Sobre la responsabilidad de la Univ. con el comportamiento de sus egresados: Luis Antonio Orozco

Sobre la responsabilidad de la Univ. con el comportamiento de sus egresados: Luis Antonio Orozco

Junio/25 A propósito de la reprochable conducta de un abogado de la U. Externado de Colombia Orozco, observador de este portal, y profesor de esa IES, es crítico frente al rol que deben asumir en estos casos las universidades. 

Con total acierto, El Observatorio de la Universidad Colombiana plantea un debate sobre las responsabilidades que le competen a la universidad por los actos reprochables de sus egresados. Lamentablemente, los cuestionamientos y evaluaciones negativas de las conductas de los egresados representan un riesgo reputacional para la universidad. Recordemos que los seres humanos funcionamos sobre impresiones; por tanto, un escándalo publicitado en medios y rumorado socialmente genera una percepción negativa en la opinión pública que crea una tendencia a valorar desfavorablemente una organización o una persona.

¿La Universidad tiene responsabilidad frente a reprochables conductas de sus egresados?

Expone el Observatorio en su nota el caso de un señor Mayorga, recién egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado de Colombia. La Unidad de Registro Nacional de Abogados y Auxiliares de la Justicia le pidió a Mayorga cambiar la fotografía de acuerdo con unos criterios técnicos para la expedición de su tarjeta profesional, y recibió no solo una respuesta soez, sino el uso de un recurso judicial que desgasta el aparato judicial. La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia niega la tutela interpuesta por Mayorga y compulsa copias a la Comisión Nacional de Disciplina Judicial para que investigue las fallas del abogado.

¿Será el espíritu liberal del Externado formar personas para que realicen estos actos? De ninguna manera. De lo contrario, esperaríamos ver a todos los abogados egresados de la Universidad con comportamientos similares y la evidencia revela lo contrario. Ha formado ya por cerca de 140 años una constelación de eminentes jurisconsultos, legistas, togados, jueces y magistrados, así como empresarios del derecho con firmas muy reputadas. Sin duda habrá picapleitos, tinterillos y leguleyos, pero la fama del Externado no se ha forjado por ello.

Miremos el caso de quien fuera conocido con el apodo de El Moro. La Universidad de Bonn lo expulsó en el primer semestre por desorden nocturno en espacio público y embriaguez. Luego, en la Universidad de Berlín, fue encarcelado por delitos de alboroto y embriaguez, acusado por porte de armas, enfrentamientos a duelo y en su diploma de graduación se anotó que tenía denuncias por no pagar sus obligaciones financieras. Ya como egresado, el Moro cimentó en París y Londres su afición -y reputación- por las prostitutas y el alcohol, mientras su familia pasaba reveses y penurias. A espaldas de su esposa Jenny, embarazó a la criada y, para encubrir el hecho, convenció a su mejor amigo, Friedrich, de hacerse pasar por el padre de la criatura, generándole una profunda enemistad con su otrora amiga. Al final se descubrió el engaño, y no satisfecho con el dolor causado durante tantos años a su esposa, estando ella en convalecencia de muerte, intentó abusar de su sobrina. ¿Tiene la culpa la Universidad de Jena, de donde se doctoró Karl, por no condenar como lo hicieron Bonn y Berlín los actos socialmente reprochables del estudiante? ¿Qué responsabilidad tienen las dos universidades que titularon a Marx de que su ideología causara tanta penuria a la humanidad?

Ya advertía Adam Smith en el capítulo II de la parte IV de La Teoría de los Sentimientos Morales que “el carácter prudente, equitativo, diligente, resuelto y sobrio, promete prosperidad y satisfacción tanto para la persona como para todos los que están en relación con ella. Por el contrario, la arrebatada, la insolente, la perezosa, afeminada y voluptuosa, presagia la ruina al individuo y la desgracia a todos los que con él tengan tratos”. Ciertamente, Karl Marx vivió una vida de embriaguez y desorden que alimentaba el dolor y la frustración de su familia. De sus siete hijos, solo tres mujeres llegaron a la adultez, pero con trágico final: una murió de cáncer en plena juventud y las otras dos se suicidaron. Además, indica el filósofo escocés en el mismo apartado de sus Sentimientos Morales la siguiente pregunta: “¿Qué otro sistema político puede ser más ruinoso y destructivo que los vicios de los hombres?”.

El vínculo formal de un estudiante con una universidad cesa cuando no tiene matrícula vigente, como indica la Ley 30 de 1992. Un egresado, por tanto, ya no tiene esa relación formal con la institución. Una universidad puede revocarle el título a un egresado cuando se comprueba que éste ha incurrido en faltas en las pruebas y evaluaciones para la obtención del grado. En competencia de la Ley 1437 de 2011, la titulación universitaria es un acto administrativo en función de una delegación del Estado a la institución para cumplir con una función pública como lo es la educación. Por lo tanto, acorde con los reglamentos vigentes y al Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo, los actos administrativos pueden ser revocados o anulados.

