Marzo/24 Alzate Salazar, docente universitario. Analia las características, diferencias y formas como debe darse la investigación en la universidad de hoy.
Una de las preocupaciones que se suscitan cuando se ingresa a la Universidad, es la capacidad de respuesta ante las exigencias académicas y la manera como se deben afrontar los trabajos de investigación, escritos, ensayos y otras tareas propias de la Educación Superior. En la medida en que avanza la carrera se va complejizando el proceso formativo del estudiante y más cuando debe hacerse la pregunta: ¿qué debo hacer para optar mi título profesional? Para buscar respuesta a estas inquietudes, cada programa en la Universidad tiene estructurada una materia que tiene que ver con la investigación y es este el espacio en donde se buscan respuestas a muchas dudas del profesional en formación. Valdría la pena preguntarnos: el por qué, el cómo y el para qué se investiga en la universidad de nuestro tiempo.
La investigación en la Universidad tercermundista es subestimada y desperdiciada; no se reconoce ni se aprovecha las oportunidades de los Trabajos de Grado para resolver problemas científicos y para dinamizar propios programas. En el fondo, está implícito que la docencia no sabe qué es investigar y que la Investigación no tiene nada que ver con la docencia (Padrón, 2004)
Incluso, cada Universidad legisla desde su recortada autonomía en aspectos que tienen que ver con sus procesos académicos y requisitos de grado de los estudiantes desde los pregrados y posgrados hasta los doctorados. No existe un rasero académico o directriz ministerial en este campo, ya que cada Institución desde su misión, visión y ruta académica, orienta los procesos y exigencias para graduar a sus profesionales.
En este sentido, los centros de investigación en la mayoría de universidades colombianas centran su preocupación en los formatos que dan cuenta del financiamiento de investigaciones, porque esto es lo que miran los que visitan las universidades para acreditar programas. Pocas veces se preguntan el cómo se utilizarán sus resultados ni en qué sector de la sociedad podrían ser ubicados. Se contentan sólo con saber que habrá una investigación y que ésta se llevará a cabo de acuerdo a los cánones burocráticos. (Padrón, 2004)
La desazón por la investigación también puede darse porque, muchos asesores de tesis son expertos en el formato: marcos teóricos, estados del arte, marcos conceptuales objetivos, bibliografía y demás, para hacer lecturas rápidas a las construcciones juiciosas de lo indagado por el profesional en formación, y esto sucede porque solo interesa el formato. Si al menos un docente investigador inculcara en sus párvulos investigadores el ánimo por la lectura, la escritura, la ortografía y la redacción, podría decir que logró su objetivo. Pero por lo general, los asesores de investigación devuelven los trabajos solo con la observación: “eso no sirve, repítalo”. Acá la investigación se convierte en un acto fallido.
Para entender la importancia del diálogo de saberes y la ubicación de la docencia y de la investigación como un ejercicio de enseñanza aprendizaje, solo será posible cuando el docente investigador se ubique más allá de los laureles que soportan su hoja de vida y esto se logra aplicando humildad intelectual y asumiendo la didáctica y la pedagogía en la construcción de saberes teóricos y aún en los de más condición científica.
Desde mi experiencia en el mundo universitario y por las razones expuestas anteriormente, he percibido la razón por la que los semilleros de investigación pocas veces germinan. Los chicos no alcanzan a desarrollar las investigaciones y quienes de verdad se comprometieron, se quedan en mitad de camino, porque el afán de la graduación diluye los procesos investigativos que se emprenden. Valdría la pena el ejercicio de dialogo con un egresado para preguntarle en qué quedó su “tesis o trabajo de grado”. A lo sumo responde, eso me lo hicieron o eso solo fue una forma de matonear mi proceso para culminar carrea. Esto sucede en gran medida porque se requiere movilizar el talento de los jóvenes para que asuman su formación desde el goce y no desde la frustración diaria por discursos vacíos de aula.
En muchos casos quienes orientan las metodologías de la investigación en las universidades no siguen la ruta sobre líneas y niveles en los procesos investigativos y el rigor que lleva cada uno de ellos: el trabajo de grado, la tesis de grado y la monografía. Para obviar estas confusiones debe hacerse claridad sobre el Proyecto de Grado en los estudiantes y ubicarlos en el escenario respectivo, para que el ejercicio investigativo que asumen los jóvenes hacia la culminación de su carrera, tenga espacios de valoración y reconocimiento y no un proceso formal que termina con cientos de hojas en el basurero.
