¿Y una Misión de Sabios costeña?: El Heraldo – Marzo/19

Editorial del Diario Barranquillero “El Heraldo”, a propósito de la conformación de la Misión de Sabios.

Quizá sea el momento de ahondar en el debate sobre la calidad de los investigadores e intelectuales costeños  –que estamos convencidos es elevada–  y  ver cómo ponen de la mejor manera sus servicios a los intereses de la región.

Un costeño más, el antropólogo guajiro Weildler Guerra, ha entrado oficialmente a formar parte de la Misión de Sabios, cuerpo asesor conformado por el Gobierno para diseñar las políticas públicas de ciencia, educación e innovación.

Nos complace que el Ejecutivo haya dado este paso, no solo por el hecho de que Guerra sea un eminente intelectual de nuestra región y de que, además, tengamos el enorme privilegio de contarlo desde hace tiempo entre los columnistas de EL HERALDO. El principal motivo de nuestra complacencia es que estamos sinceramente convencidos de que el grupo de sabios designado por el presidente Duque se va a ver enriquecido con los conocimientos de este egregio wayuu, para beneficio de todos los colombianos.

Desde el momento en que se constituyó la Misión de Sabios, a comienzos de febrero, este periódico promovió un debate sobre la escasísima presencia de costeños en el grupo. De los 43 integrantes iniciales, solo figuraban dos nacidos en el Caribe, ambos mujeres: la samaria María del Pilar Noriega y la barranquillera Adriana Ocampo. Pero lo que menos nos interesaba era su lugar de nacimiento, sino, sobre todo, dónde se habían formado y dónde estaban desarrollando su actividad profesional, porque estos datos nos ayudarían mejor a entender nuestra realidad en materia de liderazgo intelectual. Observamos que Noriega cursó sus estudios universitarios en Medellín y había dedicado su carrera al estudio de los polímetros en un prestigioso instituto de esa ciudad. En cuanto a Ocampo, se marchó a los dos años de edad de Barranquilla, donde nació porque a su padre lo trasladaron transitoriamente a nuestra ciudad.

El debate que planteábamos era justamente ese, tras detectar que casi todos los ‘sabios’ colombianos (hay algunos extranjeros) estudiaron en Bogotá o han desarrollado ahí su trabajo: ¿Habían conformado la Misión con un marcado sesgo centralista, sin tener en cuenta a los intelectuales que hacen su labor en las regiones? ¿O se habían limitado a reflejar una realidad en la que la investigación, la ciencia y la innovación, por distintas razones, se ha concentrado en el interior del país? Ambas hipótesis nos parecieron preocupantes, y vimos necesario abrir un debate que, comprensiblemente, no gustó en algunos sectores del Gobierno.

Como dijimos al comienzo, nos satisface que Weildler Guerra haya accedido a incorporarse al selecto grupo. Estamos seguros de que sus aportaciones serán de gran valía para diseñar políticas con un conocimiento de la realidad territorial del país, sobre todo tratándose de un intelectual que desarrolla sus trabajos en la región, en este caso la Caribe.

Ahora bien, a la vista de todo lo que ha sucedido en torno a este tema, quizá es el momento de ahondar en el debate y averiguar dónde estamos en materia de ciencia, investigación e innovación los costeños. Porque, a pesar de la inclusión de Guerra en la Misión de Sabios, seguimos con una representación insignificante si se compara con nuestro peso demográfico en el contexto nacional.

Un buen ejercicio sería conformar una Misión de Sabios regional. No para que compita con la que se ha instituido en Bogotá, sino para que asesore sobre el terreno a nuestros gobernantes en el diseño de los planes de desarrollo de la Costa y de cada uno de sus departamentos. Una iniciativa de este tipo nos permitiría abrir la reflexión sobre la calidad de nuestros recursos humanos –estamos seguros de que es más nutrida de lo que se piensa en la capital– y la mejor forma en que pongan sus conocimientos al servicio específico de nuestra comunidad caribe.

Las universidades, las academias, los centros de pensamiento y los líderes empresariales, políticos y civiles tienen la palabra.