Los intangibles: cambios culturales en la gestión universitaria: Carlos Forero – agosto/22

Carlos Hernando Forero Robayo, columnista de El Observatorio, invita a la dirección universitaria a pensar el impacto y alcance de dimensionar el valor de los intangibles que nacen y existen en la Universidad.

Cada vez con mayor frecuencia, algunos pares académicos, cuando se examina el factor del financiamiento para la acreditación institucional de las universidades, preguntan o comentan sobre la manera como están registrados los activos intangibles en los estados financieros, dado que algunos no están valorados ni registrados; tal es el caso por ejemplo de: obras de arte, edificios históricos, colecciones de museos, observatorios, producción artística y cultural, bases de datos. Al considerarlos debidamente valorados, se tendría otra situación en los estados financieros y sus usos.

Expertos como Javier Martínez, quien ha trabajado el tema de la gestión del conocimiento, hace referencia a nuevos hechos, en los cuales en las organizaciones se está pasando de gestionar activos físicos a gestionar intangibles, teniendo en cuenta que habitamos en una economía de intangibles. Afirma que el modelo mental para gestionar intangibles es distinto al modelo mental para administrar activos físicos y ese CAMBIO CULTURAL es posiblemente el más difícil de todos. !Qué no se diga de empresas como Google, cuya cotización en bolsa no corresponde al valor de sus edificios!

En las organizaciones denominadas universidades, la presencia de intangibles es mucho más notoria y tiende a extenderse cuando hablamos de: patentes, Know how, productos derivados de la propiedad intelectual, software y aplicaciones tecnológicas, empresas spin off y startup, permisos de uso, certificaciones de laboratorios y procesos, certificaciones laborales con reconocimiento nacional e internacional, marcas, recursos medioambientales.

Seguramente en el futuro, innovaciones curriculares se convertirán en intangibles susceptibles de valorar y métodos de aprendizaje sean factores distintivos de una institución educativa con valor específico y generadores de importantes ingresos. Juan Carlos Casco, por ejemplo, rescata el papel de la SENSIBILIDAD en el aprendizaje y las prácticas para lograrlo, proponiendo que para aprender de manera significativa necesitamos primero desarrollar sensibilidad. La educación, afirma, aporta conocimientos, aprendizaje de competencias, y deja ver la importancia de desarrollar sensibilidades en el ser humano. El aprendizaje duradero (apropiación) se produce cuando somos sensibles a una realidad; la sensibilidad lleva a la emoción y luego en cadena al compromiso, el sentido y criterio, y el aprendizaje efectivo de la competencia. Métodos, certificaciones y prácticas para su logro, tienen un valor que se podría monetizar y reconocer en los parámetros de la propiedad intelectual.

Por otro lado, existe una ausencia casi total en los planes de desarrollo nacionales, regionales o institucionales, sobre el reconocimiento de algunos capitales intangibles, sin los cuales es más difícil avanzar en el propio desarrollo económico, social y ambiental. Esos capitales intangibles son susceptibles de medición y de correlación con indicadores de desempeño. Estamos hablando del capital ético, sobre el cual Adela Cortina sugiere formas de medirlo y de formular como metas a lograr; capital social sobre el cual con el liderazgo de John Sudarsky, se han hecho mediciones periódicas y se ha puesto de presente su relación con el crecimiento económico con fundamento en la confianza. Podríamos mencionar otros como los capitales moral, solidario, cultural, estético; los cuales podrían tener metas y métodos para incrementarlos en beneficio de la sociedad entera; mucho más si seguimos considerando a la educación superior como un bien público social.

Inclusive desde la filosofía del lenguaje, destacados intelectuales como Fernando Flores, han conceptualizado y desarrollado métodos alrededor de la gestión de los estados de ánimo y la gestión de las emociones. Ese, para su actividad como consultor y orientador de dirigentes, es un activo intangible, que le permite un desempeño económico destacado, sin perder de vista la responsabilidad social que los acompaña.

Las capacidades institucionales, especialmente de las universidades, van siendo dotadas de capitales esenciales para el cumplimiento de su misión, y han implicado una construcción y crecimiento de esas capacidades. Cuando hablamos de capital relacional, que es valorado como un factor en el sistema de aseguramiento de la calidad de Italia (capacidad de construir alianzas y redes). Cuando nos preguntamos cómo incrementar el capital intelectual y el papel que cumple el estatuto docente en esta dirección. Cuando tenemos como propósito incrementar el capital reputacional con prácticas de buen gobierno, transparencia y rendición de cuentas, y que podría constituirse en un indicador para un establecimiento financiero y la posibilidad de obtener mayores recursos. Cuando estamos rodeados de capitales simbólicos ocultos que permiten una gestión más efectiva ante ciertas circunstancias, baste mencionar el construido a través del deporte y los talentos que se visibilizan. Un compromiso integral y estratégico con los ODS puede dar lugar a nuevos capitales e innovadoras formas de gestión.

Está abierta la posibilidad de considerar, especialmente en las universidades, el tema de los intangibles, lo cual traería la incorporación de nuevas formas disruptivas de gestión y de criterios para asignar recursos, pero sobre todo una mejor manera de servir a la sociedad, valorando nuevos capitales intangibles y colocándolos al servicio de la acción institucional.

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Al margen de los intangibles, registro el buen trabajo del profesor Galo Adán Clavijo, publicado en el Observatorio de la Universidad, bajo el título de “El capitalismo académico: Un debate necesario en la Universidad”.

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