El Observatorio de la Universidad Colombiana




Extremismos y apasionamientos en contra y a favor de la Sergio Arboleda

Sept 3/20 Una crítica, más política que académica, de Salomón Kalmanovitz a esta Universidad y la respuesta de un egresado de esa IES, reflejan la polarización del país.

Ser el alma máter del presidente de la República, Iván Duque Márquez, y universidad y escenario de trabajo de varios de los altos funcionarios del gobierno nacional, ha servido de motivo para la crítica de quienes no comparten su ideología de derecha.

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¿La Sergio navegaba en la mediocridad?

El reconocido economista, formado en el exterior, y exdecano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Salomón Kalmanovitz, criticó duramente a la Sergio Arboleda en una columna del diario El Espectador, en la que escribió que:
Sergio Arboleda fue un hacendado esclavista caucano que defendió con las armas la institución de la que dependía su riqueza. Según Mateo Mina, “en 1846 el hermano de Sergio, Julio Arboleda, temoroso del clima de revueltas de los negros eslavizados en Colombia y buscando mantener el «patrimonio» familiar, vendió en el Perú a 99 adultos y 113 niños… por 31.410 pesos de la época”.

Haber escogido el nombre de un político esclavista para identificar una universidad de corte confesional no debe sorprender: a sus fundadores les parece natural la sumisión de unas personas a otras, incluyendo ser propiedad privada de ellas. La Universidad Sergio Arboleda fue fundada a principios de la década de 1980 por Álvaro Gómez y Rodrigo Noguera; este último fue su primer rector, guiado por una filosofía cristiana y humanista, según reza su brochure.

A pesar de contar con unos recursos abundantes y cobrar matrículas costosas, por ejemplo, la matrícula en Derecho se aproxima a los $10 millones por semestre, la Sergio había mantenido un bajo perfil. Sus profesores no se distinguen por sus investigaciones ni por sus publicaciones y sus estudiantes son reclutados con pocos requisitos académicos. No es una universidad muy selectiva: su tasa de aceptación es de 60 %, mientras que la de la Nacional es de 8 %. El partido conservador ofrece becas a sus jóvenes militantes, quienes no necesitan esforzarse mucho para que se les otorgue un título.

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La Sergio navegaba en la mediocridad hasta que un egresado ambicioso de Derecho, de nombre Iván Duque, logró afiliarse al semillero de Juan Manuel Santos para que le consiguiera puesto en el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington en su departamento de relaciones públicas. Allí vegetó durante varios años. Cuando Santos nombró ministro a uno de sus colegas, Duque entendió que con Santos no tenía futuro; optó entonces por hacerle traducciones y favores a Álvaro Uribe, quien lo incluyó en su lista para Senado, ganándose su confianza como fiel servidor, para eventualmente ungirlo como candidato a la Presidencia de la República.

A partir del momento en que su egresado fue elegido presidente bajo la égida del presidente perpetuo, la Sergio encontró su buena estrella. Un compañero de clase de Duque, Francisco Barbosa, fue elegido fiscal general sin contar con conocimiento alguno en derecho penal y menos en criminología. Ensoberbecido con su nombramiento mostró su desprecio por el comportamiento probo, pero a los amigos todo se les perdona y el hombre, después de algunos regaños, se tornó discreto. Miguel Ceballos estuvo al servicio del uribismo entre 2002 y 2010, para pasar a la decanatura de Ciencia Política de la Sergio hasta el 2018, para pasar a ser alto comisionado de Paz. Ha perseguido a ateos en una de sus cartillas, mientras que su labor por la paz ha pasado desapercibida.

Ernesto Lucena también estudió Derecho en la Sergio, ha sido decano de la misma y fue atleta de alto rendimiento en squash, deporte en el que dos jugadores le pegan a una bolita de caucho con una raqueta contra una pared. Esa experiencia lo habilita para estrenar el Ministerio del Deporte. Cierra el círculo de egresados de la Sergio Carlos Camargo, quien se desempeñará como defensor del Pueblo raso, despues de haber pasado por la presidencia de la Federación Nacional de Departamentos. La puerta giratoria entre el Gobierno y la Sergio está bien aceitada.

