente ni las plataformas que se mantienen caídas”.

Pero, mientras esto pasa, para la mayoría esto se constituye en una oportunidad para avanzar, para demostrar que, sí o sí, la educación actual no puede trabajarse sin la ayuda de la tecnología. “Bienvenido el debate del que unas pocas instituciones educativas saldrán a salvo. Es la hora de afrontar el cambio del modelo caduco y repetitivo presencial a la virtualidad con calidad”, señala el mismo académico.

Para los rectores esta situación les llevará a replantearse algunos modelos de gestión curricular, de personal docente, metodologías y ayudas tecnológicas para la docencia; para los profesores “viejos” (bien por edad o por prejuicios) es un campanazo: O cambian o ceden el paso, mientras que para los docentes jóvenes esta es una gran oportunidad para consolidarse.

Lo cierto es que la situación de la pandemia consolidará, definitivamente, la educación virtual, pues la tecnología no sólo se quedará definitivamente en la educación, sino en todos los campos de la vida diaria.

Sí, hay problemas de calidad en muchos profesores, programas e IES. La calamidad mundial tiene al sistema frente a esta realidad, y tal vez si no hubiera sido por eso, aun se mantendría la duda entre muchos “tradicionalistas” sobre su la virtualidad sirve o no.

¿Se justifican clases virtuales con problemas de calidad?, la respuesta no será popular, pero sí práctica: Sí. Para mejorar el aprendizaje hay múltiples herramientas y mucho tiempo, pero para cambiar paradigmas, motivos históricos como las de la pandemia, casi nunca se presentan.

Hay que tener paciencia, no es tiempo para protestas ni amenazas. Es hora de valorar una oportunidad. Como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga.

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