Sobre los alcances del documento sobre SNCTI y “vivir sabroso”: Orlando Acosta – julio/22

Con el título “El buen vivir y el vivir sabroso en los principios rectores del Pacto Histórico para el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI)”, Orlando Acosta, Doctor of Philosophy in Molecular Virology, investigador emérito de Minciencias, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia, analiza cómo el polémico documento del Pacto Histórico opta por un modelo alternativo de ciencia, tecnología e innovación (CTI) para la vida como si la ciencia que se hubiera hecho hasta ahora en Colombia fuera para la muerte. Señala que el diálogo con las comunidades indígenas y afrodescendientes es bienvenido. Muchos lo hemos practicado. Pero no se puede imponer como un mandato o principio rector. 

En los últimos días ha tenido lugar en la comunidad académica un agitado debate acerca de un documento del Pacto Histórico sobre el “Sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación (SNCTI) para el buen vivir, el vivir sabroso y el ejercicio efectivo de una democracia multicolor. Documento de visión política”. Es un documento escrito a 8 manos y con contribuciones de la diáspora. Las coautorías no lo hacen bueno ni malo, y son deseables. Sin embargo, sería útil para el debate que cada uno de sus autores declarara sus contribuciones intelectuales específicas al texto del Documento para tratar de entablar un diálogo específico con algunos de ellos si fuera necesario.

A propósito:

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El Documento claramente se inspira en la noción de descolonización del conocimiento, también referida como descolonización epistémica o epistemológica, según la cual, los sistemas de conocimiento occidentales o del conocimiento científico sojuzgan hegemónicamente a otros modos o sistemas de conocimiento denominados ancestrales, milenarios, aborígenes, indígenas o tradicionales. Este movimiento de liberación epistémica apunta a deshacer el colonialismo y el etnocentrismo expresados en los estándares de validez y de verdad del conocimiento impuestos por el pensamiento y el método científico occidentales, surgidos en Europa en épocas del renacimiento y la Ilustración, y que fueron implantados por los imperios en las colonias a nombre de la civilización.

La sindicación de la ciencia y la tecnología como hegemónicas y nocivas para la naturaleza y la sociedad, plasmada en el preámbulo del Documento, es una extensión del concepto de hegemonía política, económica y militar en que un estado somete a otro estado. Es también sinónimo del imperialismo cultural cuando los imperios fracturaron de forma genocida en África, Asia y América la historia de los pueblos colonizados, sus dioses, su lengua, su cosmovisión. De forma conexa, se condena entonces que se haya impuesto, y aun se mantenga, un sistema occidental de conocimiento que excluye y marginaliza lo que se conoce como la sabiduría de las comunidades aborígenes o indígenas.

El Documento parece contradecirse al reconocer que el Minciencias fue creado para “velar por el fortalecimiento del SNCTI, establecer politicas (sic) públicas pertinentes e impulsar el desarrollo científico, tecnológico y de la inovación (sic) en sus relaciones con las demás instituciones públicas y el sector privado para alentar el emprendimiento, la productividad y la competitividad”. En el Decreto de creación del Minciencias no se condena a la ciencia y tecnología derivadas del conocimiento científico occidental, las cuales el Documento califica peyorativamente de hegemónicas. Aunque el conocimiento obtenido por las comunidades indígenas no es excluido de contribuir a la competitividad, no se conoce país relevante alguno que haya salido de la pobreza a través de la eliminación del sistema de conocimiento científico occidental.

Aunque el capitalismo tiene un largo catálogo de bondades y maldades, el Documento culpa al capitalismo de reproducir y dar soporte a la denominada ciencia hegemónica y a un sistema de dominación epistemológica. Extrañamente, el Documento omite prescribir el remedio más eficaz contra el capitalismo: el socialismo en marcha al comunismo. Parece entonces que el Documento entra en conflicto con el propósito del presidente Gustavo Petro de desarrollar el capitalismo para crear riqueza, de construir una economía basada en el conocimiento. Es decir, de un capitalismo con un aparato productivo intensivo en conocimiento, en intangibles, de acuerdo con las prescripciones del Banco Mundial y la OECD. Aunque el conocimiento es considerado la primera forma de capital de la humanidad, y las comunidades indígenas también generan conocimiento susceptible de ser traducido en aplicación práctica económica, el capitalismo de nuestros tiempos es cada vez más soportado esencialmente por el sistema de conocimiento científico occidental y no por el respetable conocimiento de las comunidades ancestrales y milenarias que aún permanecen en el planeta. Sobra señalar que los pueblos europeos fueron también ancestrales y milenarios, pero tuvieron, por culpa de la Divina Providencia, la iniciativa de desarrollar el método científico como soporte del sistema de producción de conocimiento, hoy referido como occidental y peyorativamente designado como hegemónico e imperial.

