Uniatlántico: Ingobernable, pero acreditada, las paradojas del sistema

Oct 30/19 En abril pasado recibió la acreditación por 4 años, las protestas y los vándalos ya son costumbre en la IES, el rector está cuestionado y salió a vacaciones y no hay gobernabilidad.

El problema de gobierno de la Universidad del Atlántico es estructural y no es de ahora. Incluso, viene de mucho antes de la llegada a la rectoría de Carlos Prasca (foto), quien luego de ordenar -la semana pasada- el ingreso del Esmad al campus, alimentó el deseo vengativo de sus enemigos, quienes -encabezados por el representante de los profesores en el Consejo Superior, Roberto Enrique Figueroa Molina-, alimentan el discurso estudiantil y profesoral y piden su revocatoria inmediata.

Información de referencia: Uniatlántico vota paro estudiantil. Piden renuncia de rector por ingreso del Esmad

Y parece que van ganando, no sólo porque, como se dice popularmente, el rector les “ha dado papaya” (recuérdese los audios y las investigaciones de la Procuraduría por supuestas insinuaciones y actos sexuales con estudiantes de la Institución, aún no resueltas definitivamente, y que lo llevaron tres meses por fuera de la Rectoría), sino porque ahora debió adelantar vacaciones por 46 días (parece que presionadas por el propio Consejo Superior) para que se aplaquen los ánimos y los estudiantes decidan regresar a clases.

No obstante, los estudiantes parecen no ceder. Han decidido continuar su paro y marcharán para pedir la renuncia definitiva de Prasca, quien a propósito, es el único rector de universidad pública colombiana que no tiene un periodo estatutaria definido (así avalado por el Consejo Superior, con participación de Mineducación).

Los estudiantes que cada vez se motivan más a presionar y exigir toda clase de derechos, llegando a ejercer presión psicológica y física contra sus propios compañeros y funcionarios administrativos. Reclaman, con razón, por las deficitarias condiciones de infraestructura de algunas instalaciones, como Bellas Artes, pero para expresar su inconformidad, recurren a destrozar otras instalaciones en buen estado. Lógica perversa de uno de los sectores que les da ideas: los anárquicos.

Pareciera que haber trabajado para lograr la acreditación institucional no fuera suficiente para Prasca. Este gran logro para los académicos parece haber pasado a segundo plano en la agenda estructural, mediático y política de la Universidad.

Sin excavar a fondo, la Universidad aún sostiene grupos de estudiantes y otros de infiltrados (nunca se ha podido comprobar cómo es la relación entre unos y otros) dedicados, a cómo dé lugar, a socavar la credibilidad del rector. Los capturados en los actos vandálicos de la semana pasada fueron dejados en libertad por aspectos procesales, y la investigación quedó en punto muerto.

En toda esta mezcla explosiva, ahora resulta que quien fuera vicerrectora administrativa y rectora encargada mientras Prasca cumplía los tres meses de sanción impuestos por la Procuraduría, Mariluz Stevenson del Vecchio, quien había sido retirada por Prasca a su regreso, deberá, por orden de un juzgado de Barranquilla, regresar a su cargo como vicerrectora en cumplimiento de una tutela.

Así, el panorama es absolutamente confuso: Un rector que no se ayuda, una oposición radical, infiltraciones no identificadas, y un mínimo escenario de maniobra para un Consejo Superior, en donde su presidente (que es el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa), ha hecho todo lo posible por defender a Prasca, pero el oxígeno y el tiempo, parece acabárseles a ambos.

Ahora viene, en dos meses, cambio de gobernador, y falta ver hasta dónde Prasca tendrá el respaldo de la nueva gobernadora, Elsa Noguera, quien ha dicho que no va a permitir las ollas de droga que hay dentro de la Universidad.

“Si a esto se agrega un rector lleno de problemas, con quien las autoridades locales y nacionales han sido demasiado tolerantes, lo que se está logrando es echarle gasolina a un problema que aun puede ser manejable. En eso no se equivoquen señor Gobernador y Alcalde de Barranquilla porque errores en esta materia pueden ser absolutamente irremediables; y a veces pueden contarse en vidas”, advierte la analista política Cecilia López Montaño en su columna de El Heraldo.

La principal preocupación es que, según sus antecedentes y los intereses políticos y económicos de varios grupos de presión internos, la continuidad o el cambio de Prasca no será la solución a la gobernabilidad de una Universidad que, por décadas, no ha permitido la convivencia con la diferencia.

Mientras tanto, el Ministerio quita y pone delegados que, como figuras decorativas, avalan decisiones del Consejo Superior sin pronunciamientos de fondo y un cuestionamiento real de la re-estructuración orgánica, directiva y de talante que necesita esta universidad.

Pero, al mismo tiempo, el sector se auto-engaña, con el argumento de que la Universidad tiene calidad por contar con acreditación institucional. ¿Pero, de qué calidad se habla?, simplemente de haber cumplido una lista de chequeo de unos indicadores que, claramente desconocen el impacto cultural y político sobre el presente y futuro de una IES.

Curiosa o paradójicamente, en la Resolución de Acreditación Institucional 4140, del 22 de abril, el Ministerio de Educación Nacional -por recomendación del CNA- destaca como un aspecto positivo (?) de la Universidad, “la participación de representantes de los estamentos en los órganos de dirección y, por tanto, en la toma de decisiones estratégicas participativas”.

!Qué inocencia la de los pares del CNA al no indagar por los intereses, recursos y agenda política de varios de estos representantes!. Por ejemplo, el mismo CNA y el Ministerio recibieron, después de la visita y antes de la resolución de acreditación, una carta del propio Roberto Figueroa, en la que la pedían NO acreditar a la universidad… y tal vez podría tener razón.

El proceso de selección de representantes de estudiantes y egresados tambén deberían tener un proceso de análisis muy detallado de sus agendas y rendición de cuentas.

En la misma resolución de acreditación, el CNA da una consideración para la reacreditación, en el sentido de que la Universidad debe “de manera prioritaria, formular estrategias y programas que permitan mejorar el clima institucional y, a su vez, que promuevan estados adecuados de convivencia y tolerancia en la comunidad académica”.

¿Iluso el CNA?