El caso de Jennifer Kristin Arias Falla, quien ocupara la presidencia de la Cámara de Representantes, es indicativo. En 2021, luego de las denuncias públicas por plagio en su trabajo de grado, la Universidad Externado de Colombia, tras comprobar pericialmente su veracidad, procedió a la anulación, mediante actuación del Consejo de Estado, del título de magíster, y procedió a remitir la información del caso a la sala penal de la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía General de la Nación para lo correspondiente. Y digo que es indicativo porque sienta un precedente con un comunicado a la opinión pública del 22 de noviembre de 2021, que expone el caso, las decisiones y su rechazo a “estos hechos que no interpretan el espíritu de la Institución”, y que, “Incidentes como estos son excepcionales en la Universidad”. Se emite entonces una constancia de sanción moral y una acción de protección al buen nombre.

Caso Jennifer Arias está afectando imagen de la U. Externado de Colombia

Ahora bien, el vínculo moral del egresado portando el nombre de la universidad donde obtuvo su titulación siempre se conserva. La expresión Alma Mater, que literalmente quiere decir Madre que alimenta, se usa desde los mismos orígenes de la universidad en la Europa medieval. Tiene un significado profundo y casi indisociable como el de la nacionalidad. Sin embargo, tal como ocurre en la relación madre e hijo, cuando éste último crece y se emancipa ¿qué culpa tiene la madre por su mal comportamiento, más cuando la naturaleza humana es impredecible? Entonces, ¿tienen los egresados responsabilidades frente a la reputación de su alma mater cuando cometen actos públicamente reprochables?

En lugar de pensar en que, por cada actuación reprochable de miles de egresados de una universidad, ésta tenga que emitir comunicados a la opinión pública -a menos que sean casos de trascendencia nacional como el de Arias-, los egresados son los que deberían responder por el riesgo reputacional que crean a la universidad con su comportamiento. Es la universidad la que debería gozar del derecho para solicitar una restitución de su honra y buen nombre cuando se vea cuestionada por los actos de sus egresados. Y esto cabe también para los demás miembros de la comunidad universitaria, como los profesores y personal administrativo y de servicios.

Para finalizar con los casos del Externado de Colombia, es inexcusable no mencionar a quien debería ser uno de sus más egregios alumni: el actual presidente de la República, el economista Gustavo Petro Urrego. Varios profesores de la institución hemos declarado públicamente que Petro no representa al Externado. Ramiro Bejarano indicó en su columna de El Espectador en febrero de 2025 que “Petro no es el Externado ni lo representa y menos se le parece, y le miente a la nación propalando la versión de que sus arrojos totalitarios le fueron inculcados en los salones contestarios del radicalismo. Nada de lo que hace Petro como mandatario lo aprendió en nuestra centenaria Casa de Estudios, porque, a pesar de nuestras históricas discrepancias internas, no cosechamos odios, resentimientos, ni talantes dictatoriales”. En lo particular, propuse en mi columna de La República el pasado 18 de junio la analogía entre las formas en que se constituye un totalitarismo desde la filosofía de Hannah Arendt con las actuaciones antidemocráticas del presidente. Indiqué recientemente que, lejos del espíritu misional del Externado “de fe en la democracia y lucha por el perfeccionamiento del Estado Social de Derecho … Gustavo Petro no respeta la ley, busca enemigos-oligarcas esclavistas o, ahora, el Congreso de la República-, llama y paga por marchas permanentes, deja que la violencia se salga de proporción y forja gabinetes de obediencia acrítica, incapaces de detenerse a reflexionar sobre las implicaciones éticas, legales y reales de sus acciones, incluso cuando las directrices son perjudiciales para el futuro de la nación”.

Frente a las innumerables denuncias y reproches por sus vicios y comportamientos tachados de inmorales -desde la embriaguez y uso de estupefacientes hasta la infidelidad con una persona con la que fue visto paseando de la mano-, y sobre todo por sus actuaciones políticas, es la Universidad la que debería recibir protección a su reputación. Estos casos no son la regla y la asociación de Petro con el Externado ha causado, a mi juicio, un daño al buen nombre de la Universidad -más cuando se las da de abogado y sus actos soberbios como el decretazo violan el orden jurídico y constitucional-. En todo caso, como teorizó Adam Smith, el comportamiento de la persona arrebatada, insolente, perezosa, afeminada y voluptuosa le presagia su ruina porque, ciertamente, “¿Qué otro sistema político puede ser más ruinoso y destructivo que los vicios de los hombres?”

En conclusión, en lugar de ser la universidad la que deba responder por las conductas reprochables de sus egresados, son éstos quienes deberían indemnizar y reparar el daño reputacional causado. Creo que deberíamos extender el debate sobre las responsabilidades civiles y buscar mecanismos de protección para el buen nombre de las universidades frente a reprochables conductas de sus egresados.

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@luisoc3515 PhD Profesor – Universidad Externado de Colombia

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