Enfermedad de la ed. superior no es sólo económica: Víctor M. Gómez – junio/20

¿Transmisión de contenidos o formación integral? es la pregunta que induce al análisis de los límites de la Educación a Distancia, escrito por el observador Víctor Manuel Gómez, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia.

En ‘Razón Pública’ se publicó el artículo “Educación superior: de estar enferma a cuidados intensivos”, de parte de economistas aduciendo que la reducción de matrículas en la educación superior colombiana se debía principalmente a la disminución de los créditos de Icetex. Dado que entre 2014 y 2019 los créditos de Icetex se redujeron en 46.292, esa reducción explicaría parte de la disminución de 114.425 entre 2016 y 2018.[1]

Aquí señalo que siendo importante la dimensión económica de la matrícula, en esta decisión intervienen además otras consideraciones sobre la estructura de la oferta de instituciones y programas. Es muy importante la percepción de familias y estudiantes sobre las siguientes dimensiones:

  • La calidad y rentabilidad de determinado programa de formación y de la institución. Percepción de ‘calidad’ según estatus social y académico, y en menor medida por la acreditación oficial;
  • El estatus o reconocimiento social de la institución determina en gran medida el valor social y ocupacional del diploma otorgado;
  • La relativa concentración o saturación de matrícula y egresados en determinadas áreas de formación, lo que repercute negativamente sobre la empleabilidad, salarios y posibilidades de movilidad social;
  • La oferta de programas nuevos y modernos, diferentes a la oferta tradicional;

La decisión de invertir -o endeudarse- para matricularse en determinado programa depende no solamente del valor de la matrícula sino de expectativas más generales sobre la rentabilidad o devaluación de diplomas según instituciones y programas, es decir, su ‘deseabilidad’ relativa.

Igualmente importante es la disponibilidad de nuevos programas y modalidades de formación, sobre todo en un contexto de escasa diversificación en programas, y de concentración -o saturación- de matrículas y egresados en unos pocos programas (administración, contaduría, psicología, derecho..), y la consiguiente devaluación laboral de diplomas.

Este es un criterio analítico básico al estudiar las dinámicas de oferta y demanda de educación superior, pues menos de la mitad de los egresados del nivel medio accede a alguna IES; incluyendo al SENA, en mala hora promovida a institución de educación superior. Por tanto la reducción de matrícula no se debe a la disminución de aspirantes potenciales sino a una estructura de la oferta: distorsionada, excluyente y carente de oportunidades de formación corta de alta calidad para los cientos de miles de egresados del nivel medio. En 2018, aproximadamente 660.000 jóvenes egresaron del nivel medio, y serán entre 2.500.000 y 2.700.00 en los próximos años.

Hay entonces un gran mercado potencial para la educación superior pero no necesariamente la que ahora se ofrece en este país. Hay que señalar que los análisis de la educación superior no pueden limitarse a lo que hay ahora, a la situación actual, sino que deben identificar lo que falta por construir u ofertar, lo que es necesario y deseable para lograr un sistema más moderno, diversificado, socialmente incluyente y altamente productivo.

Y aquí es entonces necesario referirse a la actual estructura de la oferta en Colombia. En un reciente articulo en el Observatorio de la Universidad Colombiana la describí así:  “… la hegemonía cultural y política de la ‘universidad’ ha tenido como consecuencia la desfinanciación y el olvido de otro tipo de instituciones, comunes en otros países, que ofrecen formación técnica de corta duración (2 años) a la mayoría de egresados de la educación secundaria y que actúan como verdadera ‘alternativa’ a las universidades tradicionales.

En muchos países de la OECD estas instituciones alternativas de formación concentran un alto porcentaje de egresados de la secundaria (entre 50% y 70%). En Alemania y otros países de la llamada ‘tradición germánica’, solo el 20% o 30% de estos egresados estudian en las universidades, cuya principal función es la investigación, no la formación profesional, la que se ofrece en diversos tipos de instituciones distintas a las universidades, conformando un sistema altamente diversificado de instituciones.[2]

Los ejemplos internacionales de formación técnica postsecundaria abundan: los community colleges (USA, Corea, Japón..), los hogescholen (Holanda), IUTs (Francia), los Politécnicos en muchos países, etc. Con alta cobertura de egresados del nivel secundario. La cobertura masiva en la educación superior no se logra, en ninguna sociedad, en las universidades académicas tradicionales sino en sistemas altamente diversificados de formación, con ofertas equivalentes en calidad según su objetivo y campo de acción.[3]

En Colombia, por el contrario, no existe un sistema de educación postsecundaria técnica que funcione como una verdadera ‘alternativa’ a las IES tradicionales y su oferta de carreras de larga duración.

