El Observatorio de la Universidad Colombiana




Publicar investigaciones: ¿un beneficio más privado que social?

Feb 14/21 La academia rescata el valor social de investigar. En la práctica, publicar investigaciones es costoso para las IES, benéfico para el investigador y dudosamente útil a la sociedad.
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La realidad es que constituir las condiciones para una buena investigación y divulgar sus resultados demanda muchos recursos: Laboratorios, viajes, viáticos, gastos administrativos, nómina, pago en revistas que no son de acceso abierto, asesorías de investigación, rankings, acreditación, bonificaciones por publicación o aumentos salariales derivados del modelo (para el caso colombiano) de “puntos por todo”, de la universidad pública (Decreto 1279), para los docentes que publican.
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¿Será digno y justo que haya profesores de universidades públicas de Estado con salarios mensuales de 50 y más millones de pesos?…. Todo eso por la indecencia de la “puntofagia”: Carlos Enrique Ruiz. Director-fundador de la Revista Aleph
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Esos son los únicos datos objetivos (traducidos en dinero). Por lo demás, ni el país ni su sistema de investigaciones tiene definida una forma efectiva y objetiva de medir el impacto del conocimiento generado a través de las investigaciones.
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Es claro que cada desarrollo investigativo que se convierte en un positivo impacto social (p.e. una vacuna, una hipotesis que reforme una política pública, un modelo que lleve a optimizar inversiones en otros sectores…) justifica enormemente las inversiones, pero cuántas de estas se han hecho sin resultados viables y a qué precio.
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El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación tiene un modelo de reconocimiento de investigadores y publicaciones, pero esto es sólo una forma de medir lo existente, mas no los resultados reales., y así pasa en la mayoría de países.
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En el caso de las IES públicas, el afán por lograr visibilidad mediática, en rankings y acreditación, lleva a que el artificial sistema de reconocimiento de investigaciones, a través de sus publicaciones y la visibilidad de las mismas, representa importantes, y preocupantes, erogaciones presupuestales.
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En un interesante análisis sobre la dinámica que genera el “cobrar por publicar en revistas académicas, una amenaza al ecosistema latinoamericano no comercial”, la costarricense Saray Córdoba González analiza el fenómeno de las publicaciones pagar y las de acceso abierto, y advierte cómo, “en el caso de las universidades públicas, el pago por publicar los artículos de sus investigadores significan un doble egreso para una institución pública: Por un lado, esta financió la investigación que dio origen a la publicación del artículo y por otro, financia nuevamente la publicación a través de la participación de su autor o autores en una revista que cobra por publicar. Los móviles de este doble pago son múltiples; desde la posición en los rankings de parte de las universidades e institutos de investigación, hasta la necesidad de publicar en revistas de prestigio para aumentar la calificación de los sistemas de evaluación de la ciencia. Esta práctica se ha presentado como un conflicto de intereses, pues los autores se encuentran en una posición contradictoria al publicar en revistas de prestigio y pagar altas cuotas por ello, mientras que los administradores de fondos públicos esperan que esa suma sea razonablemente baja”.
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Y casi que no sería un doble sino un triple egreso, pues en la cadena de consecuencias de este sistema artificial de hacer visible las publicaciones (Article Publishing Charges – APC, o modelo de cobrar por publicar), las universidades deben asumir los costos de nómina que significa el reconocimiento y ascenso, en el escalafón y salario de sus docentes.
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Esta modalidad de APC ha surgido en desarrollo del sistema de visibilización de la investigación, a través de artículos en revistas científicas. Para tener algo de visibilidad el mercado editorial se ha concentrado (según señala Córdoba) la gran mayoría de artículos científicos circulan a través de solo cuatro publicadores: PLOS, MDPI, Hindawi y Springer (esta última la de mayor impacto en Colombia). Estos cobran por publicar y movilizar las investigaciones, justificando para ello costos de revisión, traducción o gestión de la revista; pagar la suscripción al identificador único o DOI (Digital Object Identifier), al controlador de plagio o alquiler de la plataforma de servicio, la impresión y el envío de los ejemplares de las versiones impresas, y la publicación de las ilustraciones en colores u otros servicios adicionales que las revistas deben atender, entre otros aspectos.
