Propuestas disruptivas asociativas. Nuevas respuestas de las IES – Carlos Hernando Forero Robayo

Propuestas disruptivas asociativas. Nuevas respuestas de las IES – Carlos Hernando Forero Robayo

En su opinión de octubre, Forero Robayo, resalta las acciones de integración entre IES, el Estado y otros actores, para buscar respuestas a los diversos sectores y necesidades sociales.

En la columna anterior nos referimos a propuestas disruptivas para modificar los sistemas de admisión que usan las IES, si quieren responder a grandes desafíos y albergar nuevos grupos poblacionales. Hoy haremos referencia a interesantes propuestas disruptivas entre IES oficiales y no oficiales, que armónicamente y en ejercicio de la autonomía universitaria, muestran una posibilidad desde lo local y regional y sobre las cuales se deberían diseñar políticas públicas para potenciarlas. Los ejemplos afortunadamente son muchos, pero el espacio de la columna es limitado, por lo tanto, solo enunciaremos algunas.

Como lo señala Brunner (Brunner JJ (2021), Educación superior 2050: Innovaciones disruptivas y adaptaciones incrementales), se requiere de un nuevo tipo de innovaciones, y ya comienza a conformarse un cuerpo teórico que habla de innovaciones sistémicas poderosas, no individuales, que además de lo económico valoran el componente ambiental y utilizan los principios de la economía circular y de la cadena de valor; con lo cual el impacto es de mayor alcance y conllevan un esfuerzo asociativo. A su vez aparecen propuestas como la que convoca la Universidad Javeriana para el mes de noviembre, donde se propone que las IES se vean como plataformas educativas integradas a ecosistemas que actúan bajo coherencia, colaboración, coordinación y coproducción. Sin perder de vista que en materia de tendencias debemos atender los cambios: demográfico, tecnológico y climático.

Una propuesta disruptiva que está en sus comienzos corresponde a 11 municipios de la Sabana Centro, cercanos a Bogotá, que unidos han determinado una serie de necesidades estratégicas para sus territorios y para la subregión. Allí tienen asiento varias IES oficiales y no oficiales como las universidades de La Sabana y La Militar, conformando un grupo de 8, que decidieron escuchar a los municipios y determinar las capacidades necesarias en el orden formativo, investigativo y de servicios, que les permitiera responder a los desafíos planteados por los municipios, reconociendo que ninguna de manera individual era capaz de dar una respuesta efectiva y por ello constituyeron un HUB que acumula capacidades y les da sinergia para resolver problemas concretos en el orden regional.

Ello implica que, para atender grandes desafíos estructurales del entorno, es necesario imaginar nuevas formas de operar que superen el individualismo y permitan formular propuestas disruptivas y sistémicas. Ojalá la política pública y una nueva valoración sobre el papel de la educación superior permitan que nazca y se desarrollen estas ideas para ser replicadas en otras regiones del país. En Antioquia en el proyecto de regionalización se encuentran también respuestas interesantes que han requerido innovación sistémica. Los peligros son muchos, desafortunadamente en estos días apareció la voz burocrática del Ministerio de Agricultura que, desde un escritorio en Bogotá, pretende definir la vocación productiva de los 11 municipios de Sabana Centro.

En otro campo como el vínculo Universidad – Empresa – Estado, tenemos referentes exitosos a nivel regional y nuevas institucionalidades como, por ejemplo, Connect Bogotá y Tecnova en Antioquia, donde se especializan en detectar necesidades de las empresas y confrontarlas con las capacidades científicas y tecnológicas de las IES, para de manera asociativa dar respuesta y con ello contribuir al desarrollo regional. Si bien estas nuevas instituciones pueden tener un enfoque de negocios, podrían transcender y ampliar su ámbito con más IES y más empresas de todo tipo, para que la ciudad entera se vea beneficiada y se pasará a una unidad de operación en que las autoridades municipales estén verdaderamente comprometidas en función del bien común que debe buscar la educación superior, en un desarrollo sostenible que involucre lo económico, lo social y lo ambiental.

Nuevamente el llamado es a que la política pública y las concepciones sobre la calidad con pertinencia social, permitan fortalecer estas iniciativas, extenderlas y potenciarlas en el marco nacional. Ojalá las propuestas de reforma del marco legal entiendan el paradigma del Estado como promotor de ese vínculo de la educación superior con los diferentes actores de la sociedad, esto también hace parte de concebirla como un derecho fundamental.

Un tercer campo para hacer propuestas disruptivas es el de la internacionalización de la educación superior, que sin duda tiene avances a nivel de cada IES y de la red conformada para promoverla, RCI, pero que no permitirá superar las cifras pequeñas que tenemos en materia por ejemplo de movilidad académica. Bien podría plantearse una meta más grande en este componente de la internacionalización como aspirar a que por lo menos el 10% de todos los estudiantes, tuviera la ocasión de hacer movilidad en otros países y que por lo tanto bajo el principio de la reciprocidad se tuviera el mismo número de estudiantes y profesores de otros países en nuestro sistema.

Para ello se debería operar de manera distinta y en el marco del proyecto de país para el mundo, de la internacionalización de nuestras regiones y ciudades y no solamente como un proyecto de cada IES; conformando una institucionalidad local que permita articular esfuerzos con otros paradigmas en mente y teniendo claro las necesidades de los estudiantes extranjeros que queremos estén con nosotros en forma más significativa. Algunos sondeos a estudiantes del Norte y de Europa, indican que ellos quieren tener una experiencia académica no en una IES sino en varias, quieren tener una experiencia en el mundo laboral, quieren vivir una experiencia en el desarrollo de un proyecto social, con lo cual desplieguen competencias genéricas de liderazgo, creatividad, emprendimiento, interculturalidad y dominio de otras lenguas.

Cuando el país aspira a tener 15 millones de visitantes extranjeros, la educación superior no puede estar por fuera de esta oportunidad, pero debemos cambiar los conceptos, la forma de operar, pensar en grande, compartir con otros actores y de manera asociativa, generar sinergias y tener ganancias colectivas; por ello se reclaman propuestas disruptivas, nueva institucionalidad, recursos, enfoque solidario y políticas públicas pensando en país, región y territorios que compiten a nivel internacional, comprendiendo el papel estratégico de la ES para el desarrollo y el alcance de grandes metas por el bien común.

Suficientes bases de inspiración encontramos en todas nuestras regiones colombianas, que demuestran la búsqueda de respuestas innovadoras que han intentado grupos de IES, pero que corren el peligro de marchitarse si se abandonan por parte del Estado, o el Estado continúa viéndose como interventor o evaluador y no promotor con fluidez y flexibilidad. O, cuando no se valorizan suficientemente en lo que es un buen desempeño institucional y sus patrones de medición. Construyamos política pública nacional a partir de lo regional y lo local y recordemos al inmenso maestro Fernando Botero que afirmaba que no se puede ser universal si no se es local.

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