Junio/25 Cardozo, PhD en Filosofía y Lingüística, y profesor universitario, reflexiona críticamente sobre el conflicto que aparece en los docentes entre investigar-publicar y educar-enseñar.
Hoy en día se ha naturalizado el hecho de que algunos (muchos) profesores de educación superior se preocupan más por publicar que por cumplir con la labor esencial: educar y enseñar. Ahora, la pertenencia a un grupo de investigación, ojalá categorizado, y el afán por realizar o vincularse a investigaciones académicas se han hecho tan comunes que es muy raro escuchar a un docente decir que dedicará su tiempo a prepararse para ofrecer unas sesiones de clase de calidad; siempre están ocupados pensando en el proyecto de investigación y, por supuesto, en la publicación inherente a ello.
Quienes no conocen el funcionamiento de algunas IES se preguntarán qué lleva a que la función principal de los docentes pase a un segundo o último lugar en la lista de actividades y por qué la prisa y el empeño intenso por dedicar el tiempo a las publicaciones. La respuesta es muy simple y para evitar eufemismos innecesarios basta con aclarar que es una cuestión estrictamente pecuniaria: en las universidades públicas, mientras más publique un docente en revistas indexadas, más se le aumenta el sueldo.
Por lo anterior, se puede afirmar que una de las peores ideas que se han adoptado con el fin de parangonar las IES ha sido lo de rankings por investigación y publicaciones. Hasta el momento, no se ha publicado (o el autor de este artículo no lo conoce) un ranking acerca de la calidad educativa de los docentes en clase, algo que podría incluir los procesos didácticos, la fundamentación disciplinar, la percepción de los estudiantes, el manejo de los recursos disponibles, la puntualidad y la organización del tiempo, entre otros aspectos que demostrarían, en realidad y con pragmatismo, la verdadera competencia de un profesor.
Sin duda, una excelente -o por lo menos buena- labor docente se refleja en profesionales más competentes, por ende, en una sociedad más preparada desde lo científico, lo técnico y, ante todo, lo humanista, pero si el profesor está ocupado preparando su artículo y no piensa en las clases, ¿qué se puede esperar de los futuros profesionales?
Surgen otras inquietudes en torno de ese asunto: ¿los resultados de tantísimos artículos publicados por los docentes han sido útiles o, por lo menos, ampliamente difundidos? Si se habla con franqueza, no es común escuchar a un estudiante o docente o directivo mencionar algo como: “tengo unas horas libres, entonces voy a leer los artículos de mis profesores o compañeros”. Con un poco de crudeza, aunque también algo de tristeza, se debe aceptar que no es común que en tiempos libres se lean esos artículos. De hecho, parece más trágico que cuando un profesor escribe un libro, a veces los estudiantes lo leen solamente porque es obligatorio para la clase y, bueno, por lo menos el autor vende unos ejemplares. El quid de este asunto se resume en que esos súper artículos publicados en revistas especializadas indexadas suelen ser leídos solamente por los pares evaluadores, los editores (a veces) y los estudiantes a quienes se obliga a ello; de hecho, no falta quien también obligue a los alumnos a citar esos textos para sumar citaciones en Google Scholar.
Con el ánimo de ser interactivo, se le propone la siguiente pregunta al lector de este texto: ¿alguna vez ha escuchado a un docente comentar que tiene tiempo y que leerá -por gusto o placer y no porque está escribiendo un artículo- las publicaciones de otros docentes en revistas especializadas?; ¿o será que TikTok y otras redes sociales y plataformas son las que en verdad protagonizan el manejo del tiempo libre? Por cierto, se difunde y se conoce mucho más un video de TikTok, que también puede versar acerca de un tema disciplinar o académico -no es lo común ni lo mayoritario, pero los hay-, que un artículo publicado en la revista de la más alta categoría internacional o nacional. Si realmente el interés fuera que el conocimiento o los resultados de investigación llegaran a un número amplio de lectores, no se pensaría solamente en revistas que lo único que garantizan es el aumento de los puntos para el salario, aunque el número de lectores sea preocupantemente exiguo, sino que se buscarían espacios de difusión accesibles y llamativos para un público sinceramente interesado.
En definitiva, los docentes ahora investigan y publican tanto para aumentar sus salarios (y el ego), que no les queda tiempo para preparar y desarrollar una clase de calidad hacia sus olvidados estudiantes. Además, no se ha demostrado ni evidenciado que las publicaciones de artículos científicos hayan mejorado las prácticas docentes; de hecho, pareciera lo contrario si se asume desde la perspectiva del manejo del tiempo con la erotema; ¿a qué se está dedicando más el docente universitario?
Bueno, así finaliza este corto texto; por lo pronto, el autor de esta disertación se irá a publicar un resultado de investigación en una revista indexada para que el salario aumente…, ah, perdón, “para aportar conocimiento”.
Otra columna del autor: La satanización de la virtualidad: Gerardo Cardozo Rincón
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