¿Sobrevivirá la universidad?: Freddy Naranjo Pérez

¿Sobrevivirá la universidad?: Freddy Naranjo Pérez

Marzo/26 Para Naranjo Pérez, exdecano de ingeniería de la U. Autónoma de Occidente, la narrativa que anuncia la muerte universitaria es simplista: microcredenciales sirven, pero no reemplazan formación profunda ni pensamiento crítico.

Cada cierto tiempo reaparece el mismo diagnóstico: la universidad está muriendo. Después de la pandemia, el coro se volvió más fuerte. Que los jóvenes ya no quieren estudiar 4 o 5 años. Que prefieren certificaciones cortas. Que el mercado manda y la universidad no responde.

Seré directo: esta narrativa es miope, oportunista y peligrosa.

Critiquemos esto con hechos. Es cierto, hay jóvenes que optan por certificaciones rápidas. Y hacen bien si eso responde a sus objetivos inmediatos. Sí, las certificaciones son útiles para habilidades específicas –un bootcamp en programación o un diploma en marketing digital–. Pero confundamos menos: una microcredencial puede entrenar una habilidad; difícilmente forma criterio. Puede enseñar una herramienta; no necesariamente enseña a pensar con rigor, a investigar, a argumentar, a sostener una posición bajo escrutinio.

Pero ¿reemplazan la profundidad de una educación universitaria? Absolutamente no.

A los escépticos: ¿De verdad creen que un certificado de Google o Coursera los prepara para liderar en un mundo volátil? Muéstrenme datos reales, no anécdotas de influencers. Los empleadores top siguen valorando grados universitarios por su rigor. Según informes de McKinsey y el World Economic Forum, las habilidades del futuro –como el análisis complejo, el pensamiento crítico y la ética– no se aprenden en atajos.

Reducir la universidad a “empleabilidad” es empobrecerla. Y también es estratégicamente torpe. Las habilidades técnicas cambian cada pocos años. La capacidad de aprender, desaprender y pensar críticamente es lo que permite sobrevivir a esos cambios.

La universidad no es una fábrica de títulos; es un ecosistema que forja pensamiento crítico, resiliencia intelectual y redes que duran décadas. Ha sobrevivido guerras, revoluciones y pandemias. ¿Por qué? Porque evoluciona. Las instituciones con visión clara –foco en buena docencia, investigación y conexión con el mundo real– no solo sobreviven, prosperan.

La universidad no desaparecerá. Seguirá existiendo porque las sociedades complejas necesitan algo más que capacitación acelerada: necesitan instituciones que produzcan conocimiento confiable y formen profesionales con profundidad.

Lo que sí está en crisis no es “la universidad” en abstracto. Son esas instituciones sin identidad. Las que prometen todo y no hacen nada con excelencia. Las que corren detrás de cada tendencia del mercado sin una apuesta intelectual clara. Las que no saben explicar por qué existen. Las que se diluyan en la irrelevancia administrativa y el marketing vacío.

Muchas de estas deberían desaparecer por decreto.

El riesgo real no es que los jóvenes abandonen la universidad. El riesgo es que las universidades abandonen a los jóvenes, ofreciéndoles estructuras rígidas del siglo XX para problemas del siglo XXI.

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