Universidad – Empresa: Condición de Calidad que salvará la Educación Superior en Colombia: Fabián Jaimes Lara

Universidad – Empresa: Condición de Calidad que salvará la Educación Superior en Colombia: Fabián Jaimes Lara

Julio/25 A propósito el nuevo acuerdo de acreditación, Jaimes Lara (*), académico, asesor y directivo en el sector,  propone una agenda concreta de acción para las IES colombianas, basada en el principio de que la educación superior debe ser un motor de cambio social y desarrollo territorial.

LA RELACIÓN UNIVERSIDAD–EMPRESA COMO NÚCLEO ESTRATÉGICO PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLOMBIA

(*) Fabian Jaimes Lara: Director del Programa de Publicidad y Mercadeo – Fundación Universitaria San Martín, y experto en Aseguramiento de la Calidad, Innovación Curricular y Educación Superior

MÁS ALLÁ DE UNA RELACIÓN UNIVERSIDAD VS EMPRESA

La articulación entre las Instituciones de Educación Superior (IES) y el sector externo — compuesto por empresas, organizaciones de la sociedad civil, entidades gubernamentales y redes de innovación— debe ser entendida como una función estructural del sistema educativo y no como una dimensión complementaria. Esta relación, cuando se implementa de forma sistémica y estratégica, garantiza la pertinencia, sostenibilidad e impacto social de los programas académicos, posicionándose como uno de los núcleos transformadores más relevantes para la educación superior del siglo XXI (Consejo Nacional de Acreditación [CNA], 2025).

El sustento normativo de esta visión se encuentra en el Decreto 1330 de 2019, el cual establece que los programas de educación superior deben demostrar coherencia entre sus propósitos formativos, el perfil de egreso, y las necesidades del entorno social, productivo y científico (Ministerio de Educación Nacional [MEN], 2019). Esta exigencia se profundiza con el Acuerdo 01 de 2025 del CNA, que eleva la relación con el entorno a una condición de calidad fundamental, instando a que dicha interacción no sea episódica, sino constante, verificada y alineada con las funciones misionales de docencia, investigación, proyección social y bienestar institucional (CNA, 2025).

El contexto actual demanda una educación superior que forme ciudadanos capaces de comprender e intervenir en los desafíos contemporáneos. Estos incluyen el desempleo juvenil, la desarticulación entre formación académica y competencias requeridas por el mercado, y la necesidad de fortalecer el tejido empresarial desde la innovación y el conocimiento aplicado (OCDE, 2022). Por tanto, los programas de pregrado y posgrado no pueden seguir operando desde modelos cerrados y centrados únicamente en la teoría disciplinar. Deben migrar hacia ecosistemas de aprendizaje dinámicos, interconectados con el territorio, donde los estudiantes experimenten la complejidad del mundo real y adquieran herramientas para su transformación (García-Peñalvo, 2022).

Desde esta perspectiva, la relación universidad–sector externo deja de ser una actividad adicional y se convierte en una estructura de co-creación de valor. A través de estrategias como los proyectos integradores, el aprendizaje basado en retos (ABR), las prácticas profesionales inmersivas y las alianzas universidad-empresa-Estado-sociedad, se fortalece la formación por competencias, la inserción laboral, y la capacidad institucional para incidir positivamente en los contextos locales, regionales y globales (Cobo, 2023).

Además, esta integración favorece el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), particularmente aquellos relacionados con el trabajo decente y el crecimiento económico (ODS 8), la industria, innovación e infraestructura (ODS 9) y la educación de calidad (ODS 4), reafirmando el papel de las IES como agentes activos del cambio social y
económico (UNESCO, 2022).

Como lo señala el CNA (2025), este modelo de relacionamiento debe ser sostenible, evaluable y bidireccional, generando evidencia concreta del impacto de las actividades académicas sobre las organizaciones con las que se trabaja. Esto implica que las IES deben adoptar herramientas de medición de impacto, sistemas de trazabilidad y estructuras institucionales que consoliden una cultura de colaboración continua con el entorno.

