Monsalve, sociólogo de la Universidad de Antioquia, cuestiona la opinión del exdirector de Planeación Nacional, Simón Gaviria, en su escrito titulado Virtualidad con costos marginales de casi cero.
El diagnóstico parte del presupuesto tan simple de que la educación superior es un problema de transmisión de información, por parte de Gaviria. Empero, las facilidades de comunicación que se pueden dar mediante tics son solamente una entre muchas condiciones habilitantes para la prestación del servicio educativo. Tal diagnóstico estima al estudiante apenas como al usuario de una plataforma toda vez que logre conectividad y sea ya un matriculado en la educación superior. Así se completa la ecuación donde hay unos contenidos descargables y el estudiante ya puede acceder a ellos, luego ya puede adquirir los conocimientos, prepararse y obtener la formación en una profesión o disciplina.
No, no es tan simple como se acaba de describir. La acción educativa depende de más factores que la disponibilidad de contenidos o la facilidad de los medios de comunicación involucrados para transmitir aquellos. La educación como un acto coherente y comprehensivo, y más cuando se trata de formar profesionales, requiere una intervención pedagógica desarrollada por un cuerpo docente que no opera bajo costos como los de rendimientos marginales decrecientes que aplican para el uso de las tics. Cada estudiante demanda acompañamiento pedagógico que lo podríamos traducir en horas-cátedras limitadas a la capacidad humana para su atención. Por eso no se puede asimilar automáticamente a un usuario conectado a una plataforma en un estudiante integro.
Ahora, se espera realmente todo lo contrario a “ampliación de cobertura sin antecedentes” desatada por la virtualidad con costo marginal casi cero, si de lo que se trata es de ofrecer un servicio educativo de calidad. El mismo autor reconoce el carácter ‘elitesco’ de la educación superior dando el ejemplo de tasa de admisión de la Universidad Nacional 1/11 entre aspirantes y admisiones. Luego, cualquier ampliación importante de la cobertura debe contemplar que al disminuir la selectividad se verán más expresadas las dificultades de los estudiantes, es decir, si con los pocos cupos actuales hay una deserción, con mucha más oferta disponible la universidad acogerá más estudiantes con peores condiciones precedentes para desenvolverse, tanto académicas como socioeconómicas.
Lo anterior no es una excusa ni justificación para no avanzar en la ampliación del servicio educativo hacia garantizar el derecho a la educación; es una razón para entender la complejidad del reto de llevar la educación superior a segmentos de la población que no han accedido a ella, para no caer en una falacia que tal ampliación de coberturas se puede hacer a “con coste marginal casi cero”. Esa complejidad empieza por el bajo logro medio de la educación preuniversitaria y su necesidad de nivelación, así como por un mayor apoyo socioeconómico requerido (bienestar universitario).
Finalmente, el costo marginal casi cero es que un exdirector de Planeación Nacional entienda mejor la estructura de los costos de la educación superior, para no hablar de la acción formativa como una donde el factor de conectividad e infraestructura, que sí puede tener costos marginales casi cero, es solamente una condición entre muchas para ampliar la oferta educativa.
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