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Un debate adicional se da en torno de los intereses comerciales de parte de algunos de estos publicadores.
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La vía que ha escogido América Latina para el financiamiento de las revistas ha sido la creación de infraestructuras con recursos compartidos. Son ejemplos de estos esfuerzos la construcción de portales de revistas en acceso abierto, al igual que los repositorios como Latindex, SciELO, Biblioteca Virtual de CLACSO, LatinREV, REDALyC y AmeliCA
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Como no todas las universidades tienen publicaciones reconocidas (Lea: Sólo 64 IES, de 299, registran revistas clasificadas en Publindex), y muchas de las que la tienen no cuentan con el impacto suficiente, y no son comerciales, hay investigadores que recurren a las llamadas revistas depredatorias, que simulan ser revistas académicas serias que pueden dar visibilidad, a cambio de que el investigador pague porque se artículo sea publicado, con el menor nivel de exigencia académica posible.
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Los pagos por aparecer en las publicaciones (reconocidas o predatorias) pueden variar considerablemente según el número de páginas de los artículos. Córdoba señala, en su análisis, que no existe un APC razonable, pues no hay una forma de controlar los precios que se cobran, pero Abadal y Nonell (2019) citando a Fair Open Access advierten que “el precio que se considera justo no debería superar los 50$ por página ni los 1.000$ por artículo”. No obstante, a pesar de las deducciones que algunas revistas realizan a los países por su condición de renta, los precios por publicar un artículo pueden llegar a los $3500, o a tal extremo como lo apuntan Tennant et al. (2019), en el caso de Nature Communications, de Springer Nature que cobra $5200 por publicar un artículo, y advierten que esto afectará a los autores que no tienen fuentes para financiar tales montos.
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Las revistas predatorias, según el artículo de Springer denominado “Publicación depredadora en Scopus: evidencia sobre diferencias entre países”, varían en sus cobros e impactos, según país. “Los países con grandes sectores de investigación en el nivel medio de desarrollo económico, especialmente en Asia y África del Norte, tienden a ser más susceptibles a las publicaciones predatorias. Los países árabes, ricos en petróleo y / o del este también parecen ser particularmente vulnerables”, señala.
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Springer define estas revistas académicas “depredadoras” (o fraudulentas) como aquellas que explotan un modelo de publicación de acceso abierto pagado: el editor no cobra tarifas de suscripción, pero recibe dinero directamente del autor de un artículo que se vuelve accesible de forma gratuita para cualquier persona. Sin embargo, esto implica un conflicto de intereses que tiene el potencial de socavar la credibilidad de las publicaciones académicas de acceso abierto. Los autores están motivados a pagar para que se publique su trabajo en aras de la progresión profesional o la evaluación de la investigación, por ejemplo. A cambio, los editores depredadores hacen la vista gorda ante cualquier limitación de los artículos durante la revisión por pares a favor de generar ingresos a partir de los honorarios de los autores; los peores de ellos falsifican el proceso de revisión por pares e imprimen casi cualquier cosa por dinero, sin escrúpulos.
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Como en el mercado de las drogas ilícitas, mientras haya demanda habrá oferta, y algo parecido sucede en medio de este creciente “mercado” de editoriales académicas y depredadoras. Mientras exista la vanidad del investigador y el afán de las IES por figurar con publicaciones, independientemente de la efectividad de sus resultados, éstas seguirán creciendo.
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Este es otro tema para que el país, como sistema, en conjunto entre los ministerios de Educación y de Ciencia y con la comunidad científica puedan sentarse a reflexionar sobre la necesidad urgente de sentar una posición al respecto, por utilidad y por economía.
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