En suma, los fundamentos del modelo de articulación universidad–sector externo no se limitan al cumplimiento de una normativa, sino que constituyen una apuesta de futuro por una educación superior más contextualizada, inclusiva y transformadora. La universidad ya no puede limitarse a formar profesionales técnicamente competentes: debe formar líderes éticos, innovadores y comprometidos con el desarrollo de sus comunidades, en sinergia con los actores del territorio (Jaimes Lara, 2025).

UN ECOSISTEMA DE INNOVACIÓN ABIERTA: TRANSFORMACIÓN ACADÉMICA DESDE LA INTERCONEXIÓN TERRITORIAL Y PRODUCTIVA

La educación superior en Colombia enfrenta actualmente el reto de transitar desde un modelo cerrado, centrado en la reproducción disciplinar del conocimiento, hacia un ecosistema de
innovación abierta, que posicione a las universidades como agentes articuladores del desarrollo territorial, la sostenibilidad social y la competitividad económica. En este contexto, la relación universidad–sector externo no puede ser vista como una estrategia periférica, sino como un núcleo funcional, estructural y estratégico de los programas académicos.

Este ecosistema se enmarca en el modelo de la cuádruple hélice, el cual reconoce que la innovación sostenible y con impacto social requiere la cooperación permanente entre universidades, empresas, Estado y sociedad civil (Carayannis & Campbell, 2012). Las IES están llamadas a liderar esta sinergia, mediante la construcción de rutas formativas flexibles, interdisciplinarias y conectadas con las realidades del entorno, que permitan integrar procesos de formación, investigación aplicada, extensión solidaria y transferencia de conocimiento.

En este sentido, los programas de pregrado y posgrado deben ser pensados como plataformas de convergencia entre el saber académico y las necesidades productivas y sociales. El Acuerdo 01 de 2025 del Consejo Nacional de Acreditación (CNA) establece de manera clara que los programas académicos deben incorporar en su diseño y ejecución el relacionamiento efectivo y sistemático con el entorno, demostrando evidencia de impacto, cocreación de conocimiento, empleabilidad de egresados y transferencia de tecnología (CNA, 2025).

Para lograr este propósito, las universidades deben diseñar currículos transformadores, estructurados por competencias reales, que integren metodologías activas como el Aprendizaje Basado en Retos (ABR), el Aprendizaje por Proyectos Integradores, los laboratorios vivos de innovación, las aulas extendidas y la educación dual, en colaboración directa con empresas, gobiernos locales y organizaciones sociales. Estos entornos de aprendizaje permiten que los estudiantes no solo adquieran conocimientos técnicos, sino que desarrollen habilidades blandas, pensamiento estratégico, visión ética y capacidad para la resolución de problemas complejos (UNESCO, 2022; Salazar & Díaz, 2023).

Además, este modelo exige repensar la función investigativa de las universidades. Más allá de la investigación básica, se requiere un énfasis en la investigación aplicada, en la que las
IES se conviertan en centros de pensamiento y solución de problemas para el tejido productivo, apoyando procesos de innovación, mejora de procesos, desarrollo de nuevos productos, marketing digital, transformación tecnológica, y sostenibilidad organizacional (Gibbons et al., 1994). La consolidación de semilleros con impacto territorial, redes de investigación colaborativa universidad–empresa, y proyectos de impacto social, fortalece la cultura de innovación desde el aula hasta la sociedad.

Este ecosistema también se nutre de herramientas como las microcredenciales, las certificaciones laborales intermedias, la internacionalización en casa y la gamificación académica, que diversifican la experiencia educativa y permiten trayectorias formativas más personalizadas, escalables y reconocidas en el mercado laboral (OECD, 2021). La formación ya no se concibe como una experiencia aislada de cuatro o cinco años, sino como un proceso continuo, escalonado y articulado con el aprendizaje a lo largo de la vida.

En síntesis, convertir a la universidad en un ecosistema de innovación abierta significa asumir una postura proactiva frente a los desafíos del siglo XXI, tales como la digitalización, la automatización, el cambio climático, la inclusión, el desempleo juvenil y la inequidad regional. Implica crear estructuras organizativas más horizontales, interdisciplinarias, y
colaborativas, que fomenten la circulación del conocimiento, la creatividad, la ética profesional y el compromiso ciudadano.

