U. Autónoma del Caribe: Entre el reverdecimiento y el retroceso

Agosto 1/22 Dejaron de sonar los escándalos y aunque con menos estudiantes mantiene su actividad académica, pero se denuncian problemas administrativos y de pagos a los trabajadores.

Mientras que el rector, Mauricio Molinares Cañavera proclama los avances de la Universidad, las cifras de matrícula no crecen como se quiere y hay problemas con algunos sindicatos, y que vienen de tiempo atrás.

A propósito, lea: En su “reverdecimiento”, U. Autónoma del Caribe cambia su Consejo Superior

¡En Uniautónoma seguimos avanzando!, cuenta una nota periodística de la propia Universidad, en la que detalla los avances del “Reverdecer”, con seis programas acreditados en alta calidad, entre otros desarrollos.

No obstante, el retraso de cinco meses en la seguridad social ha llevado a que comunicadores como Anuar Saad, quien dirigió el programa de comunicación de esa misma Universidad, llame al rector “mitómano”, al hablar de reverdecer mientras que la Universidad enfrenta esta situación, misma de la que el Ministerio de Educación nunca más volvió a ocuparse públicamente.

Por su parte, el comunicador social John Javier Acosta Rodríguez, quien se ha desempeñado también como docente en la propia Universidad Autónoma del Caribe, y quien acertadamente en otras ocasiones ha descrito lo que vive esa IES, acaba de publicar una crónica en la que denuncia no pago de seguridad social, suspensión de contratos y problemas en la gobernabilidad de la universidad que dirige Mauricio Molinares, a tal punto que, cuatro años después de la intervención de Mineducación, cuestiona la efectividad de dicha norma.

A manera de contexto, El Observatorio reproduce el siguiente relato de Acosta Rodríguez:   

Se acabó el compás de espera. No se debe repetir el mismo error que cometimos con la administración de Ramsés Jonás Vargas Lamadrid: callar por mucho tiempo dizque para no crear mala imagen de la Universidad Autónoma del Caribe, lo que revertería en una baja de matrículas. Todavía estamos padeciendo las consecuencias de esa absurda decisión. Y hay que decirlo de una vez: las cosas no están bien en esta querida universidad. Parece que al rector actual, le quedó grande la recuperación de esta prestigiosa casa de estudios.

Mauricio Molinares Cañavera, actual rector de la Universidad Autónoma del Caribe, suele responderle a sus críticos con una frase desafortunada, que, para él, es una lumbrera: “Yo no soy académico, yo soy es administrador”. Gravísimo que la cabeza de una casa de educación superior reconozca que no es académico, pero también es grave que los pobres resultados de su gestión demuestren que tampoco es lo que dice ser.

En este blog sostuvimos (cuando dentro del proceso de intervención que lleva a cabo el Ministerio de Educación Nacional -MEN, se le permitió al nuevo Consejo Directivo escoger al rector de la Universidad Autónoma del Caribe, después de los primeros nombrados por el MEN) que “todavía no estamos preparados para tener un Rector que salga de las entrañas de nuestra institución”. Y lo dijimos porque había demasiada división y odio entre los empleados de la universidad; por tanto, “a un Rector de adentro no lo dejarán gobernar las distintas facciones que han surgido dentro de la universidad” porque lo considerarían del otro bando, sostuvimos entonces.

Abrigábamos la esperanza de que el rector venido de afuera dedicara parte de su labor a crear consensos para ayudar a sanar las heridas entre las distintas facciones surgidas en la universidad, después de la salida de Ramsés Vargas; lamentablemente, no sucedió eso con Mauricio Molinares. La impresión que deja es de aprovecharse de esas divisiones para gobernar; es decir, parece que que se ahorró la primera parte del famoso refrán popular: “Divide y reinarás”. Y los más perjudicados con esa actitud han sido quienes se han mantenido al margen de las disputas sindicales, aunque condenándolas de frente.

Las cifras de Molinares en Uniatónoma

Mauricio Molinares llegó a la Universidad Autónoma del Caribe a mediados de 2020: habían 6.777 estudantes de pregrado y 493 de posgrado; es decir, la institución educativa contaba con 7.270 matriculados. Esa cifra bajó dramáticamente a 5.212 en pregrado y a 479 en posgrado (¡5.691, en total!) al final de ese 2020.

Lea: Cada mes la U. Autónoma del Caribe suma 5 mil millones a su déficit

El decir general (tanto en la universidad, como en la ciudad) es que Mauricio Molinares fue puesto en el cargo por la clase política dominante en el departamento del Atlántico, aprovechando la injerencia directa del MEN en la institución. Eso no sería tan malo si los politiqueros se conformaran con hacer de la política lo que es su esencia: servir sin buscar el beneficio propio; no obstante, en Colombia (y, particularmente, en la costa Caribe) ese principio loable no se cumple.

De hecho, la administración de Molinares consiguió varios convenios con alcaldes del departamento del Atlántico, supone uno que bajo la batuta de la casta política que lo patrocina (si se acepta el decir general de que es apoyado por políticos de influencia). Nada criticable que se aumente considerablemente los convenios con las alcaldías para aumentar el número de estudiantes matriculados; gana la universidad y ganan los estudiantes patrocinados, en su mayoría, descendientes de familias humildes.

