El docente universitario hoy: TC, MT, HC, exclusividad y algo más: Efraín Alzate Salazar

Feb/24 Alzate Salazar, maestro de escuela, licenciado en Historia y Filosofía, magíster en educación y literato y ensayista, advierte la necesidad de que las IES den salarios y condiciones dignas para el profesorado, a fin de evitar el llamado “mercenarismo académico”.

Las Instituciones de Educación Superior (IES) con el ánimo de acogerse a estándares y exigencias de orden nacional en cuanto a calidad de la educación que imparten, empiezan a nombrar sus docentes obedeciendo a exigencias que la ley les plantea. La ley 30 de 1992 en su artículo 71 orienta la calidad de los docentes para que tanto ellos cumplan sus deberes conforme al carácter de su nombramiento y la Institución cumpla con las obligaciones de ley para con ellos. “Los profesores podrán ser de dedicación exclusiva, de tiempo completo, y de hora cátedra. Los de tiempo completo cumplirán 40 horas semanales” tal como se expone el cap. III de la ley 30 de 1992″. (Pública, 1992).

A propósito, lea: ¿Cuánto es el valor mínimo de hora cátedra que deben pagar las IES privadas en 2024?

Si bien la ley deja abierta la posibilidad de que cada universidad establezca un reglamento académico y un estatuto docente, también es precisa cuando dice que todo debe estar sujeto a la ley y a las normas constitucionales respectivas. Acá es donde surgen las observaciones frente a la autonomía universitaria, aunque existen las normas que así lo plantean, las pautas que creó el Estado para los registros calificados y acreditación de programas y de instituciones en alta calidad, han lesionado la autonomía universitaria.

En este sentido, es de gran importancia para las universidades establecer los parámetros en cuanto a salarios y condiciones de vida digna para el profesorado, de tal manera que se puedan hacer las exigencias en cuanto al cumplimiento de las tareas que debe asumir cada docente, lo que ha de quedar fundamentado en los contratos de nombramientos conforme a la calidad para su desempeño, ya sean de hora cátedra, de medio tiempo, de tiempo completo y de dedicación exclusiva. Ya tendrán que pensar también las universidades las estrategias para no dejar en el vacío a los docentes que no están a término indefinido; las reformas laborales que se avecinan ponen en control a los contratos temporales. El docente también es trabajador, y sin lugar a dudas lo cobijará la ley.

Dadas las condiciones de precariedad en salarios y prestaciones muchos docentes universitarios y de otros niveles se ven abocados a la aplicación de lo que he llamado “mercenarismo académico” término con el que me refiero a los docentes que laboran en varias partes para complementar los vacíos de su canasta familiar, o para mejorar los ahorros para casos de emergencias en la vida cotidiana. Sin embargo considero forzado cuando un docente labora en dos lugares bajo la modalidad de tiempo completo. Es acá en donde las IES tienen también la posibilidad de la exigencia que reposará en los contratos laborales.

Creo imposible dar rendimiento laboral y profesional en dos lugares, ya que la salud mental se afecta y la vida social mucho más. Un docente en estas condiciones en ninguna de la partes alcanza a cumplir responsablemente a no ser de que estemos frente a alguien con capacidades sobrehumanas, casi un superhéroe. El estrés que produce el estar cumpliendo en dos lugares de tiempo completo, termina por transformar al docente en un ser agresivo, represivo y asocial.

El diario El Tiempo, de Bogotá, en junio de 2012, refiriéndose a los docentes universitarios, nos dice que, aunque el país no tiene los peores sueldos, vale anotar que estos salarios solo existen para un grupo minúsculo de docentes de tiempo completo con un contrato estable. Colombia tiene muchos docentes de hora cátedra y ocasionales, con menores estímulos para investigar y ser productivos, pues tienen que estar buscando plan B para ajustar su salario. Aunque este texto es de hace mas de diez años, aún tiene vigencia (Redacción, 2012)

