Rector de la Uniatlántico debe renunciar: Milton Zambrano – Enero/19

El académico de la U. del Atlántico y columnista de Zona Cero, señala que le quedará muy difícil al rector Carlos Prasca salir de las últimas acusaciones en su contra.

Carlos Prasca Muñoz llegó a la rectoría de la Universidad del Atlántico después de sortear la batalla política y legal que libró, junto son sus aliados, en el Consejo Superior. Su victoria, sin embargo, no dejó satisfecho a un sector de los universitarios, que quería en el cargo a otro aspirante, el señor Rafael Castillo.

Las personas que apoyaban a Castillo desataron una feroz campaña de desprestigio contra Carlos Prasca, una vez este se posesionó en la rectoría. Antes habían tratado de sacar, utilizando toda suerte de recursos bajos, a la rectora encargada que antecedió a Prasca, quien no se prestó para su juego de depredar a la universidad.

Rafaela Vos Obeso, la rectora encargada que reemplazó a Castillo (quien estuvo en la rectoría luego de la salida de Ana Sofía Mesa), fue asediada mediante una guerra simbólica y violenta para desprestigiarla, con el propósito de que renunciara. El pasquín, la calumnia, las injurias, el matoneo en las redes y la toma por los capuchos de su oficina, estuvieron en el menú para intentar su salida.

A esto juega siempre el submundo violento que ha querido tomarse a la fuerza la universidad, no propiamente para defenderla y mejorarla, sino para depredarla y destruirla, como se vio en la administración politiquera y clientelista del señor Castillo, en la cual se puso el presupuesto de la institución al servicio de sus intereses personales (y de sus aliados), al entregar contratos, cargos y hasta jugosos cheques a cambio de apoyo político.

Ahora la víctima de ese juego sucio de injurias, calumnias, violencia y montajes perversos es el actual rector, Carlos Prasca Muñoz. A Prasca le montaron una colosal campaña de desprestigio las mismas personas que convirtieron a Castillo en un semidiós, porque este les abrió las compuertas del presupuesto, y se plegó a los juegos del populismo más ramplón.

Sobre Prasca se han dicho, también, las peores mentiras y se han exagerado las medias verdades, con el único propósito de desestabilizar su administración, al presentarlo como lo peor. Lo construyeron como su enemigo y han contribuido a destrozarlo como su enemigo, creando en la universidad un clima de inestabilidad y zozobra demasiado tóxico.

Mucho del material que se ha publicado contra él son injurias, calumnias y mentiras sin mayor sustento probatorio, que solo buscan desacreditarlo para destruirlo. Pero parte de ese material, desafortunadamente, no es falso ni se basa en mentiras. Este último contiene datos y situaciones que comprometen seriamente al rector, y que lo ponen en entredicho.

Se desconoce la forma como sus enemigos obtuvieron los audios y las fotografías que han puesto en jaque al rector. Él ha expresado, a través de los medios, que violaron su intimidad y la de su señora, y que hasta le falsificaron la voz, para mostrarlo ante la opinión pública como una persona que no merece estar en la rectoría.

No se sabe si sus enemigos le organizaron una trampa o un complot, y él cayó ingenuamente en la celada, entregándole más armas a sus detractores. Lo cierto es que lo muestran desnudo en una habitación que parece de motel (aunque él sostuvo que la foto es en su casa),  y han publicado un diálogo con una mujer que no es su esposa, donde aparece eróticamente descompuesto, utilizando un lenguaje bastante obsceno.

Una situación de estas (con todas las trazas de ser cierta), tan escabrosa y comprometedora, nunca se había presentado en la historia de la universidad. Es una vergüenza más, que se une a la zozobra que siempre nos deparan los capuchos, los tropeleros, la violencia y el matoneo que organizan los sectores más descompuestos de la institución.

Ahora no solo tenemos que soportar los universitarios la tiranía de los lumpen que no respetan a nada ni a nadie, sino el matoneo en la ciudad, la Región y el país por el comportamiento indecente e indigno de un rector que no supo respetar la majestad de su cargo.

La crítica que se hace nada tiene que ver con un falso moralismo (de pecadores flagelando, hipócritamente, a otro pecador), o con el deseo de invadir la vida privada de nadie, sino con el hecho de que se trata de una actitud comprometedora que se ha hecho pública, y que no solo lesiona a Carlos Prasca, sino a la institución y a toda la comunidad universitaria.

Lo que se ha divulgado volatiliza y problematiza aún más la gobernabilidad dentro de la Uniatlántico. Si el rector tenía inconvenientes serios para enfrentar las dificultades internas que le han planteado sus enemigos, ahora esos problemas se incrementarán con creces, cabalgando en el sambenito del escándalo sexual que le provocaron, al publicar aspectos de su intimidad.

El desprestigio que acompaña a un caso como el suyo no solo cubrió (como una negra mancha de aceite) a la mayoría de la comunidad universitaria, sino que ya se regó en la ciudadanía externa, en los medios de comunicación, en las redes sociales, y circula hasta en el interior del país.

Ese desprestigio adquirió dimensiones de catástrofe, dañando la imagen del rector, de su administración y de toda la institución. El efecto de este escabroso escándalo en la imagen de la universidad, es equiparable al efecto desastroso de los capuchos, los lumpen, los tropeleros y los matoneadores, que también dañan la imagen externa de la institución.

No es posible imaginar cómo hará el rector de ahora en adelante para presentarse ante los estudiantes, o ante los profesores, con esa carga tan negativa provocada por el escándalo sexual a que lo empujaron. ¿Tendrá todavía algo de legitimidad, respeto y autoridad para seguir gobernando sin mayores contratiempos?

Lo que le hicieron sus enemigos al rector no solo está relacionado con la moral (que lo está, indudablemente), sino, sobre todo, con el funcionamiento institucional, con la imagen externa de la universidad y, más que nada, con la gobernabilidad interna. De ahora en adelante será muy difícil que Carlos Prasca goce de la tranquilidad requerida para terminar bien su período.

No parece posible que pueda desvirtuar la parte cierta de la campaña de desprestigio que le orquestaron. Ni tampoco nada de lo que haga de aquí en adelante podrá disolver la imagen negativa que proyectan él y su administración, como consecuencia del escándalo.

Por tal motivo, lo más conveniente para los intereses de la institución y de la comunidad universitaria es que el rector renuncie. O que, de acuerdo con la legalidad vigente, el Consejo Superior lo releve del cargo.

Es mucho el peso que los sectores no contaminados tenemos que soportar, al sufrir los embates de la subcultura violenta (dirigida por capuchos, pasquineros, depredadores y matoneadores), como para agregar ahora este pesado camión cargado de plomo.

Señor Gobernador y señores miembros del Consejo Superior: es necesario, por el bien de la institución, que el señor Carlos Prasca Muñoz renuncie. Por favor, profesor Prasca: dé un paso al costado y libere a la universidad de un problema que puede crecer aún más: renuncie.