Pero lo que más preocupa a muchos académicos y científicos es que la política pública del SNCTI del gobierno del Pacto Histórico pareciera pretender excluir de la actividad investigativa, a través de la negación de la financiación, a proyectos que a juicio del Minciencias no anticipen productos dirigidos al logro de la transición hacia el Buen Vivir y el Vivir Sabroso. Tal vez por el prejuicio de la ciencia occidental, en un debate académico se requiere de definiciones esenciales. ¿Qué es el buen vivir y el vivir sabroso? Cuando los objetos de una definición exhiben complejidad, las definiciones esenciales se dificultan. Cada autor es una definición. Pero veamos algunas aproximaciones.

El buen vivir, el sumak kawsay (Alberto Acosta. 2015. El Buen Vivir como alternativa al capitalismo. Centro Latino Americano Ecología Social), se presenta como una alternativa al capitalismo, en donde se busca una vida armoniosa consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza. Es una filosofía de vida de los pueblos ancestrales del sur que se opone a la idea de desarrollo y progreso del capitalismo. No es una alternativa de desarrollo sino una alternativa al desarrollo. Se opone a la noción de desarrollo de los países capitalistas más avanzados por ser ajena a las ideas de la sabiduría indígena, donde los conceptos de riqueza y de pobreza son inexistentes. El buen vivir plantea una cosmovisión diferente a la occidental, rompiendo con el capitalismo y el antropocentrismo. Rechaza tanto al socialismo como al capitalismo por ser contrincantes en el mismo terreno del desarrollo y el progreso.

Sobre el vivir sabroso, Natalia Quiceno Toro (Quiceno Toro N. 2016. Vivir sabroso: Luchas y movimientos afroatrateños, en Bojayá, Chocó, Colombia. Universidad del Rosario) relata que la región del Medio Atrato Chocoano ha sido azotada por masacres perpetradas por paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes, una de ellas ocurrida en Bojayá. En su investigación encuentra un pueblo que cultiva el arte de vivir sabroso, que resiste y defiende la vida y sus territorios. Afirma:

“La idea de vivir sabroso … No es una meta ni una finalidad, sino un proceso, un hacer, un existir día a día. Vivir sabroso es algo que se realiza, pero que se agota, y por tanto, no deja de buscarse. En este proceso están implicados varios agentes: los santos, los muertos, las plantas, los parientes, el monte y el río”.

La autora declara que “la dignidad y la posibilidad de vivir sabroso se construyen mediante la labor cotidiana, la fuerza del trabajo colectivo, la lucha y la resistencia de las comunidades, y no necesariamente con un programa específico promovido por el Estado.” Añade que la vida sabrosa no se debe mezclar ni homogenizar con el buen vivir indígena. Según esta autora, la idea de vivir sabroso es la manera como los afroatrateños organizan su mundo y su modo de existir. Con relación a la manera como viven estas comunidades, la autora describe que a pesar de “los horrores vividos y la continuidad de la violencia, los afroatrateños no han perdido la alegría de vivir, la solidaridad, las ganas de viajar, visitar a sus parientes, ir al monte, navegar en el rio, bailar, beber, celebrar a sus santos y cantar a sus muertos”.

Con base en las anteriores aproximaciones a una definición del buen vivir y del vivir sabroso, cabe preguntarse: ¿cómo imponer una política de Estado en materia ciencia, tecnología e innovación en que los investigadores con sus proyectos contribuyan a transitar a estas explicitas filosofías de vida de las comunidades indígenas y afrodescendientes? Se anuncia una transición epistemológica desde la ciencia y la tecnología hegemónica occidental hacia las epistemologías de las comunidades excluidas.

Si hacemos una mayor simplificación, por ejemplo, tomando la definición de vivir sabroso de nuestra vicepresidenta Francia Márquez: “… vivir sabroso para un pueblo negro … se refiere a vivir sin miedo, se refiere a vivir en dignidad, se refiere a vivir con garantía de derechos (Infobae, 22 de junio de 2022). En otros momentos ha añadido que se trata de vivir en paz, que no los discriminen, que no los asesinen. Aunque todos condenamos la violación del derecho a la vida y en general de los derechos humanos, y las investigaciones de las ciencias sociales hacen importantes aportes en estos temas, desde las investigaciones en ciencias exactas, físicas y naturales es muy difícil prevenir los asesinatos, poner a órdenes de la justicia a los asesinos y violadores de derechos humanos. Si a los proyectos en estas ciencias el Minciencias les coloca como condición para su financiación garantizar una contribución al buen vivir o al vivir sabroso en los términos de nuestra vicepresidenta, estas áreas quedarían posiblemente excluidas de financiación en su gran mayoría.

Sobre las aproximaciones o encuentros del conocimiento indígena (IK) y el conocimiento occidental (WK) hay numerosa literatura describiendo sus tensiones, sus diálogos y sus beneficios. Un aspecto relevante es la asimetría en estas aproximaciones, donde el IK es subsumido por el WK y donde el primero solamente tiene validez si es confirmado por el segundo. Las comunidades indígenas son extremadamente diversas en términos de culturas, idiomas, tierras, gobiernos, estructura genética y lugares de residencia (rural o urbana). Se registran desde habitar en lo más profundo de las selvas y en gran aislamiento del sistema capitalista hasta aquellas que comercian formal e informalmente en dólares y realizan protestas callejeras para exigir la reducción de precio de la gasolina y la renuncia de un presidente.

