Junio/23 El profesor Orozco, columnista de El Observatorio, argumenta la importancia de crear integridad para el sistema de medición y evaluación de MinCiencias con el fin de cerrar puertas para la corrupción en el Sistema de Educación Superior.
Colciencias, entre 2010 y 2019, tuvo nueve directores, y con su transformación en MinCiencias tenemos ya cuatro cambios en la jefatura de la cartera, lo que indica una itinerancia anual y una ausencia total de gestión de largo plazo con visión de futuro. Abundan documentos de política con buenas intenciones, pero la administración es un vaivén que depende de las ideas, por no decir ideologías -o intereses-, del funcionario de turno.
MinCiencias cuenta cada vez con menos presupuesto, que dispersa en pequeñas y variopintas convocatorias que buscan simplemente mostrar que algo se hace por la ciencia. No ha logrado articular el Sistema de Educación Superior con programas de investigación serios, de orden nacional, con los que se cree un círculo virtuoso entre la investigación, la formación y la extensión. No ha tenido capacidad de gobernanza sobre las regalías destinadas a la ciencia, la tecnología y la innovación, y evade los problemas que tienen Scienti y Publindex, como sistemas para la evaluación y asignación de incentivos y recompensas de la investigación.
Se ha discutido mucho sobre la necesidad de articular las políticas del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación con el Sistema de Educación Superior para temas sensibles como la evaluación de la producción intelectual. La acreditación y los registros calificados de los programas de las instituciones de educación superior dependen de la clasificación de grupos e investigadores, y esta presión competitiva genera incentivos perversos en la búsqueda de indicadores como fin, sin importar las formas y los medios. Acá está la deuda capital de MinCiencias con el Sistema de Educación Superior, no administrar sus sistemas de evaluación de la producción científica para conducirlos a la integridad.
West Churchman (1913 – 2004), un destacado filósofo y científico de sistemas de la Facultad de Administración de Negocios de la Universidad de California Berkeley, pionero por involucrar la ética en el campo de la investigación de operaciones, hacía énfasis en identificar los objetivos reales que subyacen a los formalmente declarados en los sistemas para buscar su integridad. La integridad de un sistema tiene tres componentes: la completitud como la incorporación de todos los elementos necesarios para el funcionamiento del sistema; la solidez en tanto mecanismo que protege al sistema de ser vulnerado, y la virtud que lo hace libre de corrupción moral [1]. Uno de sus ejemplos clásicos, que leemos en mi curso de fundamentos de administración, es que un estudiante declara formalmente que su objetivo en la universidad es aprender, pero sabe que en el fondo necesita de la nota para pasar la materia. Cuando se obtienen bajas calificaciones, el objetivo se concentra en cómo lograr el indicador y se deja de lado el proceso de aprendizaje e incluso la moral [2].
Los indicadores de grupos e investigadores de MinCiencias, así como el sistema de revistas, no cumplen con los requisitos de integridad y facilita la aparición de parásitos académicos. En un nota sobre el libro Los parásitos académicos, El Observatorio de la Universidad Colombiana resaltaba las frases del profesor Antonio Fernandez-Cano de la Universidad de Granada (España): “la inmensa mayoría de miembros de cualquier institución académica son personas con un ethos intachable (…) Pero también, habrá que reconocer la existencia de penosos casos parasitarios éticamente reprobables, al albur de ansias omnímodas de poder y lucro para unos pocos”.
En Colombia nos quedamos obnubilados por tener que ingresar en la larga y creciente lista de casos de corrupción a un miembro del Consejo Superior y coordinador de una maestría de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas como indica una investigación de Semana, por su abuso de poder como editor de una revista que puntúa en Publindex, con la que infló sus indicadores y los de sus familiares para crear una imagen de académico ejemplar al lograr la posición de investigador senior de MinCiencias. Sobre esta falacia apalanca su posición en altas dignidades universitarias -es miembro de la sala de Conaces del MinEducación- ocultando la forma en la que se aprovecha del Decreto 1279 para incrementar desmedidamente su salario. De forma similar vemos en las universidades privadas profesores que manejan programas académicos y hacen parte de consejos directivos, aprovechando su posición para contratar investigadores internacionales que les aumenten su producción científica con el mecanismo de la coautoría y aparecer senior en MinCiencias. También inciden en la contratación de sus cónyuges para facturar en los programas académicos, orquestan trabajos de grado con los estudiantes de sus programas y usan los presupuestos de investigación para apalancar estudios que benefician sus inversiones privadas, enmascarando los intereses reales de sus prácticas corruptas.
La deuda de MinCiencias con la educación superior tiene muchos temas por reparar, pero es imperativo saldar débitos urgentes, que conducen a la corrupción. Tanto Publindex como Scienti carecen de integridad y les permiten a los corruptos enriquecerse, salir bien clasificados y crear una imagen justificada con el indicador, el fin último del sistema. Con este indicador se defendió como he indicado antes, el nombramiento de Tito Crissien como ministro de ciencias, y también favorece la idea de probidad de personas que buscan posiciones de poder en las universidades. Como entendemos desde el gran profesor de Berkeley, West Churchman, los indicadores fríos ocultan intereses que no conducen a la integridad que se espera del desarrollo – ejecución administrativa – de un sistema. Confío en que la señora ministra, Yesenia Olaya, asuma la deuda de MinCiencias con el Sistema de Educación Superior y redefina la integridad del sistema de medición y evaluación con los mecanismos de incentivos que necesita una administración enfocada a la ejecución de políticas de largo plazo que nos conduzca a un futuro mejor.
[1] Swanson, E. B. (1994). Churchman’s theory of design integrity. Interfaces, 24(4), 54-59.
[2] George, C., & Alvarez, M. (2005). Historia del Pensamiento Administrativo. Editorial Pearson. México.
![]()