¿Aportes de la Universidad?

El abogado, Santiago Alfredo Pérez Solano, egresado de la Universidad Sergio Arboleda, responde a Kalmanovitz en un tono similar:  Apasionado y político. En el mismo espacio, el diario El Espectador, este defensor de la IES, dice:

Frente a la columna de Kalmanovitz, en lo que concierne a “Duque y la Universidad Sergio Arboleda”, me dijo un compañero sergista, parafraseando a Winston Spencer Churchill: “Si te detienes en el camino a tirarle piedras a cada perro que te ladra, nunca llegarás a tu destino”.

No obstante lo anterior, en el camino, a veces nos toca detenernos no para lanzar una piedra, pero sí, para darle un garrotazo a ciertos “perros” de raza violenta, agresiva, que salen a causar daño y a alterar la paz de los transeúntes.

El escrito de Kalmanovitz, además de vil, deleznable y falaz, no deja de ser sino una apología al resentimiento, al odio y a la lucha de clases.

Vilipendia a don Sergio Arboleda por ser un “hacendado esclavista caucano que defendió con las armas la institución de la que dependía su riqueza”. ¡Por Dios! El señor Kalmanovitz, quien se precia de ser economista e historiador, desconoce acaso que la esclavitud fue un sistema económico imperante durante siglos, hoy superado, claro está.

Esclavos, tuvieron todos. El Libertador, por ejemplo, en la Hacienda San Mateo, fue criado por una esclava, la negra Hipólita. El padre de Bolívar, el coronel Juan Vicente Bolívar, fungió como alto oficial del Ejército realista. El Hombre de las Leyes, Francisco De Paula Santander, en su hacienda en Villa del Rosario en Cúcuta, también los tuvo. Hasta el país de la libertad y la democracia no fue ajeno a tal sistema económico. Sin embargo, lo anterior no es óbice para desconocer la obra humanista de Sergio y Julio Arboleda y Pombo.

Es inaceptable, como improbable, que don Sergio Arboleda fuera un defensor de la esclavitud, al menos, en su obra “La República en la América española”, no existe un solo vestigio de la bajeza afirmada por Kalmanovitz. En cambio, en la personalidad de don Sergio Arboleda sí existen fundamentos irrefutables que lo caracterizaron como un gran conservador, un católico consagrado y un gran humanista e historiador, razón por la cual, nuestra alma mater, con honor, lleva el nombre de tan ilustre colombiano.

Ahora bien, si hay algo que caracteriza a la Universidad Sergio Arboleda es su total arraigo a la moral y a las buenas costumbres, fundada bajo unos principios cristiano-católicos, donde el eje central de toda su filosofía de vida es Cristo, como piedra angular, y el ser humano como reflejo de aquel, razón por la cual, para nosotros los egresados, el respeto a los derechos humanos es nuestra premisa mayor.

En su amarga frustración y su odio visceral, enfrenta Kalmanovitz, con cifras “chimbas”, en palabras de un exvicepresidente, a dos universidades: la Nacional y la Sergio Arboleda, desconociendo que el fundador y primer rector de esta última, nuestro maestro, Dr. Rodrigo Noguera Laborde, fue decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional, profesor durante 49 años de la Universidad Javeriana, profesor de la Universidad del Rosario, fundador de la Facultad de Filosofía de la Universidad La Gran Colombia, entre muchos méritos.

En la Sergio, nos enseñaron latín, gramática española, cultura colombiana, cuyo profesor era nada más y nada menos que el Dr. Álvaro Gómez Hurtado, Historia de la Civilización Occidental, Cultura Religiosa, etc., El Quijote de la Mancha y el diccionario, eran dos obras de consulta obligatoria, porque para sus fundadores, el abogado sergista debía pensar, hablar y escribir a la perfección, debía ser un hombre universal. Ni hablar de las clases de Obligaciones con el maestro Raymundo Emiliani Román.