No es del todo cierto que la ciencia occidental capitalista desprecie el conocimiento indígena. Hasta hace pocos años las plantas utilizadas medicinalmente por comunidades indígenas eran una fuente importante de nuevos compuestos farmacológicamente activos. Muchos fármacos se derivaron de plantas y fueron patentados sin beneficio económico para las comunidades indígenas. Como consecuencia de la introducción de la química (síntesis en laboratorio) combinatoria el interés por las plantas se ha reducido, pero aún conservan mucho potencial. En los últimos 30 años más del 50% de los fármacos se ha derivado de productos naturales. Desde hace más de 60.000 años las comunidades humanas, fruto de la observación y la experimentación del ensayo y error contribuyeron a seleccionar plantas con propiedades medicinales y comestibles.

Desde hace varios años, organizaciones científicas y agencias de desarrollo han insistido en que los sistemas de conocimiento indígenas sean tenidos en cuenta como importantes depósitos de conocimiento, ligado a la iniciativa de corporaciones biotecnológicas multinacionales que usufructúan  el  conocimiento indígena medicinal, agrícola y ecológico. Sin embargo, surgen dificultades en estas aproximaciones. La ciencia occidental tiende reconocer la legitimidad del conocimiento indígena solamente cuando lo desliga de los mitos y las supersticiones. Se insiste en desarrollar una idea multicultural de la ciencia distinta a las tendencias anticientíficas y postmodernas que llegan en su relatividad al punto de proponer leyes de la naturaleza alternativas.

El Documento del Pacto Histórico opta por un modelo alternativo de ciencia, tecnología e innovación (CTI) para la vida como si la ciencia que se hubiera hecho hasta ahora en Colombia fuera para la muerte. El dialogo con las comunidades indígenas y afrodescendientes es bienvenido. Muchos lo hemos practicado. Pero no se puede imponer como un mandato o principio rector. Constitucionalmente se ampara la libertad de investigación y la libertad académica de los investigadores. Cuando por la naturaleza de su actividad investigativa los investigadores juzguen que deben dialogar con las comunidades indígenas, lo harán. Imponer como principio rector que “Las instituciones del SNCTI … tendrán la misión de jalonar, a través del conocimiento y la valoración de las sabidurías y epistemologías locales, la transición para vivir sabroso.”, suena un tanto dictatorial y violatorio de la autonomía institucional de las universidades y la libertad académica y de cátedra de los investigadores.

El otro principio rector de que “No hay justicia social sin justicia epistémica” es insostenible. Las deplorables condiciones en que viven muchas comunidades indígenas y afrodescendiente no tienen como determinante la epistemología, la exclusión de sus conocimientos en las actividades de ciencia y tecnología. Es la pobreza. Una cantidad de ricos no debe su riqueza y sus comodidades a que sus conocimientos hayan sido tenidos en cuenta en los proyectos de investigación científica o en la generación de tecnologías. La igualdad epistémica hace referencia a que cada persona tiene el derecho de hablar y ser escuchado si tuviera alguna información o conocimiento para compartir o preguntas para realizar. El pluralismo epistemológico es una práctica común donde se examinan diferentes formas de conocer las cosas. En la filosofía de la ciencia, es común la referencia el pluralismo epistemológico en contraposición al reduccionismo, en donde fenómenos naturales se tratan de explicar mediante diferentes enfoques y métodos específicos.

Asignarle al Minciencias y al SNCTI la tarea de realizar el tránsito de la sociedad colombiana hacia unas filosofías de vida, hacia la manera como perciben y viven el mundo las comunidades indígenas (el buen vivir) y afrodescendientes (el vivir sabroso), además de ser una ilusión y una vulneración de los principios fundantes de la democracia, es totalmente contradictoria con el propósito de construir una sociedad capitalista desarrollada. Quienes criticamos a los gobiernos anteriores, incluyendo el saliente, por mantener al país instalado en un capitalismo de garaje caracterizado por la corrupción, la especulación financiera, los rasgos semifeudales, el crimen de lesa humanidad, las masacres, la exclusión, las inequidades, estamos obligados moralmente a contribuir a una gestión exitosa del gobierno que tomará posesión el 7 de agosto de 2022, a la construcción de una Colombia mejor. La Universidad Nacional en particular tiene el mandato de su régimen orgánico (Decreto 1210 de 1993) de “Prestar apoyo y asesoría al Estado en los órdenes científico y tecnológico, cultural y artístico, con autonomía académica e investigativa”.

Las comunidades indígenas y afrodescendientes deben ser respetadas en su cultura, formas de organización y cosmovisión, pero ante todo en su autodeterminación. El Estado tiene la obligación de satisfacer sus demandas, las promesas no pueden quedarse en la simple retórica y en declaraciones altisonantes, así parezca un tanto paradójico que ya Viven Bien y Viven Sabroso. El Observatorio de Discriminación Racial ha argumentado que “el Estado colombiano tiene el deber de otorgar reparaciones colectivas a la población afrodescendiente por el delito de esclavitud que sufrieron sus antepasados y cuyas consecuencias persisten en la discriminación que afecta a esta población …”.

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