Sin embargo, es bien sabido que los politiqueros nuestros no dan puntadas sin dedal. Así como dan, quitan. Y la sensación general es que la Universidad Autónoma del Caribe ha quedado a merced de ellos. Veamos.

Lo cierto es que el semestre pasado (2022-02), la cifra de matriculados aumentó a 5.863 en pregrado y a 493 en posgrado: 6.356 estudiantes en total, si bien nada despreciable, todavía no alcanza a los que encontró Molinares cuando llegó a la Rectoría. 

Y para este semestre que inicia el próximo lunes 8 de agosto, la situación en matrículas es más dramática para no decir caótica. Apenas van 3.913 en pregrado y 313 en posgrado ¡4.226 en total!

Hay demoras en el pago de la nómina, como en los viejos tiempos de Ramsés Vargas. Hace unos cinco meses no se paga la seguridad social; y los trabajadores con morbilidad han perdido su viaje al centro de salud o al laboratorio clínico donde se hace sus exámenes de rutina: “usted aparece inactivo”, reciben como respuesta frustrante; entonces, vienen las súplicas a Talento Humano para que, por favor, los incluya en un plan alternativo de pago individual.

Lea: Otra vez, nubes grises en la Autónoma del Caribe: Serios atrasos en los pagos (mayo/21)

Lo obvio: sacar trabajadores

Ante un panorama aterrador, lo que podría ser más razonable es retirar empleados. No faltará quien diga “que se retire el rector, cuya gestión ha sido un fracaso evidente”. Y, en ese retiro de trabajadores, los políticos se frotan las manos: en la universidad solo se quedarán sus recomendados. Y también se alegran los dirigentes sindicales que alguna vez quisieron pescar en río revuelto y adueñarse de la universidad: presionarán para que retiren a quienes se les atravesaron en esos oscuros propósitos.

Insistimos en que, ante el panorama de cerrar una empresa y que se queden sin trabajo todos sus empleados, es mejor no cerrarla y que se queden algunos trabajadores; es decir, lo deseable sería que nadie pierda su trabajo, pero ante la alternativa de que ninguno quede sin empleo frente a que algunos salven sus contratos laborales, pareciera ser que la segunda es menos mala que la primera. También sobre esta dicotomía escribimos un artículo.

En ese entonces, decíamos que “debe hacerse un estudio ponderado y serio para establecer qué cargos se suprimen y cuáles continúan”; lamentablemente, eso no se cumplió. Imaginábamos un proceso de diálogo con los empleados: convencerlos de que aceptaran, por las buenas, una indemnización digna. No sucedió así. Fueron suspendidos 250 trabajadores. Y suspender es que siguen siendo empleados, pero no reciben sueldo.

Lea: U. Autónoma del Caribe despide 200 empleados de cargos hoy inexistentes

Fueron 250 familias que dejaron de recibir el sustento diario. Se presentaron casos dramáticos, dolorosos: la muerte del inolvidable compañero Juan Carlos Antequera por pena moral ante la impotencia de no poder asistir a su familia como corresponde. La interrupción de su propia vida por parte del recordado compañero Alexander Osorio, que padecía de trastornos siquiátricos y episodios depresivos, ahondados por la suspensión de su contrato laboral. A corte de febrero de 2022, aún quedaban 13 trabajadores suspendidos.

Hasta que la administración de Mauricio Molinares consiguió dinero para hacer lo que suponíamos harían desde un principio: negociar la salida. Y fueron llamando empleados para citarlos a la negociación. Se conocen casos de quienes se negaban asistir a la reunión, les llegaba, en consecuencia, el correo de la suspensión de sus contratos; es decir, o aceptaba el dinero ofrecido por indemnización o se quedaba sin su salario mensual de forma indefinida.

Los llamados a salir son docentes y empleados a quienes les faltan tres y hasta cinco años para su pensión: trabajadores que se han comido las verdes en todos estos años de insomnios por los malos manejos de administraciones corruptas del pasado; incluso, líderes que se expusieron a las represalias por haber tenido el coraje de convocar al cese de actividades que sacó de la rectoría a Ramsés Vargas; la valiente lucha de estos empleados, que salieron a exponer las razones de su lucha ante los medios de comunicación, no ha valido nada ante la administración de Mauricio Molinares; es como si los políticos, que también protegieron a Ramsés Vargas, les estuviera cobrando su osadía; o, tal vez, habría que salir de ellos para que no le hicieran a Mauricio Molinares lo mismo que le hicieron a Ramsés Vargas. Lo peor es que, por su edad cercana a la jubilación, difícilmente, podrán ser contratados en otras empresas.