Por mucho renombre que busquemos, el proyecto de grado del profesional en formación, es la presentación de la propuesta conforme a las líneas de carrera, para luego avanzar hacia el campo específico del nivel que corresponde. Esto es: pregrado, especialización, maestría y doctorado. En este se sustenta de manera teórica la ruta que se va a seguir en un proceso investigativo. La tendencia que se tiene en la Universidad de nuestro tiempo es a deificar a los investigadores por sus lenguajes figurados y sombríos respecto a las teorías investigativas. Esta es una buena forma de banalizar el proceso y por ello el estudiante termina detestando la investigación porque no fue más que un obstáculo en su proceso de formación profesional.
Es importante considerar los niveles en los procesos de investigación, esto es, el trabajo de grado y monografía para pregrado y especialización y la tesis en la que ya se acredita un riguroso ejercicio de investigación para la maestría y el doctorado. De todas formas, esto corresponde a la autonomía académica de la Institución y a la percepción que tienen en este campo quienes dirigen los centros de investigación. Pero esto debe ser el resultado del debate académico en cada carrera para establecer líneas de investigación conforme al modelo pedagógico y al diálogo pertinente entre docencia, investigación y extensión.
Es necesario transformar estas prácticas y discursos detractores de la investigación en la formación profesional por acciones y diálogos que permitan dar continuidad a ejercicios de investigación iniciados y que sirvieron plenamente para el complemento formativo del profesional que egresó. Así no irían al basurero los escritos que se producen en procesos de investigación. En nuestras universidades duermen el sueño de los justos miles y miles de investigaciones valiosas, que no tienen nada que envidiar a las de los países primermundistas. Sin embargo, no sólo no han sido gestionadas como producto, sino que ni siquiera sabemos que están allí. (Padrón, 2004)
El trabajo de grado: es un ejercicio de profundización desarrollado por el estudiante de pregrado como requisito para optar al título profesional; desde este, se integran y aplican de manera teórico-práctica conocimientos y habilidades generando nuevos conocimientos. Con el trabajo de grado, se solicita al estudiante que presente una propuesta a manera de un ejercicio escritural con apoyo bibliográfico desde donde se ponen en práctica los conocimientos adquiridos en su proceso de carrera; para esto se supone que ha tenido unos elementos formativos metodológicos investigativos con los que puede ordenar y canalizar los saberes en los que ha encontrado mayor interés.
Sin embargo, las universidades, le dan más importancia a la forma que al fondo del tema investigativo. Basta con saber que, los estudiantes llegan del bachillerato con enormes vacíos en lectura, escritura, ortografía, redacción etc. Pero a esto poco interés se le presta, porque no aparece en el formato. Desde mi percepción, antes que exigir un elegante trabajo de grado, daría mayor importancia a un buen ejercicio de escritura con soportes bibliográficos, incluso publicable en alguna de las revistas que circulan en la universidad. Por lo general, el estudiante aprende muy pronto a evadir las exigencias de sus asesores de investigación y paga para que le hagan algo que le guste a los “docentes investigadores”, pero que muy poco
le importa al estudiante, quien solo busca graduarse.
Pero esto sucede porque no todas las universidades han hecho un adecuado ejercicio pedagógico de la investigación, de tal manera que los trabajos que se realizan puedan tener continuidad más allá del pregrado. Es de destacar que el trabajo de grado no solamente es útil para obtener el título de pregrado o postgrado, porque a partir de este se puede avanzar hacia nuevos logros en otros niveles académicos, construyendo proyectos de investigación de interés con mayor rigurosidad y que se tornan en su base intelectual para el desempeño profesional. (Camacho, 2010)
Aunque no todos los estudiantes alcanzan este interés, la Institución y por ende los docentes de cada carrera deben tener la capacidad para detectar las capacidades de estos y así, encaminarlos a investigaciones de orden superior. Tampoco se puede generalizar que el interés de todos los estudiantes termina con el diploma; estos serían los jóvenes de los semilleros de investigación que germinaron, a los que la Institución debe estimular y apoyar.
Si el trabajo de grado no trasciende la formalidad en la que ha estado, se convierte en una montaña de papel arrumada en anaqueles, lo que resulta un ejercicio verdaderamente antiecológico. Por lo general una vez se le aprueba un trabajo de grado a un estudiante, en bien da la vuelta pasa al tarro de la basura, porque ya cumplió el objetivo: obstaculizarle su grado y no una posibilidad de nuevos aprendizajes. Eso sucede en muchas universidades que asumen la investigación desde un formato y no como una ruta de mejores aprendizajes, entrelazando la didáctica y la pedagogía con todos los saberes.
