La reforma del sistema de aseguramiento de la calidad: Carlos Hernando Forero – nov/22

En esta ocasión, Carlos Hernando Forero, presenta algunos elementos no tangibles, pero determinantes e incidentes en los impactos positivos del SAC y que deben considerarse en su posible reforma.

El ministro Alejandro Gaviria, ha expresado lo siguiente: El SAC no está funcionando, coarta la innovación, tiene imbuido conflicto de intereses, requiere una reforma integral. Estas duras afirmaciones conllevan un diagnóstico y una voluntad política de corregir de fondo las debilidades planteadas. Desde luego también es necesario incorporar en el análisis el otro lado de la balanza relacionado con fortalezas y avances, para no quedarnos con la frase pública expresada que el SAC es un fracaso.

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Bienvenida la reforma integral anunciada. Para ello unas primeras consideraciones.

En primer lugar, el diseño colombiano para asegurar la calidad del servicio público de la educación superior permite deducir sus puntos más problemáticos; al respecto el IESALC/UNESCO hace un par de años, presentó un interesante documento (“La garantía de calidad y los criterios de acreditación en la educación superior. Perspectivas internacionales”) sobre los distintos diseños institucionales en varios países del mundo, mostrando sus características, limitaciones y actores predominantes en el sistema que en el caso nuestro lo conforman un registro calificado que otorga el MEN y la acreditación de programas e instituciones que orienta el CESU y el CNA, complementados con las pruebas saber, la información del SNIES y sobre ciencia y tecnología que registra el ministerio de ciencia.

Este panorama del IESALC, advierte sobre los riesgos que tiene la innovación, cuando el sistema se centra en el gobierno y las IES, como es el caso nuestro, donde podemos caer en la expresión popular “hagámonos pasito” con lo cual se van burocratizando los procesos y relajando la evaluación misma, dando lugar a tiempos excesivos en el proceso y resultados cuestionados especialmente en cuanto a la acreditación institucional se refiere, con un gran número de IES que han recibido ese reconocimiento, haciéndole perder valor frente a la sociedad y la comunidad internacional. El documento muestra una amplia bibliografía internacional y muy pocos estudios sobre el tema en América Latina.

En segundo lugar, en aras de una objetividad y un respeto por la diversidad, se han establecido guías exhaustivas para la acreditación, como si se tratara de llenar un formato y no de aprovechar los aportes de los verdaderos pares académicos al plan de mejora resultante. La diversidad institucional, no puede ser un pretexto para perder rigor dejando de lado la esencia misma de lo que debe ser una IES con sus programas, profesiones y disciplinas fundamentadas históricamente.

En tercer lugar, no se terminan de articular los esfuerzos evaluativos del registro calificado y la acreditación; parece que a veces compitieran. El registro calificado, establecido por ley, muy útil al comienzo, permitió alimentar el sistema de información, SNIES; hoy en día es un proceso costoso, burocratizado, excesivamente demorado, con poco valor agregado, con dudas sobre su transparencia, con salas y pares con ansias de poder. Podría simplificarse mucho y ser realizado por evaluadores sin darles la connotación de pares, con bases suficientes para inducir una inspección y vigilancia moderna y ágil.

En cuarto lugar, la acreditación está permanente asediada por enfoques mercantilistas en asociaciones conformadas y fue muy evidente en la pasada conferencia mundial sobre educación superior, en el grupo que se analizaba el tema, que los principales participantes fueron los representantes de las agencias de acreditación, que en algunos países superan las 60, con intereses propios y solicitudes a la UNESCO y a la OCDE, para perfeccionar su negocio, así como el de un conjunto de firmas o expertos que se dedican a asesorar a las IES para que “pasen” el examen.

En quinto lugar, el concepto de calidad ha quedado monopolizado por las agencias, cuando debe estar protagonizado por las IES, particularmente las universidades. Cuando los pares preguntan por el concepto de calidad que ha construido la comunidad académica, normalmente la respuesta es, calidad es lo que dice el CNA. Por lo tanto, la apropiación es escasa y no conlleva a un ejercicio de la autonomía universitaria con rigurosos estándares de referencia de la profesión, la disciplina y del deber ser de una organización educativa del conocimiento, especialmente el científico. Si la comunidad académica construye su propio concepto de calidad, con referentes rigurosos, y se compromete a fondo, seguramente el mejoramiento será más evidente. Bien lo han dicho muchos académicos, la calidad se puede impulsar desde el Estado, desde el mercado, y desde la propia institución; cuando con un compromiso ético se hace desde esta última, se alcanzan mayores y mejores resultados.

En sexto lugar, qué estamos midiendo o dejando de medir en la acreditación, desde sus condiciones iniciales. El modelo con sus 12 factores y múltiples características no examina suficientemente aspectos vitales como es el gobierno institucional, que, para modelos de otros países, si no se cumplen los elementos mínimos de gobierno, el proceso de evaluación no debe continuar. Relacionado con esto, no se examina a fondo la manera como las IES construyen y desarrollan políticas institucionales de calidad; tampoco como diseña y fortalece su propio sistema interno de aseguramiento de la calidad, ni cómo analiza y asume escenarios de futuro en entornos altamente cambiantes, o cómo responde el proceso evaluativo de la calidad a los problemas nodales de una sociedad específica. Tampoco fomenta el relacionamiento con otros sujetos y actores de la sociedad que pertenecen al mundo social o empresarial.

Quisiéramos ver un CNA: internacionalizado de verdad; con mayor independencia del MEN; que fomente la innovación y tenga como telón de fondo la pertinencia social; que se constituya en un observatorio sobre el mundo de como medir la calidad, o controlarla, o asegurarla, o promoverla; que sea una fuente para desarrollar investigaciones sobre el tema, con la importante información que tiene el sistema, y las respectivas reservas legales; que sea un líder en la transformación digital y una fuente de capital moral, ético y ciudadano. El debate debe plantearse con un método adecuado y conducirnos en plazos cortos a introducir las reformas estructurales necesarias, con lo cual se benefician las IES y sus comunidades académicas, el gobierno y el propio CNA. Adelante ministro.

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