Desconoce Kalmanovitz que nuestra alma mater, en materia de investigación, le dejó al mundo del derecho un legado insuperable: “Elementos de Filosofía del Derecho”, escrito por nuestro fundador y primer rector, la cual ha sido apreciada en el viejo continente como obra insigne, un curso de obligaciones, escrito por quien más supo del tema en el país, el Dr. Raymundo Emiliani Román, sin contar que, la misma Universidad Sergio Arboleda, desarrolló el satélite Libertad 1, lanzado al espacio desde el Cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, logrando algo inédito para el país en ese momento, 17 de abril de 2007: llevar el nombre de Colombia al espacio desconocido.

La verdad, yo jamás he perdido el tiempo leyendo a Kalmanovitz; prefiero a economistas serios y bien documentados, como Daron Acemoglu o James A. Robinson, profesores de economía de Harvard y el MIT, porque exponentes como Salomón, además de contaminar el mundo de las letras con sus vetustos pensamientos de izquierda fenecida, engañan a las mentes débiles con su falsa información y sus cifras inexactas, lo cual, para mí es completamente deplorable.

Nos trata de mediocres. Lo invito a que averigue las entidades para las que he trabajado, quiénes han sido mis superiores, entre los que han estado magistrados de altas cortes, jueces, procuradores judiciales, ministros, entre otros, gente conspicua, integérrima, y pregúnteles cómo ha sido mi labor profesional; lo invito, señor Kalmanovitz, a que me acompañe a una audiencia pública para que, con sus propios ojos, observe qué es lo que nos enseñan en la Universidad Sergio Arboleda, y cómo nosotros, sus egresados, llevamos con dignidad y honor el nombre de nuestra alma mater.

Trata al señor presidente, Iván Duque Márquez, con poca deferencia, tildándolo de ambicioso, como si la ambición por servir al país fuera un pecado. Se le olvida que esa misma ambición también la tuvieron hombres ilustres como Julio Arboleda, Alfonso López Pumarejo, Mariano Ospina Pérez, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Guillermo León Valencia, entre otros.

Confunde y reinarás, la máxima de los mediocres. Confundir es lo que pretende Salomón Kalmanovitz al tratar de dar a entender que esa alta dignidad de servicio a la patria se la ganó el señor presidente en una piñata, haciéndole “traducciones o favores”, como él mismo lo afirma, al expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Dice mi padre: “Algo tiene el agua desde que la bendicen”. Pues, algo magnánimo y extraordinario tendrá Iván Duque Márquez, desde el momento en que el hombre más grande que ha parido esta patria, Álvaro Uribe Vélez, se fijó en él. Entonces, no descalifique, señor Kalmanovitz, no sea envidioso y resentido, no confunda, no desinforme.

La Universidad Sergio Arboleda no es ninguna aparecida en este país, tiene mérito propio, por la sencilla razón que, su fundador, no fue ningún mequetrefe con ínfulas de intelectual como usted; Rodrigo Noguera Laborde sí fue un maestro, un verdadero intelectual, un hombre universal, un escritor en todo el sentido de la palabra, no un comerciante de pasquines baratos con títulos económicos como usted. ¡Respete!

De igual manera, no sea mentiroso, señor Kalmanovitz, no siempre hay que ser adinerado para ingresar a la universidad a la que hoy salgo en defensa, pues, soy de los muchos privilegiados a los que la Universidad Sergio Arboleda no les cobró sus estudios, porque alcancé a estudiar casi que la mitad de mi carrera con una beca que me donó Rodrigo Noguera Laborde, razón por la cual, mi enorme gratitud y mi gran compromiso por llevar siempre en alto el nombre de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá.

En nombre de la Universidad Sergio Arboleda, en nombre de la memoria del maestro Rodrigo Noguera Laborde, exijo respeto y responsabilidad cuando pretendan dirigirse u opinar sobre nosotros, la comunidad Sergista.

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