La Universidad debe retomar el papel que la historia le asignó en el campo de la educación; con el pasar del tiempo ha desplazado su tarea a la capacitación y la instrucción. La sustitución sofista “moderna” de la educación por la capacitación, de la teoría por el adiestramiento, y del pensamiento, la filosofía, y la cultura del espíritu por la adquisición de destrezas técnicas ordenadas a la sola utilidad económica o política del individuo o la sociedad, está masivamente conduciendo a la “muerte” del pensamiento y a la disolución de la universidad. (Lander, 1993)
Aunque sabemos que las directrices del Ministerio de Educación Nacional, recortando la autonomía de las universidades las obligan al formato para demostrar investigación antes que, a una pedagogía para investigar, es necesario que las Instituciones de Educación Superior establezcan sus propias rutas para motivar la investigación en sus comunidades de estudiantes y profesores. Los jefes y profesores de investigación más allá de ser doctores deben tener una relación plena con la didáctica y la pedagogía. No basta con ser un teórico o un experto en formatos. Mucho menos el que maneja magistralmente el Turnitin. Creo en el investigador que desde su ser y sentir de maestro forma investigadores. Conforme a lo que vengo sosteniendo y desde la propia experiencia, he notado que esto sucede aun en los niveles superiores de formación, ya sea en especialización, maestría o doctorado. La tesis de grado que deben ser un buen ejercicio para acreditar formación de estudios superiores, por lo general no cumplen su tarea, en cuanto a motivar la profundización en un tema específico que se corresponda con el interés del futuro Magister o Doctor y no por darle gusto a un asesor, que casi siempre son personas con conocimiento de formatos y algunas lecturas, pero henchidos de soberbia y con pocos dotes de maestros. El llamado de atención que hago, para hacer las cosas de otra manera, no pretende de ninguna manera ignorar procesos de investigación que desarrollan muchas universidades, pero, esta no es la generalidad. Los doctos asesores de tesis de grado deben tener ante todo una formación fuerte en didáctica, pedagogía y prudencia intelectual, así mismo la experiencia suficiente en el campo de la docencia. Los doctores académicos más allá de ostentar sus títulos con prepotencia han de intentar ser maestros entendiendo que su tarea siempre será un ejercicio de enseñanza aprendizaje y esto se logra estableciendo desde sus discursos y practicas niveles de cercanía con el estudiante y no cercas que le separan de la cotidianidad académica.
En la medida en que el profesional avanza hacia niveles superiores los procesos de investigación se hacen más complejos y de mayor exigencia, sin embargo, esto no puede ser una razón para dejar de lado la capacidad de maestro para asesorar las investigaciones. En este paso podemos hablar de la tesis de grado, que en esencia son investigaciones, que concierne a un problema en un área definida de la ciencia y debe revelar lo que se sabe de él, lo que se ha hecho para resolverlo, lo que sus resultados significan, y dónde o cómo se pueden proponer progresos, más allá del campo delimitado por el trabajo. Partiendo del significado inicial, la tesis es un postulado que, luego de un proceso de investigación, puede sostenerse como una verdad que puede ser científica, dependiendo del ámbito y alcance del trabajo y de la calidad de las asesoría y acompañamientos que se tuvieron.
Usualmente se realizan tesis en procesos académicos hacia maestría o doctorado. Si en el proceso ha existido adecuada asesoría puede llegarse a un excelente resultado, sin embargo, por lo general, no es lo que sucede. Conozco no pocos casos del fastidio con que terminan estudiantes de maestría con su tesis, ya que hicieron fue construir algo no de su interés sino lo que interesaba al asesor; por ello sostengo que los asesores además del rigor científico deben intentar ser maestros, y así se puede llegar a excelentes trabajos y a procesos formativos que enorgullezcan a quienes los logran. El objetivo de la tesis de grado no es fastidiar a un estudiante; ante todo debe ser la comprobación de un planteamiento o el abordaje a un problema, a través de la investigación.