Cuando llegan los estudiantes a la Universidad, un tanto hastiados del conductismo y la medianía que en gran medida vivieron en las escuelas y colegios, tienen la esperanza de que encontrarán un paradigma motivante que les estimule su proyecto de vida a partir de la carrera que eligieron. Pronto se dan cuenta que el modelo paradigmático de la educación y de los docentes son muy similares en ambos escenarios, algunos motivadores y acogedores, otros indiferentes y fríos sin un aliciente que contagie alegría para sentir que se eligió la carrera y la Universidad acertadamente. Y si los estudiantes se encuentran con el docente que siempre está en otras ocupaciones, que no los puede escuchar porque está de prisa y va para otro lugar a vender su fuerza de trabajo mayor es la frustración. Los estudiantes todo lo advierten, en muchos casos guardan silencio, pero finalmente estas situaciones rompen la dinámica de la vida académica y termina el docente como alguien que no cumple con las tareas que se le asignaron. La Universidad ha de ser vigilante en estos casos que afectan sus procesos académicos y esto suele ser mas frecuente con el docente que labora de medio tiempo, y de tiempo completo en varias partes.

Cuando hablamos solo de enseñanza, creo que nos quedamos en los discursos y prácticas del conductismo, por ello considero pertinente hablar de enseñanza aprendizaje” porque el docente se construye a diario en el ejercicio de la docencia. El verdadero discípulo no es el que toma de su maestro las cosas, sino los modos. Y, a su vez, y esto es lo característico, deja en el espíritu del maestro modos y cosas suyas esenciales. Por lo que el gran profesor no solo lo es por su aptitud de crear discípulos verdaderos sino por otra cosa más importante, dejarse renovar por ellos. (Zabalza.M.A, 2009)

En estos tiempos de sociedad líquida hay menos opciones para lograr la construcción de figuras de docentes ejemplares e íntegros. La cuadrícula y el formato reemplazaron la sabiduría, porque los asuntos de la Universidad son ya más de eficacia que de debate. No es buen tiempo para los maestros, se piden especialistas que se atrevan a dictar clase. Además las múltiples ocupaciones que debe asumir un docente para vivir dignamente lo distancian del goce que debe ser el ejercicio de la vida académica.

El docente mercenario de la academia, no puede disfrutar a plenitud del encuentro con los jóvenes en el aula y mucho menos alcanza a evaluarlos con objetividad y responsabilidad; la angustia que vive frustra la alegría que significa la vida académica. En otras palabras esta forma de ejercer la docencia es antiacadémica y va contra las aspiraciones de los estudiantes que quieren ver en el docente una persona que les motive a vivir la academia y no a padecerla.

Tenemos por maestro a quien ha remediado nuestra ignorancia con su saber, a quien ha formado nuestro gusto o despertado nuestro juicio, a quien nos ha introducido en nuestra propia vida intelectual, a quien – en suma– debemos todo, parte o algo de nuestra formación y de nuestra información; a quien ha sido mayor que nosotros y ha hecho de su superioridad ejemplaridad; a alguien de quien nos hemos nutrido y sin cuyo alimento u operación no seríamos quien somos. Alguien, en fin, cuya obra somos en alguna medida (Zabalza.M.A, 2009).

A veces se cree que es suficiente con que un párvulo egresado de carrera puede pasar de inmediato a ocupar el cargo de docente, sin tener en cuenta que un profesor enseña tanto por lo que sabe como por lo que es. Ser congruentes desde los saberes siendo además buenos seres humanos nos puede llevar al reconocimiento frente a los estudiantes. Esto se demuestra desde la forma como nos relacionamos con ellos desde la capacidad magistral y discursiva, fruto del dominio del conocimiento que a diario se comparte. En este sentido, buscar la dignificación del docente universitario, sería una forma de mejorar la calidad de la educación que se imparte, y para ello se debe tener en cuenta al docente que desde su compromiso aporta a los proyectos de la Universidad que le acoge.

