Tomás y Jerónimo, los “bobitos”

Tomás y Jerónimo, los “bobitos”

Por Jorge Yarce. Presidente ILL

Dos muchachos sanos y buenos, egresados de los Andes, cuya orientación ética es neutral por estatutos, están metidos claramente en un problema ético, simplemente porque siendo hijos del presidente se dejaron seducir por los negocios y por quienes queriendo ayudarles y ayudarse les metieron el caramelo en la boca.

No hace falta tanto debate en el senado, ni tan enconadas posiciones políticas de los enemigos de Uribe para darse cuenta de que la cosa es muy sencilla: la ética es personal pero tiene implicaciones hacia afuera, y va más allá del derecho.  Por ejemplo yo puedo vivir las leyes con lealtad y eso es una actitud ética, o puedo vivirlas torcidamente, aprovechándome de ellas sin violarlas para favorecer a otros, y eso es una actitud inmoral.

El derecho tiene una fuerza coactiva por la cual si trasgredo la ley voy a dar con mis huesos a la cárcel. En cambio la moral me hace un reclamo a la conciencia, y si la tengo muy endurecida ni me entero: pero tiene una fuerza que opera hacia adentro de la persona y se percibe desde fuera.

Claro que a Tomás y a Jerónimo les echaron una mano y ellos se la dejaron echar. Tienen por supuesto derecho a desenvolverse profesionalmente y a hacer sus negocios, pero deben ser conscientes de que cada paso que dan, y cada funcionario con el que se encuentran querrá ser condescendiente y ayudarles.

Si no se ponen la mano en el corazón y utilizan bien la cabeza, la cosa se les enredará cada día más porque saltarán al ruedo más datos y más funcionarios. Deberían reconocer simplemente que activa o pasivamente se beneficiaron del tráfico de influencias y estuvieron andando por la cuerda floja, ingenuamente al creer que actuaban como un negociante más, cuando para todos los demás eran los hijos del presidente a los que había que ayudar en alguna forma.

Si no lo hacen y echan para atrás todo, y reconocen su falta, van a quedar como los “bobitos” del paseo, que le sirven en bandeja a los enemigos del papá la oportunidad de atacarlo en un punto de alta sensibilidad para los ciudadanos. Y más, con el precedente que nos recuerda las trastadas de algunos hijos del ejecutivo, casi siempre legales pero no éticas, a pesar de lo dicho por Oscar Iván.

Y a quienes esgrimen los argumentos éticos para armar el debate, habría que recordarles que ojalá esgriman la ética y admitan su existencia no sólo para atacar al presidente, sino para defender la dignidad de la vida y para combatir la corrupción en todos los niveles del estado, incluido el congreso. Ese sí que sería un debate positivo para el país. Examinar que es necesaria la ética pública y que son necesarios los valores éticos para construir una democracia equitativa y una convivencia en la justicia. No una ética de ocasión, decidida por alzada de mano, sino una ética realista fundada en principios esenciales válidos para todos.

JY

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co

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