Retos para la calidad en la educación superior: Luis Antonio Orozco – mayo/22

Luis Antonio Orozco Ph.D. y profesor titular de la Facultad de Administración de Empresas de la U. Externado de Colombia plantea la necesidad de que el sistema de educación superior cuente con una mejor gobernanza.

La calidad en la educación es un concepto móvil, con un largo debate que incluye desde las posiciones aristotélicas del qualitas – lo que es en sí mismo – que alude a la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, hasta su concepción tomada de la literatura de la administración y negocios que incluye la producción con cero defectos y la satisfacción del cliente – como se puede deducir del Acuerdo 02 del Consejo Nacional de Educación Superior – CESU (Ver: Consejero del CNA y directivos de la UDEA rechazan resultados de aprendizaje).

La calidad de la educación superior tiene un marco jurídico en el que existe un sistema nacional de acreditación y una entidad – el ICFES – que tiene como misión de evaluar la educación e investigar los factores que inciden en su calidad. Esa institucionalidad debe velar porque el sistema de educación superior en Colombia avance en calidad, pero requiere de la compañía de los órganos de gobierno de las universidades.

La calidad, como propone mi estudiante del Doctorado en Administración de la Universidad Externado de Colombia, Jeimy Aristizabal, siendo subdirectora de estadísticas en el ICFES, es una función compleja de combinación de muchos recursos con los que se crean capacidades para agregar valor, para, como ella dice, ver que un estudiante que entra a la universidad con unos resultados bajos o medios en las pruebas saber 11 y sale con unos resultados superior o muy superior en las pruebas Saber Pro, es capaz de resolver problemas y no solo recitar unos contenidos curriculares. Pensamos que esto requiere de interacción, de creación de comunidades y compromisos por la investigación, que, al ser el eje central de la formación y la extensión, crea competencias para buscar literatura, experimentar y pensar creativamente frente a situaciones que requieren del intelecto humano.

Creo que la calidad reside en que las personas sean capaces de hacer cosas, de resolver problemas, de crear y usar el conocimiento para tomar decisiones informadas, para tener posiciones críticas, para procurar mejores condiciones, con oportunidades para llevar una vida digna. En este sentido, la calidad la evidencio cuando una promesa de valor, por ejemplo, formar ciudadanos íntegros, se demuestra con egresados de comportamiento ético público y privado intachable, que exhiben competencias para resolver los retos de construir un mejor futuro.

El problema que tenemos con la idea de calidad, adicional a la visión estandarizada de medir resultados de aprendizaje del CESU, viene de la presión que ejercen rankings y entidades como MinCiencias que buscan que las universidades se acoplen y funcionen de acuerdo con sus modelos de medición. La idea de calidad que emiten estos rankings y mediciones está atada a indicadores fáciles de construir, particularmente los que tienen que ver con tasas de graduación, puntajes de Saber Pro y los resultados de la investigación como reflejo de la capacidad del cuerpo profesoral. Las tasas de graduación presionan la permisividad y falta de rigor en los procesos de evaluación interna, que de alguna manera trata de regular las pruebas ICFES. Más preocupante es cómo mostrar publicaciones internacionales. Adicional a la práctica de tener nóminas paralelas con profesores extranjeros que simulan crear capacidades mientras le aumentan la producción internacional a sus contratantes, desde hace un tiempo he visto como proliferan los anuncios publicitarios que dicen “Construye tu perfil como investigador con tus artículos publicados en revistas indexadas y bases de datos como Scopus, Redalyc y Web of Science”. Ya no solo se oferta la elaboración de trabajos y tesis a los estudiantes (que para el grado de doctor oscila en 10 millones), sino que adicional al riesgo de las revistas depredadoras, y los carteles del plagio como el que lideró el actual ministro de ciencia, Tito Crissien, aparece un mercado negro en el que profesores pagan para que les hagan sus artículos.

Estamos entrando en una ciencia post-fáustica, donde se le vende el alma al diablo por obtener, ya no conocimiento, sino indicadores para inflar hojas de vida, llenar requisitos para subir salarios y ascender en los rankings. Es urgente fortalecer los sistemas de gobernanza compartida en las universidades con órganos como los consejos directivos donde participen miembros independientes, de probada reputación, y miembros que seamos responsables por rendir cuentas públicamente, colegiadamente con entidades técnicas como el ICFES, sobre los resultados misionales de la educación superior. Esto solo es posible si en la gobernanza del sistema, entidades como el CESU (cooptado muchos años por rectores que no rinden cuentas)  contribuye a superar las limitaciones del Acuerdo 2 de 2017 y permita la discusión de propuestas como la de José Manuel Restrepo[1] y sus colegas para mejorar el buen gobierno en la universidad colombiana y crear estructuras para la gobernanza de la calidad.

[1] Restrepo, J. M., Bradford, H., Guzmán, A., & Trujillo, M. A. (2018). Una Revisión Propositiva a la Política Publica para el Mejoramiento del Gobierno en las IES en Colombia. Revista de Economía del Rosario21(2), 219-246.

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