Tienen en común esos empleados que no armaron sindicatos legales para protegerse con el fuero sindical, no tienen protección de la clase política del Atlántico, los estudiantes que presenciaron y apoyaron sus luchas por arrebatarles la universidad a los corruptos ahora están graduados, ya no están en la universidad para respaldarlos. Para rematar, los medios de comunicación que los llamaban durante el cese de actividades, ahora están ocupados con otros asuntos. Y, al inmenso dolor de su soledad y del llamado a calificar servicios antes de tiempo, deben sumar que quienes hoy los despiden no movieron una sola hoja para proteger a la Universidad Autónoma del Caribe en su peor momento: llegaron después de la lucha tenaz a dictar cátedra sobre quiénes deben irse y quiénes deben quedarse.

¿Y los sindicatos?

En la dura época de Ramsés Vargas, había un sindicato (Sintrauac) con una dura disputa interna entre sus dirigentes, lo que le había hecho perder credibilidad entre sus afiliados. Cuando desde la facultad de Ciencias Sociales y Humanas se lideró el cese de actividades, los líderes de esas protestas no pertenecían a sindicato alguno, pero, temiendo duras represalias de la administración de entonces, se afiliaron a Sintrauac para tratar de protegerse. Esto ayudó a que muchos otros empleados hicieran lo mismo y este sindicato se fortaleció.

Al tercer o cuarto día de las protestas, los dirigentes de Sintrauac, hábilmente, se apoderaron del movimiento y terminaron ellos negociando la salida: tres de sus más altos directivos terminaron metidos en el máximo órgano de gobierno de la universidad. Y una vez allí, se aliaron con los pares de Ramsés Vargas e hicieron mayoría. Llegaron, incluso, a reformar los estatutos para su conveniencia. Otra vez, quienes desde Ciencias Sociales y Humanas lideraron, inicialmente, las protestas contra Ramsés Vargas, ahora les tocó luchar contra este nuevo asalto, promovido desde las celdas donde estaban el ex rector y sus aliados. Y esos empleados que  lideraron esa dura dos duras batallas (primero contra la administración de Ramsés Vargas y, después, contra sus nuevos aliados) hoy están fuera de la universidad porque fueron llamados a firmar la salida “voluntaria”.

La otra parte de la dirigencia de Sintrauac se unió a esta nueva lucha, afortunadamente. Y se logró que el MEN sacara del máximo órgano de gobierno a los nuevos asaltadores: ellos crearon, entonces, un nuevo sindicato para evitar ser retirados de la universidad. Y, en ese contexto, Mauricio Molinares fue nombrado rector. Nacieron tres sindicatos más, cuya finalidad es proteger a sus dirigentes con el fuero sindical.

Hay un extraño silencio de los nuevos sindicatos frente a las acciones de Mauricio Molinares. En los desolados pasillos de la universidad, se habla de una disputa de los sindicatos recientes contra Sintrauac, que sí ha sentado su voz de protesta hacia la actual administración: tratan de quitarles afiliados para que deje de ser el sindicato mayoritario. En el Primer Diálogo Regional del Caribe, promovido por el electo presidente de la república, Gustavo Petro, la presidenta de Sintrauac, Nataly Álvarez, hizo una valiente y plausible presentación sobre la actual triste etapa que afronta nuestra universidad.

“Tenemos, en estos momentos, una planta de personal de 600 trabajadores. Ellos se encuentran desafiliados de la seguridad social, como si no tuvieran empleador. Y muchos están corriendo al Sisbén, al régimen subsidiado”, denunció Nataly Álvarez durante su intervención.Hemos sentido que el MEN ha sido cómplice del desfalco de esta universidad”, manifestó. “La intervención (por parte del MEN) se dio en 2018, pero, a la fecha, la  crisis de la universidad es aún peor. Esta comunidad universitaria, hoy se siente desatendida por parte del MEN. El gobierno nacional no ha hecho lo correspondiente a las medidas preventivas legales de inspección y vigilancia”, agregó Nataly Álvarez en su presentación.

Conclusiones

Es necesario que se haga justicia, no solo contra quienes han desfalcado a la universidad (hoy en libertad por vencimientos de términos), sino también a favor de quienes han sido sacrificados como carnes de cañón por no tener las simpatías de los sindicatos adeptos a la actual administración, ni la protección de los políticos influyentes del Atlántico; además, el rector Mauricio Molinares debería hacer un acto de contrición y analizar, con cabeza fría, los resultados de su gestión para proceder dignamente de acuerdo a ese análisis sincero. Es posible que vea que, lejos de detener la crisis, lo que sucedió fue que se ahondó.

Ojalá las, a veces necesarias, alianzas de Gustavo Petro, presidente electo, con representantes de la clase política tradicional, no termine cobijando el apoyo al desastre que se evidencia en la administración de Mauricio Molinares en la insigne Universidad Autónoma del Caribe. Y designe a funcionarios del MEN que, de verdad, cumplan su deber constitucional de garantizarle a la sociedad el buen funcionamiento de las instituciones de educación superior, especialmente, las privadas intervenidas por el estado. En todo caso, los empleados de la Universidad Autónoma del Caribe, verdaderos dolientes de esta institución (sobre todo, los que llevan más de 15 años sudando la camiseta por ella, incluso, ahora desde afuera porque algunos fueron  constreñidos a firmar su salida “voluntaria”) esperan que la presidencia de Gustavo Petro traiga, por fin, la merecida tranquilidad a esta comunidad académica.

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