Si la pregunta que ha de plantearse es la de si es más importante la necesidad de comida o la de actividad creativa, la necesidad de amistad o la de higiene, nos vemos atrapados en debates completamente carentes de sentido, puesto que todas estas necesidades aparecen en los aspectos más diferentes de la vida y de la actividad humana. La docencia no escapa a ello, aunque a veces se crea que el docente se sustrae de las cotidianidades de la vida. (Heller, 1996:69).

Más allá del mercenarismo académico surgen otros problemas al docente que quiere estar de cara a los retos que le plantea la Universidad; en muchos casos los vemos corriendo con la necesidad de acumular méritos a cualquier precio, o intentando justificar lo que le paga la Institución. Los docentes que se dedican a su universidad, deben cumplir infinidad de tareas buscar maestrías y doctorados para mantenerse, asistir a seminarios, escribir libros, orientar investigaciones, atender estudiantes, preparar las clases. En muchos casos para su vida personal y familiar es poco el espacio que le queda. A estos docentes, responsables que sienten la institución que se esfuerzan porque sus clases sean las mejores deben dedicar mayor reconocimiento quienes guían los destinos de la Universidad. (Zabalza.M.A, 2009)

Un docente que satura los discursos de aula con opiniones sueltas sin sustento académico, por el poco tiempo que tiene para actualizarse desde lecturas previas y en investigaciones actualizadas en la disciplina en la que se formó, corre el riesgo de fracasar. Los dictadores de clase, que los hay por montones en las universidades con cátedras de mucha importancia subestiman la formación pedagógica y didáctica del docente, actitud que los hace pedantes y escurridizos a la hora de asumir las críticas que se les hace. Estos mercenarios de la cátedra están en todos los lugares, pero en ninguna parte los conocen. Este aspecto se debe trascender en la universidad para que el ejercicio de enseñanza aprendizaje sea efectivamente un goce y no un espacio en donde se padecen discursos vacíos, o sobrecarga de videos con los que se intenta llenar falencias intelectuales. No es lo mismo llegar a las carreras a un salón de clase a dejar documentos sin unas rutas de aprendizaje claras, por los afanes para cumplir en otro lugar, que vivir el ejercicio de la docencia en el compartir con los estudiantes ávidos de saber. La misión de un profesor universitario está en lograr que sus estudiantes se atrevan a buscar autónomamente saberes a partir de la paciencia y la alegría con la que se manifiesta en sus clases.

No es extraño el frecuente fracaso de docentes en el ejercicio de la docencia en la Universidad, y esto se da cuando se cree que con solo entender las generalidades de un tema es argumento suficiente para llegar a ser profesor. Cuando esto sucede se intenta dejar todo en el poco interés de los estudiantes; aquel que llegó a la docencia por carambola, no está dispuesto a aceptar esa derrota y se la signa a los demás. Esto es más notorio en el docente mercenario de la academia porque no puede construir una línea académica de trabajo mientras su preocupación sea los dineros que recibe en uno y otro lado.

Si los docentes son la esencia intelectual de la Universidad, deben sentirse orgullosos de hacer parte de la vida académica en ella, y esto se logra con docentes que viven su ejercicio cotidiano como profesores. Aquel que ostenta un cargo como profesor de tiempo completo en una universidad, resulta contradictorio cuando no puede cumplir tareas en esta, porque está nombrado en otras. En este sentido en ninguna logra ser profesor, mucho menos maestro. Lo que sí alcanza a ser, es un dictador de clase extenuado y angustiado.

Bibliografía

HELLER, Agnes (1996). Una revisión de la teoría de las necesidades. Barcelona, Paidós.

Pública, F. (29 de diciembre de 1992). https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.

Redacción, V. d. (20 de Junio de 2012). Colombia, un Pais que paga bajos sueldos a sus profesores . El tiempo.

Zabalza.M.A. (2009). ser profesor universiatrio hoy. En profesores y profesion docente entre el “ser” y el “estar” (pág. 69 a 81). Madrid:
Narcea, S.A Madrid.

Loading

Compartir en redes