Estrategias para una Relación Transformadora Universidad–Sector Externo

La consolidación de una relación efectiva y transformadora entre la universidad y el sector externo no puede depender exclusivamente de enunciados normativos o discursos institucionales. Se requiere una puesta en marcha de estrategias prácticas, sostenibles y evaluables, que permitan a los programas académicos —tanto de pregrado como de posgrado— conectarse de manera orgánica con los entornos productivos, sociales y territoriales. Estas estrategias deben orientarse a lograr una educación pertinente, innovadora y de alto impacto, alineada con el artículo 2.5.3.2.2.3 del Decreto 1330 de 2019 y con los estándares del Acuerdo 01 de 2025 del Consejo Nacional de Acreditación (CNA).

Proyectos Integradores y Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP)

Una de las estrategias más relevantes y con mayor impacto comprobado es la incorporación de proyectos integradores y el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como metodologías pedagógicas centrales. Estas estrategias consisten en vincular al estudiante con problemas reales del entorno productivo, social o institucional, permitiéndole aplicar conocimientos,
desarrollar competencias blandas (trabajo en equipo, liderazgo, resolución de problemas, creatividad) y construir portafolios profesionales desde etapas tempranas del proceso formativo (Barrows, 1996; Hernández & Ventura, 2021).

La participación directa de empresas, ONGs, cooperativas y entidades públicas en estos proyectos genera espacios de aprendizaje vivo, con resultados tangibles tanto para los actores externos como para las instituciones educativas. Además, fortalece la empleabilidad de los egresados y promueve la confianza del sector externo en la capacidad innovadora de las
universidades.

Laboratorios de Co-creación, Aulas Extendidas y Prácticas Profesionales Contextualizadas

La implementación de laboratorios de co-creación y aulas extendidas permite que los estudiantes trabajen en ambientes simulados o reales, diseñados para la experimentación, innovación, prototipado y validación de ideas, muchas veces en alianza con actores externos. Esta estrategia promueve la interdisciplinariedad, el trabajo colaborativo, y la apropiación de retos sociales o productivos, consolidando una cultura institucional centrada en la resolución de problemas.

Las prácticas profesionales, cuando son diseñadas en corresponsabilidad con el sector empresarial, dejan de ser un requisito administrativo para convertirse en experiencias de aprendizaje situadas, donde el estudiante consolida competencias en contextos de alta exigencia, lo que mejora sus posibilidades de inserción laboral y movilidad profesional (UNESCO, 2022; Salazar & Díaz, 2023).

Formación Dual, Educación Continua y Certificaciones Sectoriales

La formación dual, ampliamente reconocida en países como Alemania, Austria y Colombia (a través del SENA y experiencias universitarias piloto), se presenta como un modelo ideal para fortalecer el vínculo universidad–empresa. Esta estrategia combina tiempo en aula con períodos en empresa, permitiendo al estudiante aprender haciendo en contextos reales de producción, comercialización o servicios.

Además, las microcredenciales y certificaciones laborales intermedias ofrecen una respuesta pertinente a la demanda del mercado por perfiles técnicos, especializados y actualizados. Estas certificaciones, cuando son avaladas por empresas, gremios o cámaras de comercio, permiten que la universidad responda de manera flexible y modular a las necesidades del entorno (OECD, 2021).

Los programas de educación continua, alineados con las tendencias sectoriales (como transformación digital, sostenibilidad, innovación social, inteligencia de negocios, etc.), fortalecen la proyección institucional y permiten generar trayectorias de aprendizaje permanente que trascienden los ciclos formales.

Participación de Egresados y Empleadores en la Gestión Curricular

Un modelo educativo realmente conectado con el entorno debe incluir a los egresados y a los empleadores como agentes activos en la construcción curricular, la actualización de contenidos y la evaluación de resultados de aprendizaje. Esto implica crear espacios institucionalizados como consejos de programa con participación externa, comités consultivos empresariales, focus group de empleadores y encuestas de satisfacción con egresados y empresas.

