La estrategia que inocentemente “compraron” delegados del Gobierno y que evitó elegir a Múnera

Abril 1/24 El dicho de “más sabe el diablo por viejo que por diablo” le ganó la pugna al “poder de las mayorías y del gobierno” en la polémica elección de rector de la Universidad Nacional de Colombia.

No paran las críticas, defensas y análisis en torno de por qué si había ganado mayoritariamente la consulta estamentaria y contaba con el apoyo del gobierno nacional, el profesor Leopoldo Múnera no fue escogido por el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Colombia como rector para el periodo 2024-2027.

En cambio, el nuevo rector es el exvicerrector de sede José Ismael Peña Reyes.

En principio, la designación no tiene (aunque algunos lo añoran) vicios de legalidad, y responde a la autonomía que la ley y la Constitución le da a la Universidad para designar sus autoridades. 

Lea: Del porqué genera tanta molestia la elección de rector de la Universidad Nacional de Colombia

Las críticas no apuntan al nombre de Peña Reyes, sino a la forma como actuó el Consejo Superior.

Tal y como lo advirtió El Observatorio de la Universidad Colombiana, el panorama de las elecciones en las universidades Nacional de Colombia y de Antioquia iban a dejar heridas institucionales, y eso es lo que está pasando.

En la Nacional de Colombia hay de todo, menos consenso.

Por un lado Múnera se declara en “desobediencia civil pacífica” en la posibilidad de que su idea se una a la del presidente Petro de hacer una constituyente, para que en medio del ambiente alborotado se logre una reforma a los mecanismos de elección de rector de la Ley 30 de 1992, para que los consejos superiores acojan los resultados de las consultas. El mismo Múnera ya había perdido, en situaciones parecidas, una elección, ante Ignacio Mantilla Prada, en 2012.

Por otro, el representante de los docentes en el CSU, Diego A. Torres, denuncia amenazas en su contra y perdió el respaldo de una importante parte de los profesores de la Universidad.

La representante de los estudiantes, Sara Jiménez, quedó confundida con su actuación, aparentemente de buena fe, pero que fue determinante para que los ganadores llegaran a los cinco votos a favor del nuevo rector Peña Reyes. Ha sufrido tantos ataques que anunció su renuncia al Consejo Superior.

Y de por medio, críticos y defensores del proceso replican columnas de opinión de quienes comparten sus posiciones, al tiempo que se escuchan voces que invitan al paro. 

Por un lado, Rodrigo Uprimny cuestiona la elección, y por otro el exvicerrector y excandidato a la Rectoría, Jorge Hernan Cárdenas, defiende la autonomía del Consejo Superior para elegir. y por el columnista de El Espectador, Daniel Mera Villamizar, quien señala que “Elegir rector por voto directo no es buena democracia universitaria”.

Mientras que los consejeros que votaron por Peña Reyes emiten su propio comunicado, replican la carta de los exaspirantes Sastre, Duque y Castaño, que respaldan la elección, y defienden su actuar (como Torres), así como el editorial de El Tiempo respaldando la decisión a favor de la paz institucional, los críticos replican entrevistas con Múnera, o la denuncia detallada que hizo, la Revista Raya, de cómo se dio el proceso de elección, o el análisis de investigadores como Jorge Mantilla

La polémica teoría de juegos que determinó la elección

De entrada, la sesión secreta y el pacto por no revelar quién votó por quién genera un ambiente molesto, por tratarse  de la elección de rector de una universidad pública de parte de consejeros que, a su vez, defienden los intereses de sus comunidades. Para muchos, esto no debería ser siquiera una opción.

Y luego causa extrañeza, y muchas preguntas, el por qué -incluso en su autonomía- el Consejo Superior decidió cambiar el voto directo nominal por un mecanismo, al parecer propuesto por el representante de los exrectores Ignacio Mantilla (respaldado en su actuar el Consejo Superior por el exrector Moisés Wasserman) según el cual hábilmente permitía descalificar al candidato con más opciones; es decir, a Múnera.

El propio Mantilla ya había explicado su hipótesis en un escrito suyo de mayo de 2021 en El Espectador (foto) y en el que se afilia a la teoría del matemático, físico, politólogo, marino y caballero francés Jean Charles de Borda, luego identificada como Teoría de Juegos y que, en palabras de Mantilla “es muy interesante porque reemplaza el mecanismo de votar por un solo candidato y permite así elegir a un candidato que no necesariamente tiene el apoyo mayoritario, pero que no tiene una imagen especialmente negativa”. 

Dicha teoría funciona para eliminar de la competencia al favorito y al menos favorito y, hábilmente, terminar escogiendo a un segundo o tercero en contienda, que, ante la posibilidad de competir contra el voto en blanco, terminaría ganando fácilmente.

Y eso fue lo que pasó. Mantilla y los consejeros que finalmente votaron por José Ismael Peña Reyes lograron derrotar en las elecciones previas a los tres voceros del Gobierno: La ministra de Educación, y las dos jóvenes representantes del presidente Petro, quienes perdieron a la hora de escoger entre voto directo y no indirecto, como lo recomendaba la teoría propuesta por Mantilla.

De esta forma, la sabiduría matemática de Mantilla y su cancha como exrector logró afinar las mayorías, mientras que -entre la inocencia, el desconocimiento y la falta de experiencia de los tres votos del gobierno, más el de la representante de las estudiantes, llevaron al polémico desenlace. Aurora Vergara, Danna Nataly Garzón, María Alejandra Rojas y Sara Jiménez, sin querer queriendo, terminaron enterrando la aspiración de Múnera.

Tal vez por ello la expresión del consejero por parte de los profesores Diego Torres, quien en su explicación de su voto, dijo que “exhortamos al gobierno nacional a que reconsidere sus posturas frente a la independencia de los consejos superiores universitarios, y a nombrar como sus representantes a consejeros y consejeras con experiencia académica y administrativa como se ha hecho en el pasado, que entiendan el valor de la preservación de la academia, de la defensa de la autonomía universitaria, y que aporten verdaderamente a nuestras instituciones para que estas crezcan en sus áreas misionales, para alcanzar y mantener la excelencia”.

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