Con la tesis de grado, se escudriña el estado actual de una disciplina, pero además se avanza con nuevas ideas y hallazgos que se relacionan con la formación del autor. En este sentido, no entiendo por qué a un estudiante de pregrado se le exige tesis de grado, cuando este ejercicio es para programas más avanzados y que se dan cuando se buscan estudios superiores en especialización y maestría. Siendo de más rigor y mayor exigencia lo que se construye para obtener el título de magíster. (Abelardo, 1971)
La monografía hace referencia a un tema específico. En una extensión regular de 50 o más cuartillas, aborda un asunto que ha sido investigado con cierta sistematicidad; por lo general, es producto de un trabajo de investigación documental que únicamente da cuenta de información ya elaborada. Se puede presentar como un trabajo argumentativo, expositivo, explicativo o descriptivo. Es una investigación bibliográfica, no de campo, pero puede cumplir a partir de su rigor con las exigencias para optar el título de estudios superiores. Sea por el camino que se elija nada se logra si todo se sustenta fundamentalmente en el formato.
La Web está atiborrada de excelentes monografías de las que se puede intuir que hubo un ejercicio de investigación pertinente. Sin embargo, lo que encontramos siempre es el producto y no la experiencia que se tuvo en el proceso. Cuando la experiencia es satisfactoria para el investigador como para quien orientó la tesis o la monografía, este logro se guardará en la memoria del estudiante que alcanzó su construcción con lenguajes motivadores en los que hubo diálogo de saberes.
En este sentido, la monografía es un texto argumentativo, con función informativa, organizado en datos obtenidos con base en el tema elegido, que realiza un análisis completo al tomar información de varias fuentes y hace una reflexión crítica de esta. La palabra monografía es empleada con distintos alcances. Podría ser una oportunidad para lograr una buena publicación, porque dedica su interés y se enmarca en un tema específico rastreando la producción intelectual que existe, las diferentes posiciones sobre un tema en concreto. Para llevar a estos logros reitero se requiere ante todo una buena dosis de pedagogía para la investigación. De no ser así termina siendo un documento mas en el vacío. Umberto Eco, por ejemplo, en: cómo se hace una monografía, se refiere a textos de 100 a 400 páginas redactados durante una carrera por una o varias personas, sobre un tema referido a los estudios en que debe doctorarse. En algunas universidades la monografía califica para efectos de optar el título de maestría o doctorado y se publica como un texto de actualización bibliográfica de una disciplina en particular, pero no siempre cumple con los rigores que debe acreditar la tesis de grado, ya que en esta última debe surgir una propuesta novedosa en una disciplina en específico. (Eco, 2001)
Lo expuesto hasta aquí, es fruto de mi experiencia en el ámbito educativo, formado en una normal de pueblo, para desempeñarme luego en diferentes espacios como maestro de escuela en contextos rurales, en cabeceras municipales y en las comunas de la ciudad. Luego como estudiante en la universidad para lograr la licenciatura en historia y filosofía hasta llegar a ser docente de filosofía y ciencias sociales en colegios. En esta faceta tuve docentes que motivaron mi ejercicio de lectura y escritura desde la amabilidad, el rigor y el reconocimiento a logros; ellos fortalecieron mi caminar en el ejercicio de la docencia intentando ser maestro.
Luego abordé el campo de la especialización en Cultura Política y Derechos Humanos, espacio donde tuve el privilegio de compartir con maestros e intelectuales que movieron algunas malezas mentales que prevalecían desde etapas anteriores. A partir de esta fase de mi vida incursioné en la Educación Superior, tratando de no olvidar mi formación de maestro.
Ya en el atardecer de mi existencia cursé la maestría en educación y tuve la mejor experiencia con docentes que me indicaron rutas de aprendizaje hacia la investigación más allá del formato para obtener mejores logros, todo ello con rigurosidad, pero sin prepotencia, desde el alegre encuentro siempre con maestros, quienes, desde su cercanía con la didáctica y la pedagogía, nunca hicieron ostentosidad con sus saberes para motivar mejores logros. jamás la prepotencia será puente para la construcción de saberes. Intentar ser maestro es una opción.
Bibliografía
– Abelardo, M. j. (1971). Manual para la preparación de monografías: una guía para presentar informes y tesis. Madrid España: Humanitas.
– Camacho, H. (2010). Qué es un trabajo de grado . Universidad Sergio Arboleda.
– Eco, U. (2001). Cómo se hace una tesis . Barcelona: Gedisa.
– Lander, E. -C. (1993). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas. Buenos Aires: CLACSO, Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales.
– Padrón, G. J. (2004). Los 7 pecadados capitales de la investigación universitaria tercermundista. Caracas Venezulea: Investigaciones
educativas.
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