En efecto, la mayoría de los egresados del nivel medio en Colombia carecen de estas oportunidades de formación laboral de alta calificación al salir del nivel medio. Sus únicas opciones son las carreras tradicionales de ciclo largo, los programas de formación técnica y tecnológica del SENA y algunos pocos programas T y T públicos y privados, con graves problemas de calidad y pertinencia. Es muy limitada y deficiente la oferta privada de educación técnica postsecundaria pues deben financiarse con matrículas bajas de una población de bajos ingresos. En estas condiciones de precariedad es imposible brindar formación técnica moderna, la que requiere de insumos, instrumentos, maquinaria, talleres, personal calificado y con experiencia laboral. Tampoco es posible establecer relaciones sinérgicas con el sector productivo, dados el atraso, la baja calidad y escasa pertinencia de la formación impartida. lo que explica su bajo estatus social y baja matrícula (4.1% en 2015).[4]

La situación anterior puede tipificar lo que puede llamarse la ‘tragedia’ de la juventud colombiana, de cientos de miles de jóvenes egresados del nivel medio:

  • Unos pocos, residentes en áreas urbanas, pueden aspirar a competir en exámenes altamente selectivos en las principales universidades públicas. En el caso de la U Nacional, la tasa de absorción en general es de 7%, y de 5% o menos en algunas carreras de alta demanda como Medicina y algunas ingenierías;
  • El 90% o 93%que no logró ingresar debe buscar cupos en IES privadas, en función de su capacidad de pago -o de endeudamiento-, es irrelevante el puntaje de Saber 11 pues las IES con poca matrícula bajan el puntaje requerido hasta completar los cupos de un programa;
  • Muchos egresados de colegios públicos y privados de mala calidad académica, ni siquiera aspiran a presentarse a los exámenes selectivos de las principales universidades públicas y deben conformarse con cupos en alguna de las diversas IES a su alcance geográfico y económico, o buscar ingreso en programas técnicos y tecnológicos del SENA;
  • Pero ninguna de estas opciones aplica para aproximadamente la mitad de los egresados del nivel medio, quienes o no quieren o no pueden estudiar carreras profesionales largas (4-5 años) ni pagar programas técnicos y tecnológicos privados, por las razones ya señaladas.
  • Además, los cupos del SENA son insuficientes frente a los cientos de miles de estudiantes potenciales y tienen serias carencias en la calidad de la formación que ofrecen. La economía moderna no solo requiere competencias laborales específicas sino acompañadas de una formación integral, con alto grado de bilingüismo, razonamiento matemático, comprensión de lecturas complejas, competencias comunicativas y capacidad de síntesis y relacionamiento analítico entre variables y factores. Nada de lo cual se forma en programas de competencias laborales especificas.

Esta ‘tragedia’ de la juventud colombiana no puede solucionarse en el actual ‘estado de las cosas’ en la educación superior, pero no hay ni siquiera conciencia del problema ni de sus efectos negativos en la paz y la construcción de una sociedad incluyente y democrática.

[1] Rincón, C & Espitia, A. F. ‘Educación superior: de estar enferma a cuidados intensivos’. Razón Pública, Mayo 26, 2020.

[2] Ver: “Diversificación y tipología de instituciones de educación superior en el contexto internacional y en Colombia”. En: Gómez, V. M. “La pirámide de la desigualdad social en educación superior. Diversificación y Tipología de instituciones”. Universidad Nacional de Colombia. 2015. Pp. 19 a 56.

[3] Un claro ejemplo se encuentra en los ‘community colleges,’ en Estados Unidos y muchos otros países, con otras denominaciones como Politécnicos, en los que se forma y califica laboralmente a más de la mitad de egresados de secundaria. Este tipo de formación no es necesariamente ‘terminal’ para el ingreso al mercado laboral pues puede ofrecer oportunidades de continuar estudios universitarios a los interesados. En Estados Unidos aproximadamente la mitad de los estudiantes de los ‘colleges’ universitarios de 4 años proviene de ‘community colleges’ después de haber recibido formación técnica, la que a muchos les permite la posibilidad de combinar ‘estudio y trabajo en lugar de la costosa opción del endeudamiento en la educación superior. Excelente modelo de movilidad educativa y social. (Baily, Th. “Community colleges in the 21st Century. Challenges and Opportunities”. En: Graham, P. & Stacey, N. (eds). “Knowledge Economy and Postsecondary Education”, National Academy Press. Washington, 2002.)

[4] Gómez, V. M. “Reducción de matrículas o estructura de oferta distorsionada, obsoleta e inadecuada?”. Noviembre 2019. www.universidad.edu.co

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