Análisis de Alexánder Fernández, Profesor UNAD, Magíster en Educación Superior, Universidad de Oslo, en UN Periódico.
La mayoría de las universidades en Colombia no cuentan con políticas claras de internacionalización y están quedando por fuera del contexto global del conocimiento, poniendo en duda la calidad de la enseñanza, la investigación y la extensión. Hay esfuerzos aislados pero insuficientes, y se está corriendo el riesgo de caer en el “parroquialismo académico”.
La internacionalización de la educación superior es un proceso que permite a las universidades integrar una dimensión global a sus tareas de enseñar, investigar y ofrecer servicios de extensión y educación continua. Así, estas instituciones buscan relacionarse con sus similares en otros países para debatir y consolidar una integración que, sin perder la identidad nacional, posibilite la unificación de criterios y forme profesionales con perfil internacional.
En Colombia, las instituciones públicas con acreditación de alta calidad lideran esta labor. Sin embargo, las del sector privado han logrado establecer con mayores resultados políticas para que sus currículos tengan un equilibrio de referentes dentro y fuera del país, así como para que los estudiantes fortalezcan su aprendizaje de lenguas extranjeras y adquieran alto conocimiento en el manejo de las tecnologías de la información y la comunicación. Adicionalmente, les han facilitado a sus profesores investigar junto a colegas de otras naciones y han creado importantes redes académicas que enriquecen la visión del conocimiento.
En el contexto global de educación superior, al optimizar el modelo de internacionalización de las universidades, los países desarrollados han tenido mayor éxito no solo académico e investigativo, sino también de orden social, cultural y económico. Cabe resaltar que, en dichos países, la internacionalización dentro de la era actual de la globalización y de la sociedad del conocimiento se ha venido investigando desde los años 80. El modelo ha llegado al punto de optimizar evaluación y calidad sobre dicho proceso.
Esfuerzos insuficientes
En nuestro entorno, este fenómeno se empezó a discutir a finales de los años 90. Desde el 2003 y hasta el 2007, los estudios patrocinados por el Banco Mundial y la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún) revelaron que las condiciones en el proceso de internacionalización eran marginales, desde el Ministerio de Educación (MEN) la participación era nula, y en general el panorama no era muy alentador.
Actualmente se evidencia mayor articulación y apoyo en la capacitación de las universidades para que inicien la creación de sus modelos de internacionalización. Mediante el impulso de diferentes estrategias, Ascún y la Red Colombiana para la Internacionalización (RCI), fundada en 1996, lograron que organismos gubernamentales como el MEN, el Icfes, el Icetex y Colciencias se unieran y promovieran en un contexto global la educación superior en Colombia.
En el 2010, instituciones de educación superior no universitaria recibieron capacitación de estas entidades lideradas por el MEN. Asimismo, se reunieron universidades de Centro y Suramérica en mesas de trabajo orientadas por la RCI para desarrollar redes académicas de orden global.
En términos puntuales, este tema ha alcanzado un mayor nivel de dinamismo que, aunque no es suficiente, muestra el interés de los múltiples actores por la educación superior nacional.
Adicionalmente, la propuesta de reforma a la Ley 30 de 1992 incluye promover y apoyar los programas de internacionalización de las universidades, y reconoce la necesidad de incrementar la productividad y la competitividad del país a través de la cooperación externa. De igual manera, urge a las universidades a mejorar sus estrategias en esta área, comprometiendo al MEN en su fomento y apoyo. Una vez se discuta y consolide dicha reforma, se espera que el Gobierno cumpla con el desarrollo de la internacionalización de la universidad colombiana y ajuste el presupuesto a esta necesidad.
Casos particulares
Universidades privadas con acreditación institucional como la Javeriana y el Rosario reflejan un modelo completo y efectivo para la internacionalización. La primera en esencia tiene ese carácter por su vínculo con instituciones que cuentan directamente con apoyo del Vaticano, como la Universidad de Georgetown, el Boston College, ambas en Estados Unidos, o la Universidad de Sofía en Japón. Esta situación facilita la interacción con la comunidad mundial y fortalece las redes de investigación institucional.
En el caso de las universidades públicas, han logrado implementar acciones relacionadas con la internacionalización de su quehacer, tomando este proceso como subeje desde sus respectivos planes de desarrollo institucional. Sin embargo, es evidente la ausencia de políticas definidas que permitan establecer estrategias e implementarlas con indicadores bajo un modelo propio de gestión.
Es de resaltar que la Universidad de Antioquia tiene una participación consolidada de sus 22 dependencias bajo el apoyo de la Dirección de Asuntos Internacionales. Por su parte, la Universidad del Valle ha diseñado una propuesta que plasma políticas y acciones para fortalecer la movilidad en dos sentidos: a través de programas de bilingüismo y procesos de doble titulación, entre otros.
La Universidad Nacional de Colombia ha reformado su Oficina de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales (ORI), y asimismo implementó una agencia de cooperación internacional que impulsa la articulación de la actividad investigativa y académica institucional. Además, promueve la acción externa de cada una de las vicerrectorías, facultades, programas, departamentos y centros. También cuenta con los insumos de la comunidad académica para el desarrollo y la consolidación de sus políticas de internacionalización.
Consecuencias del proceso
La calidad de la enseñanza, la investigación y la extensión están expuestas a juicio cuando las instituciones dan una mirada crítica y enriquecedora al contexto global de la educación superior. Se avanzó pasando de la universidad medieval a la industrial, y ahora se busca la “universal”, partiendo del principio de que aprender es para toda la vida.
No generar un proceso sistemático y participativo para la integración de la actividad internacional en las universidades dificulta siempre los esfuerzos que, por relevantes que parezcan, terminan siendo aislados. Se corre el riesgo de caer en el parroquialismo académico, en fomentar el mal uso de los recursos institucionales y en promover la actividad académica e investigativa con la perspectiva de la universidad medieval.
En conclusión, es importante tener claro que las políticas por sí solas son “retórica”, las estrategias sin visión son “ilusiones” y las acciones sin medición de impacto solo reflejan un “activismo irreflexivo”. En lugar de este accionar y si la meta es lograr que las universidades colombianas sean de rango mundial, se debe procurar la construcción de un ciclo coherente, articulado y estratégico desde la generación misma de las políticas hasta la medición del impacto para la integración de la dimensión internacional.
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