Sobre democracia y sus representantes estamentarios en la U. pública: Jaime Leal – abril/22

El rector de la UNAD, Jaime Alberto Leal Afanador advierte que una IES sin la participación y crítica argumentada y positiva de sus estudiantes, docentes y egresados, dejaría de ser Universidad.

Una de las principales diferencias de las universidades con las empresas y con la mayoría de las organizaciones políticas y religiosas e, incluso, ONGs, es que las instituciones de educación superior (IES) públicas no tienen dueños, ni del capital económico, ni de la infraestructura, ni de las ideas y proyectos que allí se realicen menos de los conocimientos generados.

Esto significa que todos quienes hacen parte de las llamadas comunidades académicas, son protagonistas activos en la definición de su agenda, destino y gobierno, bien sea como docentes, estudiantes, investigadores, personal de apoyo, egresados o directivos.

Para entender mejor este concepto, permítanme explicar cómo la naturaleza de las universidades, como la UNAD, las convierte en un patrimonio social, no solo porque tienen un origen público (mediante Ley de la República), porque parte de su financiamiento se da con transferencias presupuestales del Estado, y porque cuenta con representantes del gobierno nacional y territorial (Presidencia de la República, Ministerio de Educación y gobiernos territoriales en cabeza de alcaldes o gobernadores) en el máximo órgano de la Institución: El Consejo Superior Universitario.

La Universidad, un patrimonio de todos

La Universidad es, por esencia, una institución social, que gira en torno de la verdad, el estudio, la ciencia, la mejora, la investigación, la innovación  y el servicio.

En torno del conocimiento y su impacto social gira su actividad, y alrededor de la sabiduría, las necesidades y expectativas de la humanidad, congrega la inquietud intelectual de estudiantes, docentes e investigadores (quienes en el mundo actual deben ser también estudiantes de por vida) y de servidores públicos comprometidos en garantizar el rol de la Universidad como institución al servicio de la sociedad, cada vez más conectada con las necesidades ciudadanas y oportunidades del territorio, estando inclusive por encima de los excesos del poder de los gobiernos, de las ideologías de los dirigentes territoriales pero siempre en el interés de liderar para responder de manera efectiva a las nuevas demandas de conocimiento y a reconocer el valor de las tendencias sociales, culturales y económicas tradicionales e innovadoras.

La Universidad es una institución milenaria, que conserva la tradición y el saber, pero también es la institución que por excelencia está llamada a liderar nuevos paradigmas, y a tomar como referente de su papel actual la innovación para garantizar, desde el conocimiento propio, la transformación y la movilidad social de quienes hacen parte de las comunidades a las que debe servir.

Por ello la educación superior constituye un servicio público, a la vez que un derecho ciudadano. Sin ella, las naciones están condenadas a la esclavitud laboral, la maquila y el trabajo en oficios que apenas dan para sobrevivir. Con ella, la productividad, las relaciones sociales, la autoestima y, sobre todo, la capacidad de superar a las generaciones precedentes con mejores estándares de vida, tienen más posibilidad de lograrse.

La responsabilidad de la dirección universitaria

Tanto el rector de la UNAD como los de todas las universidades públicas en Colombia (34), somos personas que hemos tenido un recorrido en educación superior, bien como docentes, investigadores, o directivos, o todas las anteriores; que debemos demostrar un amplio conocimiento y trayectoria de la universidad que se dirige y, sobre todo, que ocupamos dicha dignidad no por imposición, compra o decisión de algún grupo de interés o poder particular.

En las universidades públicas el rector es elegido por el Consejo Superior que a la vez debe consultar a la propia comunidad académica, y que en el ejercicio de la autonomía universitaria determina los tiempos de tal responsabilidad de dirección según lo definan  en cada Estatuto la Institución.

Las universidades, en su autonomía (consagrada en la Constitución Política), libremente deciden el número de años y las veces que puede ser elegido su rector, quien para llegar allí obtiene el mayoritario respaldo del Consejo Superior Universitario, conformado por representantes entre otros de todos los estamentos, que estudian ,debaten y aprueban la propuesta rectoral sobre como debe ser orientada la Institución para el periodo rectoral correspondiente.

En el caso colombiano, la Ley de Educación Superior (30 de 1992), define -en su artículo 63- que “las universidades estatales u oficiales y demás instituciones estatales u oficiales de Educación Superior se organizarán de tal forma que en sus órganos de dirección estén representados el Estado y la comunidad académica de la universidad”.

La misma norma indica quiénes deben integrar dicho Consejo Superior Universitario:

a) El Ministro de Educación Nacional o su delegado.

b) El Gobernador, en las universidades departamentales.

c) Un miembro designado por el Presidente de la República.

d) Un representante de las directivas académicas

e) Un representante de los docentes

f) Un representante de los egresados

g) Un representante de los estudiantes

h) Un representante del sector productivo

i) Un ex-rector universitario.

El rector de la Universidad tiene asiento en el Consejo Superior, con voz y sin voto. Cuando éste aspira a ser re-elegido, no puede votar y el Consejo Superior define sin su presencia.

Los representantes de la comunidad en las decisiones de la Universidad

Por su gran número de integrantes, pero sobre todo por su importante rol en el día a día de la vida universitaria, los docentes, estudiantes y egresados participan de las decisiones curriculares, de planeación, proyección, dirección y autoevaluación de sus programas y de la propia Universidad.

Como resulta inviable que todos tengan capacidad de decisión frente a la gestión universitaria, la UNAD cuenta con representantes de estos, no solo a nivel de Consejo Superior, sino también en el Consejo Académico y en los escenarios colegiados de Escuelas y Programas. De esta forma se garantiza que todos sean debidamente representados y escuchados.

Estos representantes son voceros de sus comunidades ante la Universidad y no son subalternos del rector. Son coequiperos, con una mirada crítica proactiva para el futuro de la universidad, en la construcción de las políticas y estrategias institucionales deseadas y proyectadas de manera planificada.

Los representantes de docentes, estudiantes y egresados no ganan salario por ello. La transformación de su trabajo en proponer ajustes reglamentarios, aprobación de planes y el logro de que las necesidades y expectativas de sus comunidades sean escuchadas por la alta dirección, constituyen el reconocimiento a su compromiso y trabajo.

Para ser elegidos, compitieron con otros compañeros de sus estamentos, quienes también diseñaron propuestas e hicieron campaña para dar a conocer sus iniciativas y obtener los votos necesarios, en elecciones democráticas, para alcanzar dicha dignidad representando su respectivo estamento.

Al fin y al cabo, una Universidad sin la crítica argumentada y positiva de sus estudiantes, docentes y egresados, dejaría de ser  lo que es en su ser y razón de ser Universidad para servir a los colombianos y colombianas.

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