El factor clave del relacionamiento político detrás de algunos doctorados honoris causa

El factor clave del relacionamiento político detrás de algunos doctorados honoris causa

Oct 25/24 Cada universidad es autónoma en definir a quién dar un honoris causa, pero algunas distinciones llaman más la atención porque su contribución a la IES tiene más un beneficio relacional, estratégico y político que académico y de aporte al crecimiento del conocimiento y la sociedad.

Los doctorados honoris causa corresponden a la distinción o reconocimiento que, a través de un título, sin valor legal para ser reconocido formalmente como doctorado, en ninguna legislación, una Universidad da, por voluntad propia (y sin cobro por ello), a una persona que, sin haber cumplido la totalidad de requisitos académicos previos para llegar al nivel doctoral, pero que por aportes a la sociedad, a una disciplina o al conocimiento, amerita ser reconocida como un ejemplo, paradigma o modelo de vida a seguir por parte de la academia.

¿Para qué sirve, y a quién, un doctorado honoris causa?

Los hay de toda clase y para muy diferentes personas. Desde iletrados que se han distinguido por su superación, ejemplo y aporte a un arte, hasta reconocidos intelectuales que se espera que inspiren con su obra a los estudiantes o el desarrollo de una disciplina en la universidad dadora de la distinción.

Algunos de estos últimos PhDs son, entre otros:

¿Reconocimientos, alianzas, favores o conveniencia?

Y hay otros, cada vez más comunes, en los que los consejos superiores, o los propios rectores -según su nivel de impacto en las decisiones de las universidades- entregan a políticos durante su cuarto de hora mediático.

Por allí han desfilado presidentes de la República en ejercicio, como Uribe, Santos, Duque, Petro…, o vicepresidentes(as) (como el dado a Francia Márquez, dado por la Universidad Pedagógica Nacional -en la foto con los exrectores Adolfo León Atehortúa y Alejandro Álvarez cuando este último era viceministro de Educación Superior).

Políticos extranjeros, como el expresidente español Mariano Rajoy por la Universidad Sergio Arboleda o el dado por la Universidad Simón Bolívar al expresidente de República Dominicana, Leonel Fernández

Presidentes del Senado, como Roy Barreras, reconocido por la Universidad Santiago de Cali

Ministros en ejercicio -como Yessenia Olaya, en México– o William Camargo, por la UPTC

Gobernadores, como el más reciente caso dado a la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, distinguida por la Universidad Santiago de Cali como doctora honoris causa en administración (foto). En 2023 la misma Universidad había dado el mismo título a la entonces gobernadora Clara Luz Roldán.

Entre “merecido” y “vergonzoso” califican Honoris Causa que SUE Caribe dio a presidente Petro

O, incluso, entre los propios rectores, como pasó cuando en 2022 los rectores de Unisucre, Unicórdoba y Unicartagena se titularon entre ellos, o a sus gestores y fundadores (como el dado por Unisimón Bolívar en grado póstumo en Ciencias de la Educación a su rector fundador José Consuegra Higgins).

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La situación ha llegado hasta lo risible. ! Universidad de Estados Unidos entrega doctorado honoris causa a un gato !

Es difícil pensar que muchos de estos reconocimientos se dan por un arrebato de generosidad desinteresada. En el fondo, terminan siendo la búsqueda de un gana – gana entre la IES (o su rector) y el premiado o sus allegados, bien como una forma de pagar, comprar o devolver favores. 

Lo claro es que aquellos honoris causa que se alejan del escenario propiamente científico, académico y social y caen más en lo político y relacional, poco o ningún aporte real dan a las IES y rectores que los dan y, muchas veces, al mismo político beneficiario, pues un título de esta índole tampoco aporta a su carrera mediática y política (además, porque tampoco equivale a título profesional o académico para efectos de acceder a cargos públicos), más allá de la vanidad personal.

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