Esta estrategia no solo fortalece el principio de retroalimentación permanente, sino que garantiza que las decisiones curriculares no se tomen de manera aislada, sino a partir de evidencias del mundo del trabajo, de las tendencias del sector y de las dinámicas regionales.

Finalmente, este conjunto, de estrategias no son excluyentes ni independientes: forman parte de una arquitectura pedagógica y organizacional compleja, que debe ser planificada,
articulada y evaluada desde los proyectos educativos institucionales y los planes de desarrollo institucionales. La universidad del siglo XXI solo podrá cumplir su misión transformadora si logra construir relaciones auténticas, colaborativas y recíprocas con el sector externo, proyectando sus programas como espacios de generación de valor compartido, impacto social
y desarrollo sostenible.

Resultados Institucionales y Contribución a la Calidad

El modelo de relación universidad–sector externo no solo representa una estrategia académica, sino una apuesta estructural por la transformación institucional. Los resultados obtenidos por las Instituciones de Educación Superior (IES) que implementan de manera coherente este modelo son múltiples, medibles y sostenibles, consolidándose como evidencia empírica de su contribución a los procesos de aseguramiento de la calidad y a la renovación de las funciones misionales de la universidad.

Alta empleabilidad y preparación para entornos reales

Los programas académicos que vinculan activamente al sector productivo, social y territorial logran índices superiores de empleabilidad, ya que sus egresados no solo poseen conocimientos teóricos sólidos, sino competencias aplicadas, experiencia previa en proyectos reales y habilidades blandas fundamentales para insertarse con éxito en contextos laborales complejos (González & Martínez, 2023). La preparación ética, contextualizada y práctica se traduce en profesionales integrales, capaces de liderar procesos de transformación e innovación en sus organizaciones.

Retención estudiantil y disminución de la deserción

El sentido de propósito que se construye mediante metodologías como el Aprendizaje Basado en Retos (ABR), proyectos integradores, prácticas profesionales y educación dual, incrementa significativamente la motivación del estudiante y su permanencia en el sistema educativo. Estas estrategias promueven procesos de autorregulación, valoración del conocimiento, conexión con la realidad y fortalecimiento de la identidad profesional, factores para reducir los índices de deserción (MEN, 2022).

Visibilidad institucional y reputación académica

Al integrar activamente a empresas, comunidades y redes interinstitucionales, los programas aumentan su visibilidad mediante la participación en rankings sectoriales, redes de
innovación, medios especializados y escenarios de cooperación internacional. Esta exposición estratégica permite que las IES se posicionen como actores relevantes en sus regiones y como referentes de transformación educativa en el ámbito nacional e internacional.

Fortalecimiento de alianzas estratégicas y convenios

La implementación sostenida de un modelo de vinculación externa propicia el establecimiento de alianzas de mediano y largo plazo con sectores, generando sinergias para investigación aplicada, desarrollo de prácticas profesionales, participación en redes de conocimiento, diseño conjunto de programas y asesorías empresariales. Estas alianzas fortalecen tanto la pertinencia del currículo como las oportunidades de aprendizaje experiencial.

Sostenibilidad académica y financiera

Un modelo educativo que responde a las demandas del entorno genera atractivos diferenciales para la captación de nuevos estudiantes, mejora la fidelización, incrementa el valor percibido del programa y diversifica las fuentes de ingreso institucional. La innovación curricular y pedagógica, articulada con el contexto externo, permite desarrollar servicios de formación continua, consultorías, proyectos con financiación compartida y programas en alianza que contribuyen a la sostenibilidad económica de las IES.

EL DOCENTE-COACH EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR: MENTORÍA TRANSFORMADORA PARA EL SIGLO XXI

El rol del docente-coach se ha consolidado como una figura clave en los procesos de transformación educativa dentro de las Instituciones de Educación Superior (IES) en Colombia. Más allá del papel tradicional de transmisor de contenidos, el docente-coach actúa como un mentor integral, comprometido con el desarrollo académico, profesional, ético y humano de sus estudiantes. Esta figura es esencial para responder a las demandas del Acuerdo 01 de 2025 del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), que enfatiza la necesidad de formar profesionales capaces de liderar procesos de transformación desde la pertinencia, la innovación y la vinculación efectiva con el entorno (CNA, 2025).

