Un necesario debate sobre el capitalismo académico: Galo Adán Clavijo – julio/22

Clavijo, ya reconocido por sus detalladas investigaciones y pesquisas bibliográficas sobre temas como gobierno universitario, entre otros, ahora profundiza en el polémico concepto de Capitalismo Académico. Su extenso informe (adjunto en PDF), puede resumirse así:

Este artículo tiene como propósito describir las características singulares que presenta el capitalismo académico en la Universidad. Muestra cómo según las definiciones que de él proporcionan los diferentes autores, articula términos esencialmente controvertibles.

En general la teoría del capitalismo académico versa principalmente sobre la actividad universitaria ligada a los mercados, al ingreso de recursos obtenidos por vía comercial y, en general, a la valorización económica de los productos y servicios de conocimiento.

De esta forma, en su versión original, el capitalismo académico describe la forma en que las universidades y los académicos son incentivados a adoptar comportamientos propios de los actores de mercado, sobre todo porque deben competir por recursos externos (contratos, donaciones, asociaciones universidad-industria, incubadoras de empresas, cobros de aranceles a los estudiantes, etc.), cuya importancia aumenta conforme disminuye el financiamiento proveniente del subsidio público.

Esta tendencia permite poner en perspectiva nuevas prácticas de las universidades como la venta de productos y servicios con fines de autofinanciamiento, o comportamientos que funcionan en espacios diseñados como si fueran mercados, como la competencia institucional por fondos escasos bajo concurso, o la competencia de los investigadores por financiamientos para sus proyectos o para acrecentar sus remuneraciones extraordinarias mediante programas de pago por mérito

En este escenario, la Universidad pasa de ser una institución—orientada por la idea de Bildung, y gobernada por sus propios académicos al amparo del Estado, a ser una organización académica preocupada de gestionar estratégicamente sus asuntos en un ambiente competitivo y de dar cuenta de sus resultados al tiempo que los sistemas nacionales de educación superior se masifican, diferencian y burocratizan y giran su economía política hacia los mercados.

Las universidades se han vistos sujetas a la lógica del mercado a través de la creación e imposición de toda clase rankings y escalafones, de acreditaciones y de reconocimientos de calidad académica. La idea tradicional de universidad ha atravesado recientemente cuatro etapas de forma rápida: universidades de élite, universidades democráticas, universidades corporativas y finalmente universidades como empresas del conocimiento. De forma llana y directa, las universidades venden información, y además y cada vez más recientemente, venden conocimiento. El conocimiento se ha convertido en un commodity. Las formas mediante las que ofertan conocimiento es justamente a través de posicionamientos en escalafones, rankings, acreditaciones e internacionalización; de programas o del prestigio de algunos de sus profesores e investigadores. El negocio ha cambiado fuertemente a lo largo de la historia.

El capitalismo académico da cuenta de la reestructuración de la educación superior en el contexto de la globalización, implicando cambios organizativos sustanciales que han conducido a la adopción de nuevas formas de organización y de gobernanza; cambios asociados a la asignación interna de recursos, que se refleja, por ejemplo, en la apertura, cierre o reorganización de departamentos y unidades académicas; cambios sustantivos en la división del trabajo académico con respecto a la docencia y la investigación y, en consecuencia, en la modificación de la naturaleza, contenido y organización del trabajo académico y su control; en fin, cambios que inciden en el establecimiento de proyectos conjuntos con el gobierno y el sector empresarial, tales como las incubadoras de empresa, los parques industriales y los contratos de servicio.

Así, las universidades se encuentran hoy subsumidas a la economía y el mercado, perdiendo la autonomía de la que gozaron en otros momentos, para incorporarse a redes de producción de conocimientos en las que las decisiones académicas empiezan a ser tomadas a partir de motivaciones económicas.

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