El docente-coach se convierte así en un facilitador del aprendizaje significativo, promotor del pensamiento crítico, gestor de experiencias pedagógicas activas y agente de conexión entre el aula y la realidad social, productiva y cultural. En este modelo, el profesor diseña rutas formativas basadas en el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), el Aprendizaje Basado en Retos (ABR), y en el uso de laboratorios de co-creación y aulas extendidas. Estas metodologías permiten que el estudiante no solo adquiera conocimientos, sino que construya identidad profesional, fortalezca su capacidad de liderazgo, y desarrolle un portafolio con impacto en su entorno (García-Peñalvo, 2022; Cobo, 2023).

Desde la perspectiva normativa, el Decreto 1330 de 2019 establece que la calidad educativa está intrínsecamente relacionada con la interacción del programa académico con el sector
externo, mientras que el Acuerdo 01 de 2025 del CNA refuerza esta visión al reconocer la figura del docente como eje de las condiciones de calidad 3 (Pertinencia), 5 (Relación con el
entorno) y 8 (Resultados de aprendizaje). El docente-coach cumple un rol articulador en estas dimensiones, al ser el enlace entre el estudiante, el conocimiento y el entorno productivo y social (MEN, 2019; CNA, 2025).

Este enfoque ha demostrado resultados concretos en diferentes programas de pregrado y posgrado. Se ha evidenciado una mayor retención estudiantil, mayor empleabilidad de egresados, mejor alineación entre los perfiles de formación y los requerimientos del mercado laboral, así como una mayor capacidad de las IES para generar valor compartido con empresas, ONGs, entidades públicas y comunidades.

Señalo que este modelo de docencia “no dicta clase, construye identidad y conocimiento”, al poner en el centro del proceso formativo al estudiante como sujeto activo, reflexivo y situado en su realidad. El docente-coach no es solo un académico, sino un formador de vida, capaz de acompañar procesos de transformación individual y colectiva.

En conclusión, el docente-coach se proyecta como una de las innovaciones estructurales más importantes en la educación superior contemporánea. Su consolidación como figura institucionalizada permite a las universidades cumplir con los estándares de calidad nacional e internacional, responder a los desafíos del entorno y formar profesionales íntegros,
creativos y comprometidos con la transformación de su contexto.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Cobo, C. (2023). Innovación pendiente: La universidad en la era de la transformación digital. Editorial Ariel.

Consejo Nacional de Acreditación – CNA. (2015). Acuerdo 01 de 2015: Condiciones de calidad para programas académicos de pregrado. Ministerio de Educación Nacional de Colombia.

Consejo Nacional de Acreditación – CNA. (2020). Acuerdo 02 de 2020: Parámetros para evaluación externa con fines de acreditación institucional. Ministerio de Educación Nacional de Colombia.

Consejo Nacional de Acreditación – CNA. (2025). Acuerdo 01 de 2025: Lineamientos para el aseguramiento de la calidad en programas académicos y su relación con el entorno. Ministerio de Educación Nacional de Colombia.

García-Peñalvo, F. J. (2022). Metodologías activas en educación superior: desafíos y oportunidades. Education in the Knowledge Society (EKS), 23(1), 1–10. https://doi.org/10.14201/eks.25487

Jaimes Lara, F. (2025). Universidad – Empresa. Relación con el sector externo. La condición de calidad que salvará la educación superior en Colombia. Fundación Universitaria San Martín. Disponible en Amazon y editorial académica.

MEN – Ministerio de Educación Nacional de Colombia. (2019). Decreto 1330 de 2019. Por el cual se actualiza el régimen de registro calificado de programas académicos de educación superior. Diario Oficial de Colombia.

MEN – Ministerio de Educación Nacional de Colombia. (2024). Decreto 0529 de 2024. Por el cual se reglamenta la educación virtual y otras modalidades. Diario Oficial de Colombia.

UNESCO. (2022). Replantear los futuros de la educación: Un